El musical folk, según Ethan y Joel Coen

Se estrena Balada de un hombre común y nos metimos con su emocionante banda de sonido. Lejos de funcionar como una decoración sonora, la música producida por T-Bone Burnett estructura la película al darle volumen a su protagonista y, finalmente, la posibilidad de redimirse.
Oscar Isaac, el nuevo antihéroe coeniano.

Adelanto de nuestro número de marzo, disponible a la venta a partir del viernes 14.

Con Balada de un hombre común puede pasar algo infrecuente: uno puede emocionarse con delay. Como un ansiolítico que te duerme con efecto demorado, la última película de los Coen conmueve varias horas después de haberla visto, por ejemplo, al repensar las canciones que el propio protagonista canta a lo largo de los 100 minutos de película. Como en cualquier musical que comprende al dedillo los mecanismos del género, Balada de un hombre común usa los temas para darle volumen a su protagonista, para construirlo a través de su arte. Esto no es algo habitual: bastaría con escuchar las canciones de la película para saber perfectamente qué tipo de personaje es Llewyn, porque en cada una de ellas hay una mirada del mundo. No son canciones sobre “qué lindo es manejar en la nieve”, ni sobre “qué copada es la bohemia folk de los sesenta”, nada de eso: son canciones sobre pasarla mal, sobre no aguantar más la vida, sobre las frustraciones constantes y sobre la imposibilidad de ser un tipo responsable (las canciones sirven para todo, incluso para frivolizar con melodías pegadizas la impopular carrera espacial). Los Coen ya utilizaron la música como pieza neurálgica de su mundo cinematográfico (desde los esquizoides coros de los Soggy Bottoms Boys en ¿Dónde estás, hermano? hasta las frenéticas composiciones de Carter Burwell), pero nunca habían armado un personaje utilizando la música como lo hacen en el caso de Llewyn. Este antihéroe coeniano no puede, no sabe y no quiere ser responsable de nada: abandona gatos, gordos y bebés como si todo fuera lo mismo. Su guitarra, claro, es lo único que no puede dejar. No puede dejarla porque ella lo completa, es su única compañera en ese constante andar entre sillones prestados y escenarios grises; es un cuaderno en el que hace bocetos acerca de las miserias diarias. Los Coen encuentran en Llewyn y su música un rulo narrativo que lo vincula a Barton Fink, otro personaje enfrascado en una angustiosa sensación de fracaso. Pero los Coen les dan la pista a ambos personajes de un (probable pero no certero) futuro próspero. Barton en esa playa alcanza un triste objetivo, y Llewyn, a través de la guitarra de Dylan, percibe lo que terminará por hacer un clic en su realidad (que es también nuestra realidad). La presencia del mítico artista pareciera darle un fin a esa cinta de moebius que es el día a día del protagonista, y le otorga a la música el don de la expiación. Las canciones que envuelven el universo de Llewyn, aunque a priori parecieran atraparlo, terminarán por redimirlo, dándole quizás el alivio que merece.

Bonus track: Músicos en pantalla: http://www.haciendocine.com.ar/content/cuando-actuar-suena-bien

 

Balada de un hombre común

Ethan y Joel Coen

Estreno: 13 de marzo

2013 / Estados Unidos - Reino Unido – Francia / 104 minutos

Alfa Films