El rey pálido

 

Reseña publicada en la edición impresa del número de abril de 2012.

 

Si La broma infinita encumbró a David Foster Wallace como uno de los escritores norteamericanos más lúcidos, capaz de plasmar en sus libros la deshumanización del capitalismo financiero de fines del siglo XX y principios del XXI con un ingenio lúdico y surreal, los manuscritos hallados luego de su suicido y comprendidos en la novela El rey pálido dan un paso más en su visión desencantada del mundo contemporáneo. De estructura volátil, nada lineal y de una factura que aspira a una meditada inconclusión, la novela recoge los numerosos fragmentos que David Foster Wallace dejara escritos antes de abandonar el mundo en 2008. La peripecia invita a seguir las acciones rutinarias de un personaje recién incorporado a la Agencia Tributaria de Peoria en Illions. En ese escenario de afanosa monotonía, entre numerosos capítulos en que se nos marea con la descripción minuciosa de procedimientos administrativos asfixiantes, Wallace va tejiendo de a poco una trama auto reflexiva donde los personajes se preguntan sobre la vacuidad de su existencia, donde pueden ensayar una tímida emancipación de la rutina por medio del estallido de breves desvaríos. Si algo resulta atractivo en El Rey Pálido es su capacidad de extraer lirismo del retrato de la vida extremadamente tediosa de sus personajes. Esa decisión de plasmar el tedio del trabajo acerca tal vez El rey pálido a la poética opresiva de Franz Kafka y la ubica en los anaqueles de las mejores novelas contraculturales de la contemporaneidad. 

 

El rey pálido

David Foster Wallace

Mondadori.