El gran ausente

Artífice de una obra única y amada por el público local a lo largo de cuatro décadas, y a ya nueve años de su último estreno, su reciente reaparición pública evidenció como nunca la necesidad de una nueva película suya en las salas. A la espera de esto último, nos dimos el gusto de escucharlo hablar sobre las razones de su intermitencia productiva, de su aguda visión de la industria, de técnica y nuevas tecnologías, y hasta de su admiración por nombres como James Gray, Tony Scott y, también, Cristina.

Son pocos los cineastas que pueden hacer sentir su presencia incluso sin filmar ni estrenar, desde el silencio creativo más hermético. En el cine argentino tenemos a uno solo: es Adolfo Aristarain, el más importante de nuestros directores vivos. Pero resulta que Aristarain, con sesenta y nueve años y una ausencia de las pantallas que ya cuenta casi una década, no solo no se muestra rendido sino que exhibe el vigor y la vitalidad de los grandes maestros, esos cuya obra no se agota con el paso del tiempo; las funciones a sala llena en la retrospectiva del BAFICI son la prueba de la vigencia irreprochable de su cine. Aristarain habla de todo con pasión: producción, tecnología, formatos de exhibición, cine actual, hasta política. Va mucho al cine, lee mucho (en su escritorio estaba Historia del pueblo argentino, de Milcíades Peña, pero sobre el final también nos cuenta que lee esta revista todos los meses y hasta nos corrige sobre algo publicado en la edición de marzo: dice que La discoteca del amor no es su película preferida -o sea, que lee mucho pero además lo hace atentamente-) y está al tanto de las últimas novedades de la industria pero sigue defendiendo igual que siempre un cine de género fuerte y de proyección popular. A continuación pueden leer una extensa nota realizada por un cronista que, embargado por el respeto y la admiración, en ningún momento se atrevió a tutear al entrevistado.

 

¿Cómo ve el cine argentino actual?

Yo te hablo desde el punto de vista de producción, no tiene sentido hablar de la calidad del cine argentino, yo soy enemigo de separar el cine en nacionalidades, pertenecer a un país no te hace ni mejor ni peor narrador, eso en lo único que te incide en el cine es en los medios de producción que tengas. En todos los países, con excepción de Estados Unidos, todas las cinematografías dependen de subsidios, si no hay subsidio estatal el cine no existe. El mercado de cada país es muy chico y no alcanza a cubrir el costo de las películas que se hacen, y las ventas mundiales son mínimas o muy aisladas. Si conseguís armar una producción con España tenés España pero, si no hay coproducción, no, porque tampoco recibe subsidios el productor de allá. Entonces, los problemas que tenemos son de costos: el costo de un cine industrial, de nivel profesional, destinado a las salas y a un público masivo, es alto. Se hace muy complicado. Está mejorando, han aumentado subsidios, con lo cual podés llegar a cubrir la película con el subsidio, si achicás mucho y entra todo el mundo como asociado, pero tenés que meter unos trescientos mil espectadores solo para cubrir el costo. Se hace complicado porque tenés que buscar financistas, y es jodido porque ni siquiera podés garantizar la inversión, le tenés que pedir que ponga medio millón de dólares y con suerte, si metemos trescientos mil, lo recuperás, sin hablar de ganancia ni de costo financiero.

Y trescientos mil es un número muy difícil para una película argentina…

Sí, siempre han sido números dificilísimos, pero yo hasta ahora siempre los pude conseguir. Esa es la dificultad que veo: es más fácil para las películas más chicas, experimentales o de bajo presupuesto, que no apuntan a un público y van a muy pocas salas porque se defienden con el subsidio de medios electrónicos; por eso es que hay tanta producción. No está mal pero tampoco está bien, porque sigue la complicación de siempre: el presupuesto. Y teníamos el recurso de la coproducción con España, que nos ha salvado durante muchos años. Nosotros poníamos entre el 20 y el 40 por ciento del costo de producción, y el productor español no tenía problemas en poner lo que faltaba, podías hacer películas de un millón y medio, dos millones de dólares o euros, porque ellos recibían un millón de subsidio por lo que sería el INCAA de España (N. de la redacción: el ICAA) y otro millón por la venta a televisión abierta y a Canal Plus. Eso se fue a la mierda, bajó y está en un 20 por ciento, y la televisión española casi no compra nada. Pensar en una coproducción con España te sirve sólo para ver si podés estrenar allá, pero como ayuda financiera para armar una película ya prácticamente no la podés contar.

