El peor de los laberintos

Con una trama poco convencional para el grueso de la producción del cine argentino, Ulises Rosell, director de las recordadas Sofacama (2006) y El etnógrafo (2011), le da imagen a una odisea dramática donde una chica inocente termina perdida en el desierto en mala compañía tras haber caído en una trampa.

Jorge Luis Borges describió en “Los dos reyes y los dos laberintos” el peor de los laberintos: el desierto. La Patagonia argentina posee varios de ellos, más similares a los mexicanos o los del suroeste estadounidense que a los de la Mesopotamia asiática descriptos por el literato. Ese clima crea gente dura, curtida. Así lo demostrará Julia (Valentina Bassi), que soportará estoicamente el viento, la sed y el calor pero luego deberá salir del peor de los laberintos: el de la mente.

Al desiertoplantea una situación de síndrome de Estocolmo en la cual dos personas lucharán por la supervivencia mientras resuelven (física y mentalmente) sus conflictos internos. El film juega con lo inesperado en consonancia con el paisaje que nos pone adelante: todo puede pasar allí, y es difícil prever qué complicaciones o situaciones nos deparará. El primer tercio del film es despachado con una gran pericia para crear una narración muy ágil que transcurre casi sin que nos demos cuenta, pues no es esa la parte que más le interesa al director. Lo que a Ulises Rosell le interesa es el periplo en la inmensidad.

 

En tu filmografía has alternado el documental con la ficción. ¿Cómo elegís los proyectos? ¿Pensás primero en la historia o en el formato?

Algunos proyectos tienen esa posibilidad de desarrollarse de más de una manera. El documental me interesa mucho como construcción narrativa, es una forma muy cambiante de investigar durante el desarrollo del trabajo. Es muy poco probable tener la película en la cabeza previamente y, al ser presupuestos menores, la única presión es construir la película. En ficción es todo lo contrario: se espera que uno trate de plasmar lo que se va prefigurando en la preproducción porque los riesgos de que los costos se disparen son enormes. Pero lo más interesante es que se contaminen las formas. Y no necesariamente desde lo narrativo, sino también desde la propuesta de producción. No es lo mismo filmar cinco semanas seguidas que dividir un rodaje en etapas, donde podés editar y reflexionar sobre las diferencias entre lo planeado y lo plasmado, y donde interviene el aplomo que aporta el montaje, la distancia para repensar, etcétera.

 

¿Valentina Bassi fue tu primera opción para la protagonista? ¿Qué características de ella te interesaron para el personaje?

La búsqueda de una historia que para mis ojos solo pudiera actuar Valentina fue una de las motivaciones iniciales del proyecto. Creo que hay una cualidad física de la interpretación, una capacidad de transmitir dramáticamente con recursos no verbales, que para mí es uno de sus fuertes poco explotados. Y también existe una comprensión de lo que puede significar internarse en el desierto que solo puede tener un patagónico (ella se crio en Trelew) o gente que haya convivido con esos territorios cargados de épica.

 

¿Ya conocías los lugares donde filmaste o los encontraste en el scouting?

La primera impresión que tuve de Comodoro Rivadavia fue totalmente negativa. La mañana que llegué a dar un seminario me revolvió una tormenta de viento y polvo que casi me hace abortar una caminata de dos cuadras en pleno centro de la ciudad. Pero, una vez que logré llegar a mi destino, el prejuicio se transformó en lo opuesto y me sorprendí pensando “esto tiene que ser filmado”. Meses después, con un primer boceto de la historia, me serví de la excusa del scouting para hacer ese viaje tantas veces fantaseado y subirme a una camioneta para entender ese anhelo patagónico de recorrer cientos de kilómetros todos los días preguntándome siempre qué habrá más allá.

 

¿Qué problemas de financiación se plantean a la hora de filmar una ficción y cómo los resolvés?

Trabajar con Ezequiel Borovinsky y Alejandro Israel fue lo mejor que le podía ocurrir a un proyecto de estas características, donde se pretendía una factura profesional y un espíritu muy independiente a la vez. Es una película con muchas dificultades de realización, que se podían resolver con mucho dinero o con mucha experiencia y conocimiento del oficio. Tanto el equipo técnico como los productores tenían que tener esa versatilidad para llegar a la factura técnica pretendida por caminos no tan tradicionales. Afortunadamente, creo que ese espíritu se transmite en casi todas imágenes y es la esencia de la situación dramática principal.

 

Al desierto

De Ulises Rosell

2017 / Argentina / 94’

Estreno: 30 de noviembre (Cinetren)