El próximo movimiento

Después de unos años de consolidación y con una temporada sustanciosa por estrenarse, el cine de género local ya no puede hacerse el patito feo. Con un apoyo del INCAA antes impensado y con buenos resultados en el exterior, la pelota ahora está del lado de los directores, que tienen como desafío hacer obras que cautiven al espectador.

El Superman argento y la Liga de la Justicia resisten el asedio de la policía y sus enemigos en un hospital de La Matanza. Un sacerdote al que le quedan días de vida por la fiebre amarilla se enfrenta a un poder demoníaco para poder salvarse. Una madre lucha contra el reloj para rescatar a su hija de las garras de una secta satánica. Un grupo de mujeres vampiresas se encargan de hacer justicia contra los hombres que abusan del género femenino. Estas son las premisas de Kryptonita, vista en diciembre; Resurrección (estreno de este mes), y Ataúd blanco y El muerto cuenta su historia, que se verán en el primer semestre del año.

Estas y muchas otras historias similares están llegando a los cines con el sello de “producción industrial argentina” (o sea, con subsidios estatales, actores de renombre, amplia salida en cantidad de copias, y hasta apoyo de los canales de televisión para su difusión). Algo impensado hasta no hace muchos años, en los que los organismos estatales, los productores y el público en general consideraban que el terror, la fantasía y el misterio made in Argentina eran malas palabras. Como muestra basta saber que en 2008 se estrenó en salas la primera película argentina de terror con apoyo del INCAA (Visitante de invierno)… ¡en veinte años! Pero, poco a poco, los proyectos fueron llegando a las salas con mayor frecuencia. Muchos realizadores que hacían films de manera amateur para presentar en festivales lograron ingresar al sistema, y sus más recientes proyectos alcanzaron no solo créditos y subsidios del INCAA, sino también destacados lanzamientos comerciales.

Es tal el apoyo actual que distintas ventanas de producción y distribución se encuentran abiertas para el género: desde el espacio Blood Window, que selecciona films en distintas etapas de producción para presentar en el mercado del Festival de Cannes, hasta el concurso especial para créditos (también llamado Blood Window), que acaba de seleccionar media docena de proyectos de terror, ciencia ficción y gore para producir a lo largo de 2016. En 2015, Naturaleza muerta, film de terror con temática vegana, realizado sin créditos ni subsidios, se estrenó en 20 cines. El desierto, sobre tres sobrevivientes en un mundo post-apocalíptico azotado por hordas de zombies, se vio en 12 pantallas. La parte ausente, con Celeste Cid como una femme fatale envuelta en experimentos genéticos en una Buenos Aires futurista deudora de Blade Runner, también llegó a la veintena de cines. Y el año cerró con Kryptonita, estrenada en más de setenta pantallas, la cual se convirtió en la primera película independiente de género en superar la barrera de los 100.000 espectadores.

Hernán Moyano fue uno de los pioneros en pasar de la independencia absoluta a las ligas mayores de la industria. Tras producir de forma amateur títulos de culto como Habitaciones para turistas y No moriré sola, entre otros, fue uno de los productores de Sudor frío, la primera película de terror argentina en contar con apoyo de un multimedio (Telefe) en su producción y distribución, y de Penumbra, estrenada al año siguiente. Pero la industria no abrazó el género de un día para el otro: “Nosotros veníamos reuniéndonos con todos los productores de Argentina desde hacía muchos años”, recuerda Moyano. “Les llevábamos guiones, ideas, proyectos, todos relacionados con el cine de género, pero nunca obteníamos apoyo. Les interesaba nuestra forma de trabajar, nuestra organización y lo que lográbamos con las películas en el exterior. Pero ninguno se quería arriesgar a hacer una película industrial de género”.

Gracias a Pampa Films y al hecho de que Sudor frío fue un éxito, tanto los productores como el INCAA empezaron a aprobar títulos cuyas temáticas estaban por fuera de lo que solía producirse. La explosión del cine de género en Argentina fue enorme a partir de la llegada de las nuevas tecnologías, que permitieron que cualquiera con una cámara hogareña pudiera realizar su propio largometraje. La digitalización y las ventanas virtuales de exhibición completaron la otra etapa de un proyecto audiovisual (la distribución), gracias a Youtube, Vimeo y similares.

Carina Rodríguez, investigadora especializada en cine de terror nacional, registra en su libro El cine de terror en Argentina una producción de más de 100 títulos locales entre 2000 y 2010. Para poner en perspectiva esta cifra, entre 1930 y 1999, la producción de films de terror vernácula fue de tan solo 30 producciones. Ese número no hizo más que crecer en lo queva de la década actual, a lo que hay que sumar otros exponentes como la ciencia ficción, la acción, los thrillers y la fantasía.