¿Y cómo se hace a partir de este cambio con ese recurso que era la coproducción española?

Eso, cómo se arregla, no sé. Porque no hay otro país de habla hispana que tenga un mercado como el que tenía España, y donde más o menos ya se habían acostumbrado a las películas argentinas; muchas películas nuestras eran éxitos muy grandes allá, eran un negocio. México, qué sé yo, ahí está muy raro el cine: nunca aportaron mucha guita porque el costo de las entradas es muy bajo. Y pará de contar: el resto de los países son así chiquitos, no pueden aportar gran cosa.

Si tuviera que fomentar estas películas industriales y de perfil más popular y pudiera elegir: ¿qué medidas tomaría para hacerlo?

Yo creo que el único sistema que hay es aumentar los subsidios, es decir, buscar todos los recaudos para que no trampeen. Pero no hay otra, no hay otra manera. Lo único que hace falta es eso.

El mes pasado el BAFICI le dedicó una retrospectiva. ¿Cómo le fue con eso?

En principio me alabó muchísimo que a (Javier, programador) Porta Fouz y a (Marcelo, director) Panozzo se les ocurriera. Ellos tenían dudas sobre si a mí me iba a importar: ¿cómo no me va a importar? Yo, encantado. Los que se la jugaron fueron ellos, porque la hicieron con un criterio muy serio, de hurgar y buscar y donde no había copias que realmente estuviera bien, hicieron nuevas, como con La playa del amor, La discotecadel amor y Últimos días de la víctima, y consiguieron una copia de La parte del león que nos quedamos todos mudos, una copia nueva que no se había pasado nunca y que la supervisó el director de fotografía, Horacio Maira. Así que no: maravilloso. Y yo estoy muy, muy contento, más en un festival donde hay cuatrocientas películas; pensaba: “¿y cuántos tipos vendrán a ver las mías, diez?”. Más cuando esas películas están por fuera de lo que se espera del BAFICI: cosas más experimentales, más locas. Y eran prácticamente a sala llena las funciones, al menos las del Village Recoleta. La respuesta de la gente era maravillosa, había mucha mezcla de edad, muchos pendejos que no habían nacido cuando esas películas se hicieron, y venían a agradecerte, a felicitarte. Es la prueba de que las películas no envejecieron, que tienen un ritmo y una manera de contar las historias que demuestran no ser viejas, funcionan igual que cuando se estrenaron.

¿Cómo se lleva con el HD? ¿Lo vio en pantalla grande? ¿Le gusta el digital?

Yo no me doy cuenta. A mí me da lo mismo: si el productor me dice “tenés que filmar en digital”, no es decisión mía, es decisión del director de fotografía. Si el tipo cree que con esto se logra una calidad similar al 35 mm (que sabemos que es el que tiene mejor definición) y le parece bien, no tengo problema. Yo no me doy cuenta, te digo, porque esa diferencia, que la hay, la podés apreciar en una sala con una proyección buenísima y tenés que ser un experto o un director de fotografía, es muy difícil darte cuenta. Cuando hablamos de técnica en el cine y de nuevas tecnologías, hay que tener siempre presente una vieja norma, por más que hayan mejorado un poco las salas: vos no podés hacer una película pensando en la sala de mezcla, porque ahí ves y suena todo maravilloso. Tenés que modificar ese sonido y a veces modificar las copias: por ejemplo, no hacerlas demasiado oscuras, levantarles un poco la luz porque hay que pensar en las salas de proyección, y esas salas no tienen la calidad de la sala de mezcla. Esto es de toda la vida, siempre se supo, pero hay muchos que lo dejan de lado y después ves películas donde no se entiende lo que están diciendo porque abusan de los graves, que suenan muy lindos en la mezcla, pero en la sala de cine suenan para el carajo. Entonces, el sonidista ya sabe que tiene que recortar muchísimo los graves, y si ves películas americanas te vas a dar cuenta porque el sonido de los diálogos es prácticamente metálico, y eso lo hacen porque también les pasa a ellos: no podés controlar la calidad de las salas, entonces tenés que cuidarte en las copias, no jugar con eso, aunque sea muy bonito el día que hacés la mezcla. Así que ya te digo, con el digital yo no me doy cuenta, es imposible darse cuenta por la calidad de las proyecciones.

