Génesis

Declarada una obra maestra por la mayoría de los críticos y asistentes que la vieron en Cannes, donde se llevó el principal galardón, La vida de Adèle retrata el amor de dos chicas de forma ciertamente admirable, y logra trascender el calor y los escándalos generados detrás y delante de la pantalla. Atención: le quedan pocos días en cartelera.

La vida de Adèledespertó varias controversias, sobre todo después de haber ganado la Palma de Oro en Cannes (premio con el que se reconoció a su director y también a sus dos protagonistas). El primer punto polémico fueron las explícitas escenas de sexo entre Adèle (Adèle Exarchopoulos) y Emma (Léa Seydoux): muchos decían que estaban claramente presentadas desde un punto de vista masculino, otros decían que eran innecesarias, que la película se tornaba pornográfica, que las secuencias eran largas. Afortunadamente, esas no fueron las únicas opiniones que despertó esta película, y todo se disipó un poco hasta dar paso a una nueva polémica: las actrices –sobre todo Léa Seydoux– salieron a decir que trabajar con Kechiche había sido horrible, que las jornadas de rodaje eran interminables, que el director era insaciable y no del todo amable a la hora de dar indicaciones. “Durante el rodaje, tuve que empujar a Adèle por una puerta de vidrio y gritar ‘¡Ahora vete!’. Ella cerró la puerta y se cortó la mano; estaba sangrando mucho y llorando. Pero, después de eso, Kechiche dijo: ‘No, no terminamos. Vamos a hacerlo de nuevo’”, contó Seydoux en una entrevista. Ambas actrices sostuvieron que fue “horrible” trabajar con Kechiche, aunque la rubia fue la más dura a la hora de hablar del director de Juegos de amor esquivo.

Como era de esperarse, Kechiche salió a defenderse y, en una extensísima carta publicada en el diario Rue89, criticó fuertemente a Léa: “Después de haberme agradecido públicamente y en privado, y de haber llorado en mis brazos en Cannes por haberle dado un rol tan noble, ¿cómo explicar que ella haya hablado del rodaje como una pesadilla, y dado a entender que yo soy un sádico perverso manipulador que las obligó a rodar escenas de sexo completamente desnudas durante 10 días sin pausa?”. El director dijo que la actriz (nieta del millonario dueño de Pathé) es una chica arrogante y malcriada, y aclaró que los dichos de la hermosa rubia serán resueltos en los tribunales.

Todo ese revuelo, sumado a otras duras críticas por parte de varios técnicos que trabajaron con Kechiche en el rodaje de esta película y a la prohibición de que esta se exhiba en los cines de Idaho, contribuyó a convertir La vida de Adèle en un estreno muy esperado. Pero resulta que la película no necesita de toda esa (¿mala?) prensa para dar que hablar, porque el último largometraje de Abdellatif Kechiche es mucho más que sus escándalos, muchísimo más que sus escenas de sexo. Y el trabajo de sus dos actrices protagonistas es de lo mejor visto en 2013.

La película, basada en la novela gráfica Le Bleu est une couleur chaude, de la francesa Julie Maroh,trata sobre Adèle, una adolescente de clase media. Ella está terminando el colegio, adora la literatura y quiere ser maestra. En los recreos, sus amigas la incitan a salir con un chico que le gusta pero que, luego ella se da cuenta, no la atrae del todo. Es que Adèle no puede sacarse de la cabeza a una chica que se cruzó por la calle algunos días atrás. Ella –la chica– es Emma, alguien con quien Adèle vuelve a encontrarse. El director, entonces, se mete de lleno en la historia de amor entre ellas, en la forma en que se van descubriendo, y sobre todo en el proceso de iniciación de Adèle en el amor recíproco y en un sexo que claramente disfruta (en contraposición con lo que le sucedía con el muchacho antes mencionado). Las escenas de sexo entre las chicas son explícitas, muy reales. Y sí, es cierto que de a ratos parecen responder más a las ganas del director (no a su género sino a sus ganas) que al deseo de los personajes de Adèle y Emma. Eso resulta extraño, pero se supera porque ambas actrices consiguen apropiarse de ese deseo sexual y convertir esas escenas en algo que define a la pareja y que estructura su relación. Porque la conexión que ellas ahí demuestran es solo un apéndice de la química y la soltura que demuestran durante las tres horas que dura la película.

Durante ese tiempo, vemos a estas chicas amar, sentir, sufrir, arder, llorar. Y es un placer verlas haciendo todo eso. Porque ni una sola de esas sensaciones deja de cobrar vida en cada milímetro de la actuación de ambas: aun en las escenas que no comparten, vemos que cada una carga con la otra adonde vaya. Eso sucede sobre todo en el expresivísimo rostro de Exarchopoulos, quien logra que su Adèle demuestre que, a través de Emma, descubre no solo el amor, el sexo o la compañía, sino un verdadero universo sensorial y emocional que le explota en el cuerpo y en la mente. Porque esta es una película sobre el amor, sobre el primer amor, que nos deja a medias para siempre.

Por eso las escenas de sexo son pertinentes y necesarias en el relato. Porque ese amor que nos pasa solo una vez convierte nuestra geografía corporal y, desde entonces, lo llevamos tatuado en el cuerpo. De allí venimos y hacia allá vamos, perpetuamente. Entonces, ese final con Adèle caminando de espaldas al muchacho que sale a buscarla, de espaldas también a su ex, a nosotros y al mundo, es la mejor escena de toda una película que intenta dejar en claro que el amor del primer amor nos respirará en la espalda para siempre.

 

La vida de Adèle

Abdellatif Kechiche

Estreno: 2 de enero

2013 / Francia / 180 minutos

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