El INCAA responde

Lucrecia Cardoso responde sobre los principales temas que les importan a quienes ven, hacen, exhiben y distribuyen cine en Argentina: el presupuesto real del Instituto, la calidad y cantidad de películas que se producen al año, el reciente ajuste del costo medio reconocido, las políticas de protección y promoción en salas al cine nacional, el proceso de digitalización, la actualización del Plan de Fomento y, entre otros, la aplicación de la llamada Ley de Medios en lo que al cine respecta.

Lucrecia Cardoso asumió como Presidenta del INCAA recién en enero, pero su experiencia como funcionaria en el Instituto ya lleva ocho años: antes fue la vicepresidenta de Liliana Mazure –quien le dejó el cargo para asumir como diputada nacional– y antes de eso, a partir de 2008, había ejercido como gerente de Acción Federal. Dos meses después de su asunción como máxima responsable del Instituto estrenamos El crítico, nuestra primera película, a partir de la cual empezamos a participar en distintas entidades del medio y, por ende, a escuchar más que nunca a la industria desde adentro. En general, la percepción que nos llevamos es que, si bien persisten algunas preocupaciones, hay una primera buena imagen hacia el comienzo de la gestión de Cardoso, ya que ha dado ágil respuesta a algunos viejos reclamos, como el tema del reconocimiento de costos. Justamente unos días después de que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunciara una suba en los subsidios a la producción cinematográfica –que asciende a $6.875.000 en el monto máximo y a $4.500.000 en el promedio–, así como la condonación de las deudas que las productoras de contenidos tengan con la AFIP, pedimos una entrevista con las autoridades del INCAA para hablar sobre los temas principales que inquietan a la industria. La respuesta fue inmediata, y a los pocos días estábamos en los despachos de la calle Lima, dialogando por más de cuatro horas con, además de Cardoso, Ariel Direse, coordinador del Programa de Digitalización de Salas, y Lisandro Teszkiewicz, asesor legal de la presidenta.

 

Resuelto el ajuste del costo medio dispuesto por la Presidenta de la Nación, hay dos temas que son los que más preocupan: por un lado, el eterno problema de la exhibición y el lanzamiento y, por el otro, el presupuesto. Arranquemos por este último. ¿Podrían explicar de primera mano cuál es el presupuesto que maneja hoy el INCAA y de dónde provienen esos fondos?

Lucrecia Cardoso: Siempre es una proyección. Conociendo la ley, uno sabe que el presupuesto se compone trimestralmente, y que en realidad siempre hay una estimación. Por ejemplo, el Mundial impacta en la taquilla: no había una previsión cierta, había posibilidades, escenarios. Lo mismo pasa con respecto a la segunda fuente de financiación, que es el porcentaje de la recaudación de la media de publicidad televisiva, y esto se complejizó a partir de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA), que establece nuevos sujetos de recaudación. El piso de lo que recibíamos siempre era el 40% de los tres sujetos de recaudación que ya teníamos. En un escenario futuro, pudiendo efectivizar la recaudación de los nuevos sujetos, tendremos el 25% de toda la recaudación. Sobre eso se establece una proyección presupuestaria que después se va actualizando a medida que vamos recibiendo mensualmente o trimestralmente esa composición. Eso por un lado. La estimación que nosotros hicimos del presupuesto está alrededor de los 500 millones de pesos para este año, y vamos a ir ajustándola en función de la recaudación. Dentro de eso, el 50% que establece la ley está orientado a los subsidios de 35 mm o superior; y ahí está toda la discusión con respecto a la digitalización, que está dentro del Instituto, también. Entonces hoy hay una partida estimada de subsidio que ronda el 50%, y que no contempla la partida de crédito, la cual está por afuera de ese 50%, aunque hay discusiones sobre si debería o no estar adentro, porque en realidad los créditos ya solamente se recomponen vía subsidios. Esto es peligroso decirlo, porque hay mucho runrún dando vueltas; tenemos que ser siempre pedagógicos, no pensando en los que ya saben, sino en los que no saben o en los que saben pero malintencionadamente utilizan el desconocimiento de otros.

A esos 500, 540 millones, ¿se les suman los 300 millones del Ministerio de Planificación?