Aún falta mucho camino por recorrer, en especial en lo que tiene que ver con la relación de las películas con el público. Las ventas de una película de terror, ciencia ficción o misterio de factura local siguen siendo una fracción de lo que vende un filme similar de corte hollywoodense (y no hablamos de tanques como El conjuro o la saga de Actividad paranormal). Con la excepción de Sudor frío, ninguna película argentina de terror aún logró superar los 20.000 espectadores en salas, pese a que muchas de ellas se han convertido en referentes del género o en films de culto. Lo mismo con la ciencia ficción. El thriller y el policial, al ser propuestas que atraen al target más adulto (el público principal del cine nacional), suelen funcionar mucho mejor en la taquilla. En especial si los films cuentan con actores de renombre en sus elencos, o con amplias campañas de publicidad por detrás.

Pero, de las propuestas que llegan del extranjero (Hollywood, por lo general), el cine de género es lo que más consume en salas el público argentino. En 2015, de las cincuenta películas más vistas del año, veinticinco, exactamente la mitad, fueron títulos de género, ya sean films de superhéroes, acción, espionaje, catástrofe, aventuras o de terror sobrenatural. Catorce fueron títulos de animación o familiares, y solo once fueron comedias, dramas o films de otros estilos. La producción nacional, por su parte, está lejos aún de generar una cantera de propuestas enmarcadas en las distintas vertientes de este tipo de cine: solo ocho de los más de cien lanzamientos en salas comerciales fueron de género, ya sean terror, ciencia ficción, misterio o thrillers y policiales. Pero todo parece indicar que, a partir de este año, la balanza podría inclinarse más para este costado. Las películas argentinas de género que se encuentran en distintas etapas de producción para estrenarse en salas comerciales a lo largo de 2016 se cuentan por más de una docena.

Sin embargo, más allá del aumento en la producción, el futuro del cine de género argentino dependerá de si las propuestas que salen de la mente de los directores y productores locales van de la mano o no de lo que el público local elige ver en las salas. “Me parece que ahora lo que está pasando es que el cine de género nacional se está mordiendo la cola”, reflexiona Moyano. “Se está empezando a repetir, y aún no hay una película que logre ser redonda de todos lados. Me parece que el INCAA está apoyando mucho el cine de género que, como siempre, funciona muy bien en el exterior. Pero los privados aún no ven algo redituable en el cine de género”.

En ese aspecto, será determinante el éxito de Kryptonita y la forma en que funcionen muchos de los títulos que se estrenarán en 2016 y apuntan a un target más amplio. Moyano también lo ve de esa manera: “Quizás los productores vean que hay un público más grande que quiere consumir este tipo de películas. Creo que lo que tenemos que lograr es hacer películas que la gente quiera consumir. Tratar de no salir a filmar sin poder hacer una lectura de época, sin estudiar qué está consumiendo el público. Me parece que Kryptonita es el ejemplo a seguir. Si el público consume películas de superhéroes foráneos que en la mayoría de los casos son aburridas y repetitivas, por qué no tener ese rango cubierto por producciones locales pensadas dentro de las posibilidades de nuestros presupuestos y nuestra industria”.

 

El año en que viviremos en peligro

En enero ya vieron la luz la mencionada Resurrección y el policial de acción 8 tiros. En febrero se verá Expediente Santiso, policial de ciencia ficción con Carlos Belloso. Dos de los principales tanques del primer semestre, Cien años de perdón y Al final del túnel, son caper movies (películas en las que se planea un robo o un asalto) embebidas de acción.

Sin fecha de estreno aún, pero próximas a estrenarse, están El eslabón podrido, de Valentín Javier Diment (La memoria del muerto), las mencionadas Ataúd blanco y El muerto cuenta su historia; Clementina, film de terror sobrenatural de Jimena Monteoliva; la comedia negra con ribetes fantásticos La pesada valija de Benavídez, con Jorge Marrale, Norma Aleandro y Guillermo Pfening; y Corazón muerto, de Mariano Cattaneo, entre más de una decena de títulos que empezarán su filmación en los próximos meses. Y el plato fuerte sería una propuesta de acción, realizada en coproducción con Francia y producida por Telefe, para el segundo semestre, en la que sería la mayor superproducción del género desde Peligrosa obsesión, vista en 2004.
 

Escuadrón Suicida

A principios de diciembre, en el marco de Ventana Sur y el lanzamiento del Manual de cine de género (texto compilado por Moyano y Rodríguez), se hizo la presentación de la Liga de Cine de Género Argentino (LiGA). La LiGA agrupa a directores, productores, guionistas, editores, actores, técnicos, gestores culturales y profesionales vinculados al cine de terror, ciencia ficción, fantástico y thriller. El propósito de este colectivo audiovisual es el de difundir y promover el cine argentino de género para incentivar su producción, distribución y exhibición, y cuenta al momento con más de 100 miembros.

Además de los objetivos enumerados, a corto y largo plazo, la LiGA propone seguir impulsando la implementación de una política federal específica para el desarrollo del cine de género en el ámbito nacional; defender los intereses comunes de sus asociados; compartir esfuerzos para impulsar la distribución y exhibición nacional e internacional; crear espacios de diálogo con otras asociaciones afines (DAC, PCI, etc.); crear y reforzar puentes con fundaciones internacionales y canales de televisión e impulsar políticas de formación y capacitación relacionadas específicamente con el cine de género.