Es todo verdad

En El cine de lo real, una compilación de ensayos editados por Colihue, se manifiesta el afanoso reverdecer del género documental.

 

Reseña publicada en la edición impresa del número de octubre de 2011.

 

El notable interés que ha suscitado en los últimos años el trabajo cinematográfico de no-ficción se traduce en un sinnúmero de congresos, festivales, coloquios y bibliografía dedicados a descubrir sus límites y problematizar sobre la especificidad del género. Es así como el libro El cine de lo real que compilan Amir Labaki, director y crítico de cine brasileño y María Dora Mourão, vice-directora de la Escuela de Comunicación y Artes de la Universidad de San Pablo, reúne conferencias, debates y ensayos suscitados en el marco del festival É tudo verdade abonando un vasto campo de reflexiones sobre el universo del documental y su actualidad.

El volumen congrega textos de autores de todo el globo, desde Brasil y Argentina pasando por Bélgica y Estados Unidos, proporcionando una amplitud de miradas acerca de un fenómeno cuya complejidad necesita de una pluralidad tal de acercamientos teóricos. Algunos de los conferenciantes provienen de las huestes de la realización y aportan su visión del tema a partir de su experiencia práctica; es el caso de Andrés Di Tella y los brasileños Eduardo Coutinho  y Joao Moreira Salles. Este último contribuye con una aguda y documentada meditación sobre la incapacidad histórica de representar la violencia por parte de algunos medios masivos de comunicación brasileños en el capitulo “Imágenes en conflicto”. Sobre el peligro de no diferenciar los límites entre lo periodístico y lo documental es que se ocupa el luminoso texto del teórico Brian Winston La maldición de lo periodístico en la era de lo digital. Allí se alerta sobre una engañosa glorificación de las nuevas tecnologías que ha contribuido a identificar la labor documental con la mera búsqueda de “evidencias en crudo”.  Cierto efecto reality, según Winston, hace que la frontera entre lo documental y los films de viajes, científicos, los noticieros, etc. se vaya angostando: “en tanto el video digital impulsa con mayor fuerza la reivindicación del cine directo por ofrecer “mera” evidencia no mediada, pone en mayor peligro el aspecto creativo del documental. En efecto, refuerza el desvío del documental hacia el periodismo”.

Indudablemente dos joyas a destacar de El cine de lo real son los ensayos de la argentina Ana Amado y del norteamericano Bill Nichols. La primera descifrando la intrincada interrelación entre cine activista, publicitario y autorreferencial centrándose en una obra paradigmática en este sentido como es la de Michael Moore. El segundo ofrece una visión crítica sobre la cobertura televisiva de los sucesos del 11 de septiembre de 2001 e indaga sobre el proceso de construcción de explicaciones simbólicas de un evento a todas luces traumático: “la transmisión instantánea de su estupenda monumentabilidad, de su horrendo trauma, junto con la incertidumbre inicial respecto de su naturaleza (…) puso a prueba el proceso de construcción de significado de lo que parecía una aniquilación sin sentido”.

El programa es de lo más auspicioso: un compendio de ensayos que explora la riqueza de un género que cada día ensancha más y más sus dominios.