El futuro perfecto

SA 26, 13.50, CIN

El puntapié inicial de El futuro perfecto tiene las tonalidades de un casting. En un plano frontal y algo aséptico, la adusta Xiaobin responde, en un español rudimentario, a una serie de preguntas (lanzadas en modulada voz en off, gentileza de Elisa Carricajo) relacionadas con su reciente llegada a Argentina. Porque nuestra expatriada heroína ha viajado desde China para probar suerte en estas pampas. En Buenos Aires, cuenta, se reencuentra con su familia, consigue trabajo en la fiambrería de un supermercado, conoce a un chico hindú que la corteja y le propone matrimonio. Hay que decir que ese comienzo, cercano al registro documental, es un truco estilístico que se sublima rápidamente para dar paso a la ficción, cuando parece acentuarse el desarrollo de esa línea argumental en la que Xiaobin experimenta algo parecido a un dilema existencial, porque intuye que sus padres no aprobarían nunca un matrimonio con alguien que no fuese chino. Sin dejar de lado varios momentos de humorismo, toda la peripecia está narrada con una marcada austeridad. Como si, por momentos, la posibilidad de ese futuro perfecto adquiriera las formas de un melodrama sustraído de sus condiciones más elementales: sin grandilocuencia en los diálogos, sin exaltación en las actuaciones, sin sobredimensionar la psicología de los personajes. Contenida en su decir, sobria en su gestualidad, la gesta expresiva de Xiaobin hay que rastrearla en los silencios.