El corazón de las tinieblas

Ti West realiza una nueva apuesta por mantener al cine de terror con vida.

Ti West es una de las grandes esperanzas del cine de terror. Basta recorrer su filmografía para dar cuenta de esto. Desde su debut con The Roost (2005), verdadera muestra de cine grindcore, seguida por la extraña y paranoica Trigger Man (2007), pasando por la maravillosa muestra de horror inspirada en el cine de los setenta (algún crítico habló de slow-horror) que es The House of the Devil (2009), hasta la relectura del típico cuento de fantasmas en The Inkeepers (2011), su carrera parece un recorrido por la historia del género y un ejemplo de cómo todavía se puede volver sobre él y crear obras originales. En el medio, también hay que decirlo, está una muy fallida segunda parte de Cabin Fever (2009), saboteada por problemas de producción y esas cosas que suelen ocurrir, y algunos cortometrajes, entre ellos, uno para la tan despareja como desquiciada The ABCs of Death (2012) y otro para la primera entrega de Las crónicas del miedo / VHS (2012).

Pero Ti West no está solo en esta cruzada por mantener al cine de terror –valga la paradoja– con vida. West forma parte de un grupo de amigos y colegas dentro del cual podríamos nombrar a los directores y guionistas Adam Wingard (A Horrible Way to Die, You’re Next) y Glenn McQuaid (I Sell the Dead); al guionista Simon Barrett; a los actores Joe Swanberg (sí, en su faceta actoral), A. J. Bowen, Kate Lyn Sheil y Amy Seimetz; y al productor Peter Phok, entre varios otros. Todos estos directores, guionistas, actores y productores forman una especie de comunidad informal en la que cada uno de ellos suele colaborar en la película del otro. Establecer las conexiones y relaciones entre todos estos nombres y las películas en las que participan daría como resultado un posible mapa, de los tantos que conforman el cine independiente norteamericano actual.

The Sacramentrecurre al falso documental para contar la historia de un grupo de periodistas de la revista Vice, quienes viajan a un país latinoamericano para realizar un documental en busca de los secretos de una secta, comandada por un particular patriarca que se hace llamar “The Father”, y a la cual pertenece la hermana de uno de los protagonistas. Las cosas, ya lo sabemos, no serán lo que parecen, y las ondas de amor y paz se transformarán en algo oscuro y perturbador. Basándose muy libremente en la historia de Jim Jones y la masacre de Guyana, West vuelve a demostrar su sabiduría y paciencia a la hora de contar y desarrollar una historia, aunque esta vez, quizás por la forma elegida, quizás por ciertos recursos narrativos ya demasiado vistos o predecibles, la película termina, si no desilusionando, al menos dejándonos con la idea de que pudo habernos llevado un poco más al corazón de las tinieblas.

La película compite en la sección Género y Vanguardia, competencia sobre la cual escribimos el año pasado, cuando la que resultó ganadora fue Arraianos (notable película del gallego Eloy Enciso), representante del sector Vanguardia. Si bien ya sabemos lo que suele ocurrir con el terror (y, de paso, también con la comedia) en los festivales a la hora de repartir sus palmarés, esperemos que, al menos por esta vez, los premios vayan para el lado del género. Desde acá, al igual que las víctimas de The Sacrament, lo último que perdemos es la fe, aunque estemos equivocados.

MA 8, 23.30, V. Recoleta; VI 11, 20.50, V. Caballito; DO 13, 01.00, V. Caballito