LC: Hay aportes del Tesoro Nacional. Eso es importante aclararlo, sobre todo en un año en el que se atravesó una situación difícil en cuanto a la aplicación de la LSCA. Existe una salvaguarda en el artículo que dice que el 25% de todo va para el Instituto siempre y cuando no sea menos del 40% de los tres que ya recaudábamos, pero esta salvaguarda, que sería la segunda parte del artículo,no se implementó, entonces empezamos a recibir entre el 30 y el 40% menos de lo que nos correspondía. Eso se recompuso, pero tardó unos meses, y esa desfinanciación produjo la sensación de que se estaba gastando y orientando ese dinero a otros fines, porque coincidió con la implementación de los planes de fomento de la Televisión Digital Abierta (TDA). Esa línea de fomento de contenidos acompaña una política mucho mayor. Nosotros somos un pequeño capítulo orientado a dos cosas: acompañar la implementación de la Televisión Digital Abierta, y ayudar al cumplimiento de la ley de las cuotas de pantalla de la producción nacional, local e independiente que exige la LSCA. Esas son las dos fundamentaciones. Esos fondos vienen del Ministerio de Planificación; más precisamente, del Consejo Asesor para la TDA. Después recibimos aportes del Tesoro nacional con otras finalidades específicas: INCAA TV y Ventana Sur, dos políticas importantísimas de la gestión de Liliana Mazure y de esta gestión de gobierno que ya lleva once años. O sea, no salen del fondo de fomento a la producción.

 

El tránsito del analógico al digital

El otro gran tema es el de la digitalización de las salas. ¿Cómo se está financiando concretamente y en qué etapa de desarrollo está?

Ariel Direse: Todo lo que refiere a la digitalización tampoco sale del fondo de fomento; son partidas específicas que vienen de una línea del Tesoro Nacional. Todo lo que es créditos para el sector de la digitalización son créditos bancarios por fuera del INCAA, como los del Banco Nación, del Bice, de Garantizar… Siempre se trató de tergiversar, de instalar esa idea de que se sacaba de un lado para llevarlo hacia el otro. Dicho esto, del programa de digitalización de salas no tenemos acreditados aquellos 300 millones. Lo que hay son partidas previstas. Le hemos pedido aportes al Tesoro Nacional para el financiamiento de estas políticas, y otras sí ya están dentro del Instituto; por ejemplo, la primera etapa de la digitalización de salas, que incluye la digitalización de cincuenta salas Espacios INCAA existentes o a inaugurarse a partir de esta inyección presupuestaria. Este es el grueso de la partida que tenemos hoy en el Instituto; hay una licitación en marcha, y está el proceso de adjudicación, de apertura, de cómo se divide al país en seis regiones, con una cantidad de salas a digitalizar por región. En ese proceso estamos, y esperamos haber cerrado esa primera etapa este año. Este equipamiento incluye proyectores 2k, 4k, sonido 5.1, equipamiento 3D…

Escuchamos que hay problemas para importar esos equipos.

AD: Hay pedidos de declaraciones juradas de importación en este momento. Este equipamiento estará entrando en el país en los próximos tres meses; depende de lo que tarde en salir del país de origen y en entrar a la Argentina. Pero hay un pedido de 150 proyectores que están entrando, hay otros cien que están tramitándose vía crédito, y a esos se les suman los que nosotros vamos a digitalizar para Espacios INCAA, cincuenta en una primera etapa y otros cincuenta más adelante. Creo que con eso ya estaríamos cerca del 100%. A veces se dice que otros países están más adelantados que Argentina, como Colombia y México. Si uno hila finito, ese es un error conceptual, porque tanto México como Colombia tienen dos dueños que concentran el 100% de la exhibición y, programando casi el 100% de películas norteamericanas, se digitalizan más rápido. Además no se cuentan las salas pequeñas; nosotros estamos contando el 100% del total: las salas municipales, las asociaciones civiles, las fundaciones… Este sector es muy heterogéneo, entonces hubo que ir acomodando cada una de las políticas de financiamiento junto con los bancos, que tienen políticas muy estrictas, en cada caso particular. Hoy en día creo que tenemos soluciones para casi todas las formas jurídicas.

LC: Para que te des una idea: en 2013 se contabilizaron 866 pantallas en 288 complejos, 19 salas más que en el año anterior. Sin contar las proyecciones ambulantes, son 196 empresas. El 50% de las entradas se concentra en tres: Hoyts, Cinemark y Village. Otro 25% de la taquilla pertenece a nueve empresas exhibidoras. Da como para evaluar la concentración, ¿no? Porque los países, cuando contabilizan, contabilizan solo las multipantallas; entonces para nosotros sería el 50%, mientras que para ellos es el 60, 70 u 80%, por lo que dicen “tanto porcentaje de digitalización”. En fin, el 25% de las pantallas restantes pertenecen a 227 empresas. El nivel de fragmentación es como una pirámide.

