El hombre con visión de rayos X

Luego de formar parte en 2016 de la Competencia Argentina del Festival de Cine de Mar del Plata, Los ganadores llega a los cines comerciales. Fiel a su estilo, Néstor Frenkel pone en escena un abanico de personajes para atesorar como cofres perdidos en el fondo del mar. A raíz del estreno charlamos con el director sobre su amor por el documental y el talento para descubrir mundos escondidos.

El cine de Néstor Frenkel es un muestrario de realidades inéditas. Sus películas están habitadas por personajes que en sus estilos de vida esconden una complejidad particular que el director se encarga de sacar a la luz. Puede ser una banda de rock experimental liderada por un baterista con síndrome de Down (Buscando a Reynols), los habitantes de Concepción relatando cómo el agua hizo desaparecer el lugar donde crecieron y a la vez les otorgó vida nueva (Construcción de una ciudad), un odontólogo que, entre muchos otros oficios y pasiones, tiene una carrera como director de Super 8 y busca hacer una remake de una de sus películas (Amateur), o la intimidad de un mago manco, el gran René Lavand, que repasa sus años de gloria (El gran simulador). Frenkel crea sus documentales partiendo de una inquietud y la expande mientras observa. Sabe reírse y no saca conclusiones, mientras transmite, y ahí está el rasgo fundamental de su cine, al espectador la especial fascinación que le despiertan los personajes que retrata.

En Los ganadores Frenkel descubre, a raíz de unos trofeos que le llaman la atención del protagonista de Amateur, que existe toda una comunidad, casi una industria secreta, de las entregas de premios. Se trata de galardones otorgados a programas de radio y TV de pequeña factura que les dan a sus conductores la oportunidad de tener su momento de gloria, su propio Oscar. Al igual que las grandes estrellas, ellos dan discursos, se los dedican a sus seres queridos y pueden tener su foto alzando un trofeo, aunque sea de madera barnizada y la fiesta se realice en una sociedad de fomento. Detrás de esa fauna, devela Los ganadores, hay un sistema que se retroalimenta; los premiados también pueden organizar sus propios eventos en lo que resulta un circuito cerrado que por momentos parece seguir la lógica de una secta pero que en realidad es una manera más de buscar la felicidad.

 

¿Cómo elegís los temas para tus documentales?

En general me acerco a lo que no termino de entender, a lo que me provoca algún tipo de ruido. Lo que me deja preguntándome cosas, sobre ese tema o persona, y fundamentalmente sobre mí mismo y la experiencia humana en general. Me interesan mucho más las particularidades que los logros, y me inclino por historias de las cuales se puedan desprender temas. En el caso de Los ganadores estos temas podrían ser la búsqueda de la felicidad, la necesidad de reconocimiento, el fetichismo con los objetos, el hecho de inscribirse en tradiciones, pero cada película es distinta. A veces no tengo muy en claro cuáles son los temas o las preguntas pero intuyo que ahí hay algo y ese algo me inquieta o me incomoda. Y hacer la película es ir en busca de esas preguntas.

 

Existen posturas muy diferentes acerca de tus anteriores películas. Se ha dicho tanto que buscan la burla como que son condescendientes con sus personajes.

Yo no creo ser condescendiente, ni tampoco hago una película para burlarme de nadie, pero el hecho de que aparezcan esas dos miradas extremas sobre mi trabajo puede tener que ver con que yo intento mezclar emociones para generar algo nuevo. Y también con el hecho de que siempre intento dejar un aire para que cada espectador haga sus propias asociaciones y su propio camino dentro de la película.

 

¿Cómo definís la relación de Los ganadores con sus protagonistas?

En Los ganadores aparece la mirada curiosa y dispuesta a sorprenderse, sin miedo a reírse pero intentando entender a los personajes, y compartir algo de sus emociones. Pero la risa no es un fin en sí mismo, uso cierto timing propio de la comedia pero lo fundamental es descubrir un mundo y retratar seres humanos. En la relación con los personajes en este caso me pasó algo bastante particular, que fue que en un principio todos se mostraban interesados en ser entrevistados, la presencia de una cámara los estimulaba y alegraba. Pero no logré sostener ese entusiasmo durante mucho tiempo, enseguida el proyecto les dejaba de interesar, o directamente no querían seguir avanzando con el rodaje. Así que la relación que se estableció podría definirse como epidérmica, un tanto reactiva a sostenerse en el tiempo y profundizar.

 

En Los ganadores, el humor está construido de una manera muy particular porque dejás que las imágenes hablen, sin remarcar la situación.

