El hijo del referí

Una sola fuente de imagen y dos voces en off le bastan al rumano Corneliu Porumboiu para construir The Second Game, una película extraordinaria, en el sentido más amplio de la palabra.

Desde su debut con Bucarest 12:08 (2006), ganadora de la Cámara de Oro en el Festival de Cannes, el cine del rumano Corneliu Porumboiu parece concentrarse sobre cada vez menos elementos y ofrecer planteos que, a priori, parecen no pertenecer o no tener un correlato con el universo cinematográfico. (A pesar de que hoy todo puede transformarse en cine; he aquí uno de los problemas de este arte). Dicho de otra manera, sus guiones, reducidos a su mera trama, parecen imposibles de ser convertidos en cine. Y, sin embargo, el talento de su director logra crear, con esas ideas, grandes películas.

Esta vez, luego de Cae la noche en Bucarest (2013) –también en exhibición en esta edición del Bafici, y una película con la cual Second Game (2014) forma un extraño díptico–, Porumboiu lleva las cosas a un límite. La historia que cuenta Second Game es ni más ni menos que el encuentro realizado entre los equipos Steaua y Dinamo, ambos provenientes de Bucarest, en un muy nevado día de diciembre de 1988. Lo más particular del encuentro es que el referí de ese partido es un tal Adrian Porumboiu, padre del realizador. A partir de esta premisa, lo que vemos y escuchamos es el encuentro en su totalidad (90 minutos, sin entretiempo), grabado de una vieja transmisión televisiva y los diálogos (siempre en off) entre el padre y el hijo. A través de esta conversación, siempre pausada y dicha en un tono bajo (a diferencia de aquello a lo que nos tienen acostumbrados los comentaristas y locutores deportivos locales), vamos conociendo el trasfondo histórico, los avatares del partido y otros elementos que es preferible no revelar. Un padre que descree de la posibilidad de que todo esto se transforme en una película y un hijo que, como suele ocurrir, piensa lo contrario. Quizás las futuras decisiones estéticas de Corneliu Porumboiu se puedan rastrear hasta aquellos viejos partidos televisados y en la profesión de su padre.

Ese partido anodino, en el que en apariencia no pasa nada, encierra mucho más de lo que se puede ver en su superficie. Un poco como ocurre con el cine de Porumboiu hijo, quien, durante el transcurso de la película (y el partido), no duda en comentar: “¿No te parece que esto es como mis películas? Es muy lento y no pasan muchas cosas”.

SA 12, 19.20, V. Recoleta; DO 13, 21.10, V. Recoleta; DO 13, 23.20, V. Recoleta