¿Cómo estiman el escenario real respecto de lo que puede pasar con el avance de la digitalización? Por un lado, es algo muy deseado, pero también no faltan los que expresan su temor respecto de la forma en que se toman esas salas por parte de los tanques. El impuesto a la copia no parece haberles hecho mucha mella. En nuestro caso, con El crítico, habernos jugado a costear varias copias en 35 mm nos permitió mantenernos más tiempo en cartel…

AD: La ventaja del 35 mm es transitoria. Es una falsa dicotomía, porque antes, cuando tenías que salir en 35, lo hacías ¿con cuántas copias? Con cinco, porque no te daba económicamente para salir con más. Con digital podés estrenar con más copias, más aún si tenés un circuito que te garantiza el Estado, como Espacios INCAA, que no proyectan en DVD o con un proyector comprado en Garbarino, sino que cuentan con equipos que son iguales o mejores a los que tienen Cinemark o Hoyts. Y este es un circuito que podría llegar a ser la cadena de cine más grande de Argentina.

Es un desafío imponer esos lugares, más allá del equipamiento que tengan.

Lisandro Teszkiewicz: No hay que perder de vista la evolución de la que hablaba Lucrecia al principio. Nosotros crecemos en taquilla, pero también crecemos en participación nacional en la taquilla. Seguramente, la digitalización reduce costos a todos los jugadores, a los grandes y a los chicos. En ese marco, en la tendencia que nosotros venimos viendo durante los últimos diez años de fortalecimiento y de cambio cultural, sobre la base de la recuperación de la valoración del cine nacional, nosotros entendemos que esa baja de costos va a ir en favor de las películas y de los productos argentinos y no en su contra. Es lo que va a permitirles que salgan a competir en la misma cancha a muchas películas que hoy no pueden salir a competir contra esos tanques internacionales, porque no pueden ni siquiera soñar con alcanzar la cantidad de copias que maneja una major.

LC: Los grandes tienen espalda económica financiera, y entonces el costo no les representa un obstáculo.

LT:Si vos pensás en tu curva de costo, en una película que te costó 200 millones de dólares, la copia en 35 no te suma en el presupuesto. En una película que te costó 5 millones de pesos, sí te suma.

 

Estrenos argentinos cuidados

La digitalización es inevitable, no es algo que esté en tela de juicio. Lo que sí preocupa a todos es la cuota de pantalla y lo difícil que es mantener la media de continuidad. ¿Qué armas vamos a ir teniendo?

LC: Hay muchas propuestas dando vueltas con respecto a la regulación de la exhibición que no tienen que ver directamente con medidas por la negativa, porque siempre existe la forma de que eso no se exprese en una mejora de la situación del cine argentino. Por ejemplo, todo el espacio que se abre para la regulación del VPF (Virtual Print Fee, la tarifa destinada a costear la instalación de equipos) en relación con la permanencia y el trato de las películas. En ese punto estamos por armar una convocatoria para recibir ciertas propuestas, porque obviamente es un tema que tiene que ser tratado con seriedad. Muchos dicen que el VPF hay que sacarlo para el cine nacional, pero sabemos, por experiencias reales y por otras que tienen que ver con el sentido común, que eso generaría una expulsión mayor, porque significaría una menor recaudación o un reaseguro sobre las películas nacionales menor que sobre el resto. Pero sí está el espacio para regular de alguna manera el trato que se les da a esas películas.

¿Cuál viene siendo su balance en relación con los estrenos argentinos?

LC: Como tendencia, hay una recuperación tanto en la cantidad de espectadores como en la incidencia del cine nacional en los espectadores y en la cantidad de estrenos: cuando uno ve los estrenos por multipantalla, por exhibidor, sube; es creciente la cantidad de cine nacional por fuera de la cuota de pantalla. Esto es importante tomarlo, necesita toda la atención. También necesita soluciones innovadoras, que tienen que ver con el lanzamiento, con la difusión y con un montón de otros costados, porque si no lo otro es sostener un respirador que sirve, que es importante que esté, porque garantiza la presencia sí o sí, pero después hay que pensar en otro tipo de soluciones. Igualmente, hay que hacer un balance, un corte, y decir: “Bueno, lo que se viene haciendo viene funcionando”. Evidentemente, si crece la cantidad de espectadores, y crece la incidencia del cine nacional en los espectadores, y crecen la cantidad de salas y de pantallas, y crece la cantidad de estrenos, quiere decir que el modelo de negocios se revitaliza.

