El teorema de Santiago

De Ignacio Masllorens, Estanislao Buisel (Argentina)

El espíritu de El teorema de Santiago puede resumirse en ese breve plano en el que el director de Invasión aparece, en un momento de descanso durante el rodaje de El cielo del centauro,sentado con la mirada perdida moviendo sus manos como si llevara en ellas una pequeña cámara de fantasía, manejándola a la manera de un sabio titiritero que opera los hilos de un virtuoso travelling. Esa escena dimensiona de manera certera a Hugo Santiago como exclusivo portador de la visión total de una película que habita en él como un universo que, sin embargo, al ser transpuesto a su equipo de rodaje, pone en evidencia diferencias generacionales, de método y lenguaje cinematográfico; y abre mediante ese contraste un terreno de incertidumbre que resulta el desafío que hay que vencer para lograr llevar el proyecto a buen puerto. Estanislao Biusel e Ignacio Masllorens edifican El teorema de Santiago trascendiendo el mero diario de rodaje, reconstruyendo, en cambio, con vocación cartográfica el lazo que conecta sin escalas, de París a Buenos Aires, a dos generaciones del cine argentino separadas por varias décadas y miles de kilómetros. El pasado, entonces, se posa sobre el presente, juntos planifican a distancia y trabajan al unísono, con la figura de Hugo Santiago erigiéndose como una institución que predica estoicamente hasta lograr la total confianza de su equipo (compuesto, entre otros, por Mariano Llinás y Laura Citarella). El resultado es un contrato que termina por acordarse tácitamente entre dos partes que priorizan un objetivo mayor, y ahí es donde El teorema de Santiago se vuelve, además de homenaje, himno y choque de planetas, una película de amor; de amor por el cine, ni más ni menos.