Ficciones

Después de que Piglia regresara para dedicarse de lleno a la recopilación y edición de sus diarios, Andrés Di Tella decidió convertir ese proceso en una película, 327 cuadernos. Y a través de esa experiencia y de Piglia, terminó hablando de sí mismo.

¿Cómo fue encontrarte con Piglia para esta película? ¿Qué relación tenías con él?

Conozco a Ricardo Piglia desde hace muchos años. De hecho, hace 20 años hicimos otra película juntos, en torno a la figura de Macedonio Fernández, que también funcionaba como especie de alter ego del propio Piglia, como Emilio Renzi ahora. Piglia presenta, en simultáneo con el estreno de 327 cuadernos, la publicación del primer volumen de sus diarios, pero bajo el título de Los diarios de Emilio Renzi, un pequeño corrimiento que produce un pequeño desconcierto. Desde entonces que venimos hablando de volver a intentar otra experiencia cinematográfica. La casualidad –o la sincronía– quiso que yo estuviera pensando en hacer un diario cinematográfico cuando él estaba pensando en revisar sus diarios de medio siglo. La película se concretó a partir de esa coincidencia, pero su origen se remonta a muchos años atrás.

 

¿Qué fue lo que más te impactó o te conmovió de lo que fuiste encontrándote en los diarios?

Muchas cosas me impactaron. Lo más conmovedor fue, simplemente, la confianza que tuvo Ricardo en mí, la generosidad de abrirme la puerta para ser testigo de un proceso íntimo, de enorme riesgo, como es revisar tu propio pasado. El propio Ricardo me agradeció haber respondido con responsabilidad y respeto al desafío de reflejar lo esencial de ese proceso, sin invadir. Por suerte le gustó mucho la película y, casi inevitablemente, se emocionó. Creo que, en definitiva, la mayor emoción fue la de haber compartido durante un par de años todo ese proceso con alguien tan especial como Ricardo Piglia. Espero haber podido transmitir algo de esa emoción en la película.

 

¿Tenías una idea previa de cómo abordar sus diarios? ¿Lo charlaste con él?

A través de esta película y a través del diario de Piglia, me propuse hacer un experimento de enunciación: hablar de mi experiencia personal, de mi propia intimidad, a través de la experiencia personal y el registro íntimo de otro. Al hablar a través de otro, probar si es posible expresar lo que uno no sería capaz de decir de su propia experiencia, en nombre propio, en primera persona del singular. Piglia mismo me ha enseñado que un escritor no hace otra cosa. Se trata de poner a otro en el lugar de una enunciación personal. La literatura es siempre autobiográfica y, al mismo tiempo, es el lugar en el que siempre es otro el que habla. La literatura sería ese desplazamiento, esa toma de distancia con respecto de la palabra propia. Hay otro que dice eso que, quizá, de otro modo no se puede decir. A la vez, me interesaba hablar de cómo se construye la ficción. El diario, de por sí, en relación con la experiencia vivida, plantea la cuestión de qué pasa con los recuerdos, con la experiencia, una vez que se incorporan a una escritura, a un relato. ¿No interviene allí, necesariamente, la ficción?

 

¿La idea es que salga la película junto con los diarios?

La película se estrenó, en un hecho sin precedentes, en simultáneo, en el cine y por televisión, en una emisión única de la TV Pública. Así llegamos a miles de personas en todo el país. Me llegaron montones de mensajes de todas partes, compartiendo el entusiasmo por la película y agradeciendo el hecho de haber podido asistir a un estreno de ese modo. La experiencia ha sido extraordinaria, estoy muy agradecido con Alejandro Bonavetti y Alejandro Mouján, director y responsable del área de cine de la TV Pública, por haberse jugado por la película. No era fácil tomar la decisión de programar una película medio rara como es 327 cuadernos un sábado a la noche por la televisión abierta. La publicación, también simultánea, del primer volumen de los diarios de Piglia, bajo el inquietante título de Los diarios de Emilio Renzi, forma parte indispensable del combo. Es de esperar que muchos que vean en estos días la película sientan la curiosidad de acercarse al libro que, hay que decirlo, es quizá la obra cumbre de Piglia. Por otra parte, en cada función del Malba se estrenan también cortometrajes inéditos de participantes de mis talleres, como un plus. No se trata de ejercicios sino de extraordinarias piezas breves que me llenan de orgullo, y que habitualmente no tienen muchas posibilidades de exhibición. Últimamente trato de pensar, siempre, en que el estreno de mis películas tenga algo diferente, que salga de la tristeza de la muerte anunciada de los estrenos de los jueves, esperando a que el lunes te bajen la película porque nadie se enteró de que estaba en cartelera.