El soberano

A 89 años de su primera y disruptiva edición, vuelve a las librerías el clásico atemporal de la teoría del cine de Béla Balázs, que permitió establecer las bases para considerar a éste, finalmente, como un arte independiente.

Reseña publicada en la edición impresa del número de mayo de 2013.

 

Son numerosos los atajos por los cuales se puede entrar, hoy, al libro El hombre invisible o la cultura del cine. Contextualicemos: promedia la segunda década del Siglo XX. El cine es, todavía, un arte joven, y Béla Balázs apuesta a su potencial. Lo considera un lenguaje incipiente, capaz de configurar nuevas experiencias sociales que devuelvan su visibilidad corporal a una humanidad que “ha vuelto ilegible el rostro del hombre” a partir de la invención de la imprenta. Por eso, el autor asume la ardua tarea de ensayar una teoría estética del cine, contrastando las propiedades intrínsecas de la imagen en movimiento con la “cultura de la palabra”, también con el arte de la danza. La literatura por hacer naufragar a la cultura en un mar de abstracciones y la danza por ser un arte aislado destinado a unos pocos, no se comparan, según  Balázs con el poder aglutinador y la capacidad expresiva que promete la gran época del cine silente. “Ahora es otra máquina la que trabaja para dar a la cultura un regreso hacia lo visual, y al hombre un nuevo rostro. Se llama cinematógrafo. Es una técnica de la producción intelectual, al igual que la imprenta, y su efecto sobre la cultura no será menor”. 

Se trata además de un libro con un propósito de fundación, bien concreto y definido: lograr que el cinematógrafo ingrese en el campo intelectual-cultural, como lo deja en claro el texto “Pedimos permiso para entrar”, con su pedido a los custodios de la estética y las Bellas Artes: “el arte del cine (…) desea ser digno al fin de una reflexión teórica y que se le destine un capitulo en los grandes sistemas estéticos”. Tarea nada sencilla, dado que en aquellos tiempos el cine es apreciado con cierto recelo en el contexto de los lenguajes artísticos de más larga data (artes visuales, literatura, teatro), por tratarse de un “mero instrumento de técnica de reproducción”. Tal vez por eso El hombre visible…adopta necesariamente un registro de gesta heroica que pendula entre el ensayo teórico y la epopeya. En esa discusión sobre la artisticidad del cine, el húngaro va trazando límites, delineando especificidades y diferencias con el resto de las artes, como también atribuyéndole a este nuevo arte ansiedades, expectativas políticas y sociales: “en las pantallas de los cines de todos los países se desarrolla ahora la primera lengua internacional: la de la mímica y los gestos”.  Poeta, guionista, teórico, admirado por Georg Lukács, colaborador de Béla Bartók en diversas obras; Béla Balázs hizo un invaluable aporte al desarrollo de la teoría estética del cine. El hombre visible… anticipó muchos de los temas que se discutieron en las décadas posteriores (sobre todo nociones sobre la dirección de actores y el montaje), y por eso merece ser tenido en cuenta como un verdadero clásico. Un opúsculo que puede dialogar y discutir perfectamente con otro libro clave de la época como lo es El cine como arte de Rudolf Arnheim.