No me interesaba remarcar demasiado las aristas que pueden aparecer como humorísticas, sino, como bien decís vos, mostrarlas y dejarlas hablar, aunque tampoco voy a negar que en la elección de esas imágenes, en el ritmo del montaje, en la música y en cada corte o posición de cámara siempre hay una intención. La voz en off es bastante seca, casi no tiene momentos donde intente generar humor. Y el humor sucede, o no, en cada espectador. En las proyecciones en las que estuve hubo diversas reacciones. Algunos se reían en algún momento, otros en otras partes, hubo gente que la disfrutó mucho pero salió angustiada, y también hubo gente enojada.

 

En un punto, Los ganadores contiene dos películas que son capas que se superponen: primero una sobre la investigación del mundo de los premios y las dificultades de producir la película, y luego se centra en la pareja de Al compás de un tango y su camino hacia la noche en que entregan sus premios. ¿Cuál es tu búsqueda al incluir el proceso de producción dentro de la narración?

En un principio no estaba contemplada la idea de usar esa especie de primera persona que terminó quedando, pero durante el proceso de montaje me pareció que era un elemento que podía aglutinar materiales diversos, dirigir un poco la mirada del espectador e ir escribiendo una historia dentro de la película. Quizás, también, el hecho de estar de alguna manera presente dentro de la película me pone en un lugar más cercano, tanto de los retratados como del público. A la vez esta estructura me permite ir de lo general a lo particular. Encontrar un universo, definirlo (o al menos intentar entenderlo), y por fin abordarlo para conocer a los seres que lo habitan.

 

¿Qué fue lo que te atrajo en particular de la pareja de Al compás de un tango para que la película se quede con ellos?

Fue bastante azarosa esa elección, aunque siento que fue acertada. Los elegí en un principio porque son los organizadores del primer evento al que fui de casualidad, y donde surgió la idea de hacer esta película. Cuando me acerqué a ellos fui bien recibido, y con el devenir de los días en los que los filmé me fueron interesando cada vez más. Igualmente no me parecía que fueran los protagonistas absolutos del documental, y por eso incluí el prólogo, la voz en off y los personajes que aparecen antes y después de ellos. Pero sin dudas son la parte más importante del relato, primero como unos ganadores más que nos llevan a recorrer ese mundo, luego en el acercamiento que se va dando con ellos a través de la preparación de su evento y la filmación del evento en sí. Me gusta de ellos su dinámica de matrimonio, la cosa tanguera, la presencia cercana de la asistente o secretaria que es también pareja de baile, y el enorme empuje para generar un gran evento partiendo de una estructura mínima. Me provoca admiración ver cómo una pareja de jubilados logra organizar una gran ceremonia y convocar a gente de todo el país, y el grado de obsesión por los detalles para lograr lo máximo dentro de sus posibilidades. Terminan inventando un momento de felicidad increíble para un montón de gente, y ese es también el espíritu de esta película: no importa mucho cómo ni por qué, si tiene o no lógica, pero acá estamos, buscando desaforadamente la felicidad.

 

Tus documentales se caracterizan por no detenerse en la mera observación sino que construyen una narración. Tus personajes tienen un desarrollo y un objetivo. ¿Esa es una decisión anterior al rodaje o aparece cuando ya contás con el material?

Hay muchas cosas que están pensadas o estipuladas de antemano, otras que suceden en el rodaje, y otras que aparecen, se refuerzan o directamente se crean durante el montaje, que es el momento de la escritura definitiva de los documentales. Esa es una de las cosas que más me gustan y me motivan de hacer documentales: no saber muy bien cómo voy a seguir, cuál va a ser el próximo paso.

 

¿Pensás volver a hacer ficción?

No. Realmente en el documental encontré un lenguaje, un sistema de trabajo, un tamaño de empresa, un sistema de producción y una forma de pararme ante el mundo que me es propia y me hace feliz. No creo que vuelva a hacer ficción, al menos por un tiempo.

 

¿Cómo ves la situación del género documental en Argentina?

El documental es un lenguaje riquísimo, en permanente expansión y mutación, y con una dimensión ética que, a mi gusto, lo convierte en una experiencia más profunda que la de la ficción. Creo que en Argentina se está produciendo mucho cine documental, muy bueno y muy diverso. Es un hecho que en la cartelera el peso de un documental es infinitamente menor que el de la ficción pero, lejos de enojarme, lo entiendo dentro de la lógica del mundo en el que vivo.

 

¿Qué expectativa tenés con Los ganadores?

Ganar el Oscar.