El ardor: yendo del Amazonas a Cannes

El cine de Pablo Fendrik se viste de gala en La Croisette con el estreno de El ardor, su tercera y más ambiciosa película a la fecha. Juan Pablo Gugliotta, uno de sus productores, habla de los desafíos de este cambio, del rol de Gael García Bernal (protagonista y productor) y del regreso a lo grande del cine argentino al festival de festivales: “Es indudable que hay un giro hacia propuestas un tanto más ambiciosas en su inminente recorrido internacional y con expectativa de taquilla local”.

Expectante y tal vez algo ansioso por cierta demora del Festival de Cannes en anunciar lo que ya sabían –que El ardor tendría su estreno en una de las funciones especiales de la Selección Oficial–, Juan Pablo Gugliotta accedió a enviarnos sus respuestas recién cuando el anuncio fue hecho. “Es por una cuestión de cábala”, se excusaba uno de los socios de Magma Cine junto a Nathalia Videla Peña, horas antes de que la alegría se hiciera oficial.

Producida por las locales Magma, Telefe y Aleph Media, además de las internacionales Participant Media (Estados Unidos), Canana (México), Bananeira Filmes (Brasil) y Manny Films (Francia), El ardor fue desarrollada a lo largo de más de cinco años y espera estrenarse localmente (y en varios territorios más) en algún momento de este año, luego de su paso por Cannes.

Pablo Fendrik venía de hacer un cine, si se quiere, “de nicho”, y ahora da un salto enorme con esta producción filmada en el Amazonas, con un mayor presupuesto y apoyo de empresas como Telefe, y con los protagónicos de Gael García Bernal y Alice Braga. ¿Cómo fue que se dio semejante cambio y qué implicó a la hora de producir la película? 

El cambio fue plenamente buscado; después de El asaltante y La sangre brota siempre quisimos buscar un proyecto ambicioso que nos permitiera pegar un salto. Producirla es todo un desafío, en términos de expectativas, responsabilidad y control financiero, y sobre todo en lo que refiere a mantener la comunicación y el buen entendimiento entre todos los socios involucrados de varios países diferentes. En todo esto siempre me ayuda mi socia Nathalia Videla. 

Fendrik ya estuvo con El asaltante (2007) y La sangre brota (2008) en la Semana de la Crítica. Seis años más tarde, llega a la Selección Oficial. ¿Sentís que Cannes de alguna manera se propone acompañar y hacer crecer la carrera de los directores que “apadrinó” desde el vamos?

Creo que eso es relativo. Por un lado hay algunos casos en los que es muy factible que la lealtad de los programadores les juegue a favor; eso lo notás apenas analizás sus trayectorias y su cine. Pero también hay casos de directores que presentaron sus óperas primas o segundas películas en las secciones paralelas y luego no tuvieron el ok de la Selección Oficial en sus siguientes proyectos.

 A dos años de aquella enigmática frase de Thierry Frémaux acerca del “suicidio del cine argentino”, el cine local vuelve a ser protagonista en Cannes con películas que, precisamente, apuntan a un festival como este, pero también a la gran taquilla (las producciones de Damián Szifrón, Fendrik –e incluso podríamos agregar la de Lisandro Alonso– son las más “grandes” de sus carreras, y a la vez tienen una mayor proyección internacional). ¿Creés que cambió el paradigma de lo que Cannes busca y espera del cine argentino?

Puede ser un poco temprano para asegurar algo así. Si estudiás la selección del año pasado, en cuanto al cine latinoamericano te encontrás con películas como Heli (de Amat Escalante, México) o La jaula de oro (Diego Quemada-Díez, ídem), que posiblemente estén más cerca de lo que mencionás como cine de nicho… Sin embargo, es indudable que este año hay un giro hacia propuestas un tanto más ambiciosas en su inminente recorrido internacional y con expectativa de taquilla local. Pero creo que tenemos que esperar al menos un par de años para hablar de un nuevo paradigma.

Retomando lo anterior: todavía son pocas, pero cada vez son más las películas argentinas que ostentan una impronta internacional y a la vez industrial, e incluso están protagonizadas por estrellas internacionales. A nivel producción, ¿a qué creés que obedece ese cambio?

Argentina está pasando por un gran momento cinematográfico y audiovisual; tenemos una industria plena y heterogénea, se produce cada vez más y en todo el país. Se atraviesan todas las miradas y las generaciones. Hay de todo y para todos. Estoy convencido de que ese cambio se debe fundamentalmente a las políticas de fomento del Estado nacional. 

¿Cuál fue el presupuesto de El ardor? O, en todo caso, ¿cuántas veces más cara fue que El asaltante o La sangre brota?

Mucho más cara, pero es injusto e imparcial compararlas en términos de presupuesto. Lo más importante es que las tres llevan la energía y la marca del cine de Pablo, y es verdaderamente un honor acompañarlo en su camino.

¿Cómo surgió y en qué consiste la participación como productor de García Bernal?

Yo conocí a Gael cuando fui asistente de producción en Diarios de motocicleta, doce años atrás… Nos reencontramos justamente en Cannes en 2007, cuando presentamos El asaltante. Ahí se conoció con Fendrik, vio la película, le gustó mucho, y siempre mantuvimos contacto. Es un player fundamental en la producción, te diría que el motor principal de todo el armado financiero y estratégico de cara a festivales y distribución internacional. Además es un gran compañero y un actor impresionante.

¿Qué beneficios esperan que les traiga el paso por Cannes, más allá del “capital simbólico”, en cuanto a venta de territorios y repercusión en salas locales? ¿Cuáles son las expectativas?

La principal expectativa es medir la película en una sala llena de público. Con el paso del tiempo fui aprendiendo que, si en una sala de cine el espectador disfruta de la película, es una buena señal, independientemente del país y del momento en los que te encuentres. El público siempre es claro y concreto.