LT: No hay que olvidarse, también, de que la media de continuidad conlleva un delicado equilibrio, porque el fondo de fomento no lo conforma la entrada de películas nacionales, sino que lo conforman todas las entradas. Entonces cuántas películas se van a poder hacer en la Argentina también tiene que ver con cuántos espectadores van a los cines. Por lo tanto, si nosotros pensamos en bajar mucho la media de continuidad, también estamos pensando en achicar el fondo de fomento.

LC: Por eso las soluciones vinculadas al lanzamiento que vienen por otro lado son soluciones de largo o de mediano plazo. Igual, lo importante es que se siga haciendo cine de todo tipo y para todos, y que haya circuito para cada uno. Y que el que salga a disputar las salas y los espectadores lo haga con mejores condiciones de todo tipo: internas y externas.

 

Producir más o producir menos

Hablan de cuidar el fondo de fomento para que se produzca cada vez más, para que haya más trabajo y para que aumenten los estrenos. Pero también es cierto que hacia adentro del sector empieza a haber cierto consenso en cuanto a que se hacen demasiadas películas. Y no por el argumento de ciertos medios ignorantes o malintencionados que ven en ello solo corrupción, sino para que el sistema sea más eficiente.

LC: Bueno, ojo, ahí hay un error de concepto, porque no hay 150 películas. Entre Primera y Segunda Vía surgen más o menos entre sesenta y setenta películas. De esas por lo menos diez tienen un gran desempeño. Por eso estamos por encima de la media, porque está aceptado que hay que producir por lo menos diez películas para que una tenga un buen desempeño. Después tenés los documentales digitales, que también son películas, pero es la posibilidad de producir con otro modelo de producción. Reflejan la posibilidad del acceso a poder producir.

El tema es que la ley obliga a estrenar en salas.

LC: Hay que ser muy cuidadoso, porque con la mitad de lo que cuesta una sola película americana de presupuesto medio nosotros generamos el 15% de la taquilla del país y un gran desempeño en festivales y mercados internacionales. Entonces eso es un logro, un éxito enorme. Ahora, desde la negativa, yo tendría mucho cuidado en no herir la sensibilidad de los documentalistas que se imponen gracias a la Quinta Vía, una conquista que significó un modelo de producción alternativo; eso nunca va en desmedro del segmento de producción más bien industrial. Porque si después un periodista quiere desconocer eso y decir que hay 150 películas, y le pide al documental que cobró un subsidio de 250 mil pesos que salga a disputar la taquilla de Maléfica, es un problema del periodista, básicamente, no es un problema del cine nacional.

LT: Nadie dice que una película de 200 mil pesos como la de Gustavo Fontán (El rostro) ganó el Bafici, por ejemplo. Cuando una película que está prácticamente en el primer escalón del paso de producción termina ganando uno de los festivales más importantes, eso no lo dice nadie. Y es una película que quizás no lleva el público “esperado”.

Es cierto, nunca debería competir con un cine industrial. Pero insistimos: como todas están obligadas a estrenarse en salas, se estrenan en malas condiciones.

LC: Yo diría que un cine como el Gaumont, que congrega casi 600 mil espectadores al año, no habla de un mal circuito de circulación. Esos documentales no van a disputar la pantalla de los Village o los Hoyts.

Por supuesto. Tal vez el verdadero problema son otras películas (y no nos referimos a un cine de arte) que se producen directamente sin pensar en el público.

LC: Pero son cada vez menos, eh. Hay casos, pero los vas a encontrar en toda industria cinematográfica en el mundo. Es ridículo buscarle el pelo al huevo; es como que, al acercar tanto la lupa, vas a ver algo diferente de lo que es.

¿La idea del Registro Público Audiovisual busca profesionalizar a la industria? ¿Cuál es la idea?

LC: La idea central de la cual surge es el decreto que reconoce a la actividad como industria, y en ese sentido, para poder presentarte como sujeto beneficiario de esa política de promoción industrial, necesitás estar en el registro. Lo que se implementa es la reglamentación interna de ese decreto. Después, hacia adentro, es lo que nos va a dar una idea más real, más genuina de dónde estamos parados; más allá de las seiscientas productoras inscriptas, ¿cuántas hay ahora en actividad? Pasa lo mismo que con el registro de producción del AFSCA, que tiene 2000 inscriptos, pero ahí están todos: señales que producen contenidos, productoras… Hay que ver cuál es ese universo, cómo está compuesto, cuáles son las características y dónde se pueden recibir políticas de fomento de tipo impositivas directas e indirectas dentro de lo que es un sector industrial más amplio, con características muy diferentes.