Va mucho al cine. ¿Tiene algún director actual preferido, uno que siga?

Hay algunos. Me interesó mucho James Gray. No he visto todo de él, pero Dos amantes y Los dueños de la noche, sobre todo Dos amantes me parece una película excelente, y es muy pendejo, nació en el 69 o en el 70. Creo que es un tipo a seguir. Ahora hizo otra película que se llama El hombre gris, con Brad Pitt. Es muy interesante. Y después hay otros muy buenos. Los que vienen de Hollywood son muy desparejos. Está el caso de Ben Affleck: la primera película no estaba mal, era medio rebuscado el final pero estaba bien. También ahí tuvo problemas de cortes con los Weinstein, un quilombo. Pero TheTown, la del asalto al banco, es una película muy, muy bien hecha, y de repente te encontrás con Argo y decís: “¿qué es esto?”. No es que esté mal hecha, pero es una nada total, una película hueca, pelotuda, no tiene humor, no tiene suspenso, es propaganda de la CIA. ¿Qué carajo pasa acá? Todo el ruido que hicieron con el Oscar… no entendés un pomo. Después hay viejitos como Clint Eastwood que hace cosas maravillosas, que por ahí las historias no cierran demasiado bien, pero que las películas están muy, muy bien hechas. Gran Torino a mí me encanta. Y pocos más, no son muchos los tipos que uno sigue, generalmente vas porque tiene tal película, vas a ver qué pasa o porque viste algo que puede interesar.

De los que nombró hasta ahora, Eastwood y Affleck son dos representantes de un cine narrativo, de géneros fuertes. James Gray en Dos amantes ya está como en otra zona…

No, pero también es narrativo, lo que pasa es que es más original la historia, no va a una cosa tan segura, a que sea una historia agradable para el público, se mueve un poco más a contrapelo, pero sigue siendo una narración muy clásica. Está el inglés Joe Wright, que es otro que se va por las ramas, es realmente un virtuoso, sabe moverse muy bien, y creo que la mejor que ha hecho es la primera, Orgullo y prejuicio. La segundo era floja, la del músico también era flojona, y esta última, Ana Karenina, es como un experimento que te divierte, pero yo me olvidaba de la historia: te ponés a ver todos los truquitos que hay, que son lindísimos, esos bailecitos raros que hacen antes de decir “buen día”; es gracioso, pero te vas de la historia.

¿Le gusta Michael Mann?

Sí, hay algunas cosas suyas que me gustan mucho. Y me dio mucha pena que se muriera Tony Scott porque era un tipo que venía de ser un mero artesano, muy bueno, por ahí con un montaje demasiado rápido, pero que se estaba metiendo a contar historias que cerraban mucho mejor que las anteriores y que empezaban a ser muy originales.

Con el tiempo le fue ganando la pulseada a Ridley.

Totalmente, es mucho más interesante. Ridley es un profesional, es muy correcto y las hace muy bien las películas, y punto. No salís emocionado o asombrado después de ver una película de Ridley Scott. Es un producto, y Tony Scott estaba evadiéndose de hacer productos, estaba haciendo cosas muy personales, que en Hollywood es muy jodido.

¿Sigue la política argentina? ¿Cómo la ve?

Sí, sí, la sigo, cómo no la voy a seguir. Yo creo que es lamentable la oposición que tenemos. Es un circo en el cual a nadie se le cae una idea ni poniéndolo cabeza abajo, están emperrados en una pura negación de todo lo que haga el gobierno, entonces no hay crítica, hay una negación, es “no”. Y eso no es hacer oposición, eso es una pelotudez grande como una casa. Por otro lado, uno ve que el gobierno está haciendo cosas permanentemente, aunque unas te gusten más y otras menos; no paran de hacer cosas. El país ahora está un poco más frenado pero no ha parado de crecer, hace diez años que está creciendo. Yo estoy a favor de Cristina con todo, con defectos y virtudes. Espero que consigan modificar la Constitución y puedaser re-reelecta, porque realmente no hay nada en el panorama para que digas: “esto va a ser mejor”. Y si no es Cristina, verdaderamente no sé.