El desencanto

La parte automática, ópera prima de Ivo Aichenbaum, es un diario audiovisual de un joven director que viaja por primera vez a Israel para reencontrar su identidad judía, pero también para ver a su padre. Haciendo Cine habló con el realizador, quien estará estrenando su segunda película, Cabeza de ratón, durante el mes de agosto.

¿Cómo te surgió la necesidad de hacer este documental?

Al haber sido mi primer película, el proceso tuvo algo muy iniciático. Había visto Mi vida después, de Lola Arias, y participado en algunos proyectos de teatro biográfico y arte contemporáneo; ese fue el contexto en el que surgió la película. Sentía una inquietud enorme por explorar y darle una imagen a la sensibilidad política que atraviesa mi historia, y cómo eso me identifica en el presente. Haber sido concebido en plena guerrilla sandinista es un dato biográfico bastante extraño, y necesitaba empezar a acomodar esas ideas. Hacer esta película fue la respuesta a esa necesidad, que encarna un poco la contradicción de quienes tenemos un recuerdo inconsciente del mundo previo a la caída del muro, como un trauma de infancia en el que colisionan conciencia política y cultura de consumo.

 

La película evita caer en lugares comunes sobre el Holocausto o los conflictos bélicos de Israel y se va rápidamente en busca de lo personal. ¿Era una decisión que tenías de antemano?

Yo tenía mucha curiosidad y poco prejuicio; es difícil opinar desde acá sobre asuntos tan duros, incluso de los más complejos y de difícil solución de la agenda política internacional. El que se condensa en la sociedad israelí es un choque económico y cultural tremendo. La decisión de hacer pie en las resonancias personales y contradicciones es la forma de abordar el asunto que me resultó más genuina. A lo largo de los siguientes diarios de viaje, mi pensamiento va cobrando otros matices con los que el espectador puede confrontarse, conservando igualmente una conciencia de la limitación de mi punto de vista. Hoy en día tengo una opinión más formada sobre el tema, y no por eso creo que la película deje de representarme con el paso de los años: cristaliza un momento de mi conciencia política en estado de pregunta. Lo poderoso de las narrativas del espacio biográfico es que, con verdades que se saben parciales y sobre todo sensibles, se pueden desmenuzar e incluso debilitar discursos más institucionales y funcionales a un status quo, o una lucha de intereses, que son puestos en circulación a fuerza de mucho dinero.

 

Tu otra película también es una especie de diario fílmico en primera persona. ¿Pensás seguir por el mismo camino o tenés intenciones de abrirte por otras historias?

Para mí hacer este tipo de diarios es una necesidad vital, no creo que deje de hacerlos. De hecho estoy trabajando en una próxima película que es una crónica de una investigación familiar sobre el supuesto derribamiento de un mural de Antonio Berni en manos de mi abuelo materno. Pero al mismo tiempo estoy escribiendo un guion de ficción en colaboración con el artista visual Gabriel Valansi, algo así como una ficción política sobre el peronismo y los noventa. En este momento estoy iniciando una productora de documentales de artistas visuales y cine ensayo, mediante la cual estoy asesorando a varios proyectos. La idea es fortalecer este tipo de producciones que abordan distintos aspectos de lo micro y lo macro político, la identidad cultural, de clase y de género, fundamentalmente.

 

¿Cómo fue el recorrido de la película y qué esperás de su estreno?

El hecho de hacer tres películas en tres años fue agotador, no contaba con una estructura fuerte como para encarar el financiamiento y la distribución. No me quedaba energía, y mi deseo por hacer películas era mayor al de esforzarme por mostrarlas. A veces escribir un proyecto para conseguir dinero lleva más esfuerzo que hacer la película en un esquema independiente basado en la filosofía “do it yourself” con mínimos recursos. El financiamiento industrial, el INCAA y aun el circuito de fondos internacionales, y ni hablar de las miserables becas de producción artística en artes visuales, son poco propicios para que proliferen este tipo de trabajos. Igualmente creo que, habiendo hecho tres películas de esta manera, puedo aprovechar ese recorrido para ayudar a otra gente y armar una estructura que permita darle un marco de fuerza y visibilidad. 

Particularmente La parte automática se exhibió en el Bafici de 2012 y en Lima Independiente. La mandé a muchos festivales por la vía “legal” pero, a pesar de que tuvo una muy buena recepción crética en su momento y de que estuvo programada en Cine del Futuro en Bafici, no circuló. Entendí luego que a las películas, por más que sean buenas, hay que empujarlas, y eso implica, entre otras cosas, conocer a la gente indicada. Yo pensaba que con los méritos de la película era suficiente, y sinceramente dije: “Bueno, será que no esta tan buena… Es mi primera película, voy a seguir trabajando". Mi segunda película, Cabeza de ratón, tuvo un recorrido más extenso, ganó un premio en Festifreak el año pasado, estuvo programada en el festival Márgenes y también en el Bafici de 2013. La idea para este año es estrenar las tres películas y comenzar a financiar mis próximos proyectos en una estructura propia. Ojalá este tipo de películas cobren visibilidad y relevancia en nuestro país; creo que por ahí se abre un horizonte interesante a cierta necesidad planteada por algunas voces críticas del NCA, acerca de la presencia, o más bien la ausencia, de lo político, más allá del remanido comodín del “todo es político” en el cine contemporáneo. Creo que estamos en una sociedad distinta de la del surgimiento del NCA, pero siento que las películas que se saben en un canon de cine-arte no terminan de asumirlo plenamente; hay claramente una necesidad en los espectadores de enfrentarse a voces ideologizadas y a la vez sensibles para confrontarse y reconocerse como alguien interpelado activamente en su contexto histórico. Ojalá mis películas estrenadas este año sean recibidas así.