¿Creen que después del ajuste del costo medio debe seguir mejorándose el Plan de Fomento?

LC: Sí, por supuesto. La etapa siguiente a haber resuelto el tema del costo medio es abrir la convocatoria para discutir el Plan de Fomento, teniendo en cuenta que la pregunta sobre qué se produce y cuánto se produce está del lado de la industria. Eso transparenta que haya un fomento público del Estado. No hay una sola mirada y una sola intención que deciden qué se produce: es el sector el responsable. Esto lo digo incluyéndonos: el INCAA es el instituto de fomento al sector, entonces pertenecemos al sector no porque elijamos las películas que se hacen, sino porque implementamos las políticas que pueden ayudar a que todo sea cada vez mejor. Es importante aclarar esto: el espacio para poder aportar al Plan de Fomento también viene del sector. Y es algo que tenemos que trabajar en esta segunda mitad del año.

La modificación del costo medio muchos la vieron en realidad como un necesario ajuste inflacionario. ¿No debería poder ajustarse más seguido?

LC: Es imposible eso, porque tiene que ver con qué modelo de producción querés. Es decir, con qué querés producir y qué querés fomentar. Si hay un costo medio de 9 millones de pesos, se producen alrededor de 15 películas al año. ¿Cuáles van a ser esas películas? Cada uno supone que su película está entre las 15, y no es así, matemáticamente no es así. Entonces tenemos que pensar en un modelo industrial, un modelo de fomento para el cine de autor, y un modelo de fomento para el documental que tenga aportes efectivos en el mercado, si no tampoco es posible pensarlo. O sea, pensar que una película puede recibir como fomento del Estado 7 millones de pesos sin haber hecho un espectador es un delito de lesa humanidad. Eso por un lado. Por el otro lado, hay que interpelar al sector para que se vea a sí mismo. Es muy difícil: obviamente cada uno defiende el nicho de producción al que pertenece, pero creo que es muy importante que el sector pueda verse en su integridad. Eso hay que recuperarlo, eso es una herramienta, y es el principal atributo que tuvo siempre el sector de la producción cinematográfica de nuestro país.

La sensación es que pueden empezar a desaparecer las películas de presupuesto intermedio.

LC: Esa idea estaba el año pasado. Porque, de los 7 millones de espectadores, 6 millones provenían de las cuatro películas más taquilleras. Hoy, como respuesta a eso, venimos teniendo más o menos cerca de ocho películas, que van desde El crítico hasta El misterio de la felicidad y Muerte en Buenos Aires,que lo desmienten. Esto habla bien del sector, porque demuestra que está despierto. Igualmente el balance del año pasado es de grandes logros del cine nacional, porque esto es un empuje: ya hay un público que está esperando la película de suspenso argentina, por ejemplo. Por otro lado, creo que la condición para lograr las películas muy, muy buenas que producimos, tanto en términos artísticos como de público, parte de la base de que producimos mucho. Si no produjéramos mucho, no produciríamos cosas buenas. Esta es la lógica del fomento de cine en todo el mundo, no es algo que decimos acá.

LT: Podríamos pensar también un Plan de Fomento que contemplara que el costo medio de una película nacional sea de 20 millones de pesos, y que el Instituto te reconozca el 30%, por lo que el resto lo deberías buscar por otro lado. Nosotros apostamos a reconocer porcentajes más altos. Porque esto forma parte de un debate cultural que va un poco más allá del cine, y que es la discusión sobre lo que para mí es una falsa tensión entre masividad y calidad. O sea, la idea de que nosotros podríamos hacer pocas y buenas películas es falsa… Y no solo por la necesidad de experimentación, de construcción de una cultura, etcétera, sino porque yo creo que gran parte de la calidad está en la multitud. Es como cuando alguien elige la educación pública; yo no creo que la UBA sea la mejor universidad de Argentina a pesar de ser la más grande: yo creo que es la mejor porque es la más grande.

