El lugar correcto

Su interpretación en La Tigra, Chaco lo puso al borde de todos los premios posibles. Desde ahí, el actor Ezequiel Tronconi se quitó el mote de promesa y se convirtió en una realidad.

Cuando Ezequiel Tronconi estudiaba marketing, un profesor de la UADE se lo marcó: “¿Estás seguro de que querés estar acá?”. Como tantos otros, el joven Ezequiel estaba aturdido después de salir del secundario y, en el afán de “algo hay que estudiar”, se mandó a cualquier cosa. Durante una cursada, usando Internet de su universidad, dejó su info en una base de datos de actores del ENERC. Rápidamente lo llamaron para que actúe en un corto. “En ese rodaje me di cuenta de qué era lo que me gustaba”, dice Tronconi. Y aquel docente tenía razón: él ya no quería estar ahí.

En su casa de Villa Devoto, el cine no circulaba particularmente. Lo descubrió solo. Su padre le llevaba la revista 13/20, y ahí comenzó a interesarse por la música y por ciertas figuras culturales. Gracias a esa publicación comenzó a cartearse con otros pibes fanáticos de Soda Stereo, y hasta estuvo en la mítica presentación de Dynamo, en 1992. Compraba los discos de Depeche Mode y grababa los hits de la radio en casetes vírgenes. Luego vino lo de la UADE. Después algunos de talleres de actuación. Sin embargo, fue el actor y director Sebastián De Caro quien lo puso en su primer protagónico con De noche van a tu cuarto, una demencia clase B con soretes y muñecos. Y todo cambió para siempre.

“Dirigí una obra y quiero que vos la protagonices”, le dijo el actor Luciano Cáceres luego de verlo ensayar en un taller de teatro. Fueron seis las obras de Cáceres que Tronconi protagonizó. Ahí forjaron una amistad que todavía sigue vigente. Por esos años, Ezequiel perdió a su padre y fue el teatro quien lo abrazó. En este tiempo, un compañero de obras, el actor Sergio Surraco, lo recomendó para una novela y quedó. Participó de un puñado de episodios de Collar de esmeraldas, con Osvaldo Laport y Carina Zampini. Esa fue su primera experiencia televisiva. Luego vendría el casting de Vísperas, dirigida por Daniela Goggi, y su participación dentro del elenco protagónico. “Fueron muy importantes esa película y ese entorno”.

No obstante, hubo una película que lo puso en otro lugar, con la que obtuvo una exposición que no esperaba. Un film con el que viajó por el mundo y ganó premios aquí y allá: La Tigra, Chaco, de Juan Sasiaín y Federico Godfrid. Por aquella interpretación le cayeron nominaciones a los Premios Sur y a los Premios Cóndor, ambas como actor revelación. Y hasta estuvo destacado entre las 25 caras más prometedoras del cine argentino seleccionadas por Haciendo Cine, en septiembre de 2010. Tras esa experiencia, Tronconi tuvo ofrecimientos de todo tipo. Volvió a la televisión con Ciega a citas, donde interpretó a uno de los candidatos de Muriel Santa Ana. Y filmó para cine Congreso de Luis Fontal, Veredas de Fernando Cricenti, y Ojalá vivas tiempos interesantes de Santiago Van Dam, estas últimas aún por estrenarse. “Es curioso porque tanto en Veredas como en Ojalá vivas tiempos interesantes hago de un escritor. Pero son historias opuestas: en una es todo bello y en la otra es todo más trash”. Las dos tendrán su primera pasada en el Bafici 2017.

Y fue en teatro (con la obra Pelota paleta y su continuación Segundo set) donde se agarró una manía: jugar en todos los puestos, ser un todoterreno. Escribió, dirigió y actuó. “Me gusta generar mis propios proyectos. Algunos son sin un mango, otros con guita… Lo importante es hacerlos”. En unos meses comenzará el rodaje de El encanto (otra vez en todos los roles), en codirección con Juan Sasiaín. Se trata de la historia de una pareja de treintañeros que tiene una crisis generacional: ¿Es el momento para ser padres? Para el resto del año le queda El fuego que hemos construido, dirigida por Luis Fontal, en los últimos meses del año llegará El maestro, de Julián Dabien y Cristina Tamagnini.

Por estos días, Tronconi anda conmovido por el estreno de Soldado argentino solo conocido por Dios, de Rodrigo Fernández Engler, su último largometraje, una suerte de tributo a los ex combatientes de Malvinas y a su dolorosa experiencia en la guerra. “Quedé muy conforme con la película”. Antes de filmarla, todo el equipo recibió una instrucción militar severa. Una suerte de colimba express donde aprendieron a manipular armamentos, cómo marchar, cuáles eran las jergas militares y algunas cosas más. “Las partes bélicas son tremendas, todas las armas son posta y hasta el Ejército nos prestó helicópteros”, desliza. “La gente me escribe hasta por Instagram: es muy gratificante todo lo que pasa”, cierra Tronconi, seguro de saberse en el lugar correcto.