Enciclopedia amorosa

La filmografía del brasileño Joao Moreira Salles es casi desconocida en Argentina. Con funciones exclusivas en Proa, en septiembre de 2010 se estrenaba su obra maestra: Santiago.

Nota publicada en la edición de septiembre de 2010.

 

En 1992 un cineasta fantasea encuadrando con rigor las imágenes de un futuro documental cuyo epicentro sería el mayordomo con quien compartió veinte años en la casa de su infancia. Sin embargo, ese material capturado durante cinco días de rodaje no llega a convertirse en el film esperado y el proyecto naufraga. Trece años más tarde, el mismo realizador reflexiona acerca de aquel material en bruto y como resultado obtiene una obra bellísima, Santiago. El documentalista se llama Joao Moreira Salles -el hermano desconocido de Walter- , su criado es el Santiagoque da título al film: un hombre por demás luminoso y querible, que justificaría una película eterna.

Señor refinado y políglota, de gustos culturales medievalistas, doméstico de grandes familias de la nobleza latinoamericana y compilador de 30.000 páginas sobre la aristocracia universal: todo eso es Santiago. Salles supo ver en su mayordomo a un personaje de conversación hipnótica, que conjugó saberes eruditos sobre ópera con una cinefilia basada en Fred Astaire y Cyd Charisse e hizo de aquello su particular política afectiva.

En su reverso, el film como puesta en abismo de otro film le sirve a su realizador para repensar la manipulación de las imágenes documentales; y por qué no, para tomar distancia y revisar el rite de passage que lo llevó de la adolescencia a la adultez.  Pero incluso así –si de pasajes se trata- la mayor tensión se juega en esa delgada línea que existe entre retratar a un Santiago íntimo, o a otro de carácter excéntrico, que se erija como un gran personaje cinematográfico.  Reformulando su trabajo de puesta en escena, Salles - cineasta inquieto y corajudo- hace pública la propia vanidad en relación al objeto filmado y desnuda aquello que provocó que su proyecto inicial quedara en suspenso.

La vida puede ser lenta “ma non troppo”, anota Santiago en su enciclopedia personal cuando se siente envejecer. Este sentido documental  revive incansablemente un gesto ceremonial que sólo al cine le es propio: fijar en movimiento el testimonio de una vida en un tiempo preciso. Con una metáfora baziniana hasta la médula, el propio mayordomo explica a cámara -como al pasar, casi risueño- que en esos días de rodaje lo que realmente está en juego es su embalsamamiento.  Aquí está -tal vez- el núcleo de extrema melancolía que gobierna al film entero. Sólo en el momento de su “reflexión sobre el material en bruto” se abrió para Joao Moreira Salles la posibilidad de percibir a Santiago de una forma inédita: olvidar que él es el dueño de casa y Santiago su mayordomo.

¿Se puede pensar que algo parecido a “la última despedida” –a la vez honesta y algo culposa- sea el tema que organiza a Santiago? Sí, los trazos finales en voz en off explicativa parecen confirmarlo. En el proceso (¿aprendizaje?) que implica correrle el velo a su antiguo mayordomo y conocer a la persona que hay detrás, Salles -aunque sea de manera imaginaria dado que Santiago ya había muerto- pudo saldar las cuentas con su propio pasado. Una posibilidad redentora que sólo abre el cine: la de volver infinitas veces para repensar la extraña comunión que habilita el hecho de filmar y ser filmado.