 

El cine, la televisión y la aplicación de la ley

Todavía existen dudas acerca de cómo y cuándo terminará de articularse en favor del cine la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

LC: Son muchos los aportes de la LSCA, y hay que trabajar para consolidarlos. Por un lado está el Fondo de Fomento cinematográfico de la media de publicidad televisiva y la taquilla, y por el otro lado está el artículo 67 de la LSDA, que son los aportes que deberían hacer las licenciatarias de señales y de distribución de señales por cable. Eso en su conjunto representa hoy alrededor de 90 o 100 millones de pesos. Por supuesto, repartido primero entre grandes jugadores (estamos hablando de Cablevisión y Direct TV), y después, yendo más abajo, hacia una multiplicación de distribuidoras de cable y las señales, tanto de aire en el área metropolitana (más de 500 mil espectadores potenciales) como en las localidades más chicas. Ese es otro fondo que tiene que ir a la producción cinematográfica. Y después tenemos un paquete de recursos muy importantes puestos al servicio de la producción de contenidos para la TDA que también van al sector y hacen al modelo de negocios. Hoy muchos de estos contenidos están siendo producidos por gente de cine: hablo de equipos técnicos, actores, directores y productores de cine. Además está lo que tiene que ver con el fomento de la producción televisiva, que de la mano del fomento de la TDA rompe la concentración que existía en la producción de la televisión, que también forma parte de lo audiovisual.

Hoy por hoy, de los canales más importantes, el único que realmente cumple es Telefe.

LC: Hoy sí. Y el 9 está empezando a cumplir, está comprando películas y cumpliendo en el término de los estrenos.

La ley también los obliga a invertir en las películas antes de que inicien el rodaje.

LC: El 0,5% debe estar orientado a la precompra de los derechos de antena, y después el canal está obligado a estrenar una cantidad de películas. Eso en algún momento se junta. Por ejemplo, lo que Axel Kuschevatzky (responsable de Telefe Cine) eligió como proyecto en 2010 se convierte en estreno en 2016, en un esquema de producción cuya velocidad depende del proyecto.

AD: Es que en realidad Telefe cumple porque además lo ve de una manera inteligente. Dijo: “Si hay que cumplir con esto, armemos un esquema de negocio”.

LC: Otros sujetos que están incluidos son las señales internacionales que tengan más del 50% de programación de ficción. De las diez señales hay solo cuatro radicadas en el país y otras seis que no lo están. Y, de la misma manera en que nosotros trabajamos con la AFIP en lo que tiene que ver con la instrumentación de pay per view a través de las telefónicas y los cableoperadores, trabaja el AFSCA con la AFIP para detectar estas señales internacionales. Es importante porque, en consonancia con cierta restricción a generar una fuga de divisas vía rentabilidad, es un escenario muy propicio para lograr inversiones: estos actores no pueden sacar la plata del país y están obligados a invertir. Es una oportunidad única. Y , para ayudar a que se cumpla como corresponde el artículo 67 de la LSCA, es importante que los licenciatarios y los sujetos obligados por ley a tributar entiendan cómo funciona el modelo de negocios de la producción de cine, y que el sector facilite proyectos a los que puedan sumarse desde los más grandes hasta los más chicos. Nosotros trabajaremos en los instrumentos que hacen eso viable. Hoy la ley habla de productor-canal, y además estamos hablando de licenciatarios de señales y de paquetes de señales con paquetes de películas. No todos son Telefe, no todos están obligados de la misma manera, pero todos tienen que aportar a la producción cinematográfica. Lo que importa es cómo nos concentramos para consolidar eso, y que eso sea una realidad de la que después no se pueda retroceder.

LT: El modelo de negocio del cine cambió mucho. En algún momento estaban quienes vivían de la publicidad, que cada tanto construían un buen proyecto y lograban que el Instituto se lo financiara. Y por ahí hacían alguna diferencia económica que les permitía reequipar su productora. Pero vivían de filmar la publicidad del alfajor Jorgito. Ese modelo de negocio tuvo un doble estallido, primero con el final del gobierno de Alfonsín y después con la caída del menemismo, en cuyo origen comenzó ese otro proceso más industrializado que miraba más el ingreso de los jugadores de la televisión, de productoras como Pol-ka, por ejemplo. La construcción del modelo que comenzó a generarse del 2003 para acá construye cineastas que viven del cine, lo cual no es poco decir. Si nosotros podemos consolidar articuladamente, no solo en la legislación sino en el mercado dinámico, estas herramientas (como el soporte a la televisión digital, los aportes que tienen que hacer los canales vía AFSCA, los aportes que merecen las empresas por ser consideradas industriales, los derechos de autor por pantalla, más el Fondo del Fomento al cine), podemos tener un modelo de negocio y lograr un circuito virtuoso para que la rueda gire y se autorreproduzca.