Géneros, vanguardias y bailarines marxistas

Las posibilidades de éxito de la flamante sección Vanguardia y género, el caso Sylvain George y el cine hecho para festivales.
Vers Madrid - The burning bright (scenes from the class struggle and the revolution).

Nota publicada en la edición impresa del número de abril de 2013 en el marco de la Guía para el BAFICI.

Cuenta la leyenda (y aquí la imprimimos) que fue Quintín en sus años de director del festival quien utilizó la expresión “género y vanguardia” como método y sistema de selección para las películas del BAFICI. Basándose en esa búsqueda, la idea era dejar de lado todo lo que quedaba en el medio, básicamente, las películas hechas para festivales. Durante la gestión de Fernando Martín Peña se creó la sección competitiva llamada Cine del futuro, destinada a obras más extremas que las que ocupaban la competencia oficial, sin restricciones reglamentarias de ningún tipo. Con el tiempo, dicha sección se fue transformando en un recurso para ampliar las secciones competitivas, y hacer más atractiva la participación de las películas en el festival a la hora de disputarlas con otros festivales. Este año, con la asunción de Marcelo Panozzo, desaparece Cine del futuro y nace Vanguardia y género. Basta nombrar dos títulos de esta sección para darse cuenta de qué va la cosa: Vamps, de la santa patrona de la Generación VHS, Amy Heckerling vs. Stemple pass, la nueva obra de James Benning, uno de los más sofisticados, personales y extremos realizadores de los últimos años. La idea, creo, queda entendida. (Confieso que hago trampa citando dos títulos con directores consagrados).

Sin embargo, es la inclusión de otro título lo que me llama la atención. Sylvain George aparece en el mundo del cine (de los festivales) con L'impossible - Pages arrachées (2009), pero fue con la olímpica Figuras de guerra (2012), seguida por su, casi, continuación Les éclats (Ma gueule, ma révolte, mon nom) (2011) cuando George se consagra como autor. Un director serio, profundo y responsable, todos adjetivos valiosos pero que lo alejan de la vanguardia a pesar de que su cine, por momentos, coquetea con la experimentación. Con Vers Madrid - The burning bright (scenes from the class struggle and the revolution) (2012) la película en cuestión, su arte comienza a resentirse de tanta solemnidad, y su foco en las revueltas callejeras en Madrid durante el año 2011, suena hoy a diario de ayer. El rigor de sus dos primeras obras es dejado de lado por reiteraciones estilísticas que anteponen el nombre de su director a cualquier tipo de interés cinematográfico o social. Si es que Vers Madrid… pertenece a un género, ese es el del documental responsable, que no deja de lado sus aspiraciones artísticas y su academicismo. En síntesis: cine hecho para los festivales.

Habrá que ver si hoy en día, cuando todos somos programadores de nuestra cinemateca privada y las obras más extrañas conviven en discos rígidos hogareños, esta nueva sección logra establecerse y tener una identidad propia dentro de la programación del nuevo BAFICI, más allá de la atendible idea de los programadores.

Si al final del festival, a la hora de las premiaciones, Vamps se impone a James Benning (más allá de sus respectivos valores) ahí sí, nacerá una discusión y el experimento habrá tenido éxito. De lo contrario, solamente estaremos hablando de un capricho de los programadores. Esto tampoco es algo malo, al contrario. No serán ellos ni los primeros ni los últimos en tratar de establecer líneas de conexión en la confusión que convive en el corazón y el cerebro de los cinéfilos. El problema de esta sana paranoia, ya se lo había planteado el mismísimo Serge Daney: “¿Qué tienen en común John Travolta y Jean-Marie Straub? La pregunta es difícil, lo reconozco. Uno baila, el otro no. Uno es marxista, el otro no. Uno es muy conocido, el otro, menos. Ambos tienen sus seguidores. Yo, por ejemplo”.