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El caso de El inventor de juegos es, por lo menos, atípico para el cine de nuestro país: la película fue rodada en Argentina, pero en inglés, en 3D, con un reparto artístico y técnico plagado de grandes nombres extranjeros, y llegará a 1200 pantallas de Latinoamérica, previo a su desembarco en el mercado anglosajón (su principal objetivo). El experimentado Juan Pablo Buscarini, director de la película y uno de sus productores, cuenta en detalle la realización de esta megaproducción de seis millones de dólares destinada a niños y adolescentes del mundo, y defiende su “argentinidad”.

Nota publicada en el número 148 de Haciendo Cine.

En España el cine local vive una situación parecida a la nuestra: hay más de cien estrenos españoles por año, pero menos de una docena consiguen alcanzar cifras de éxito. Sin embargo, lo que muchas productoras empezaron a hacer desde hace unos cinco años es producir títulos apuntando al mercado internacional, del cual el español es solo una parte.

Es que ya no es cuestión de filmar una película y después ver cómo venderla en el extranjero. Desde su concepción, se piensa en llegar a la mayor cantidad de mercados posibles, lo que genera más de una polémica en tanto, en el camino, se corre el riesgo de arrasar con la identidad cultural del país de origen para convertirse en una producción “internacional”, más parecida a los títulos norteamericanos que a otra cosa.

El resultado, entonces, es mayor presupuesto, varios países involucrados en la producción y, por lo general, rodajes en inglés (después hay que doblarla para estrenarla en el mercado interno).

En Argentina, en estos últimos años se empezaron a ver títulos que tomaron ese camino. Entre ellos, la exitosa animación Metegol, que fue la película más costosa de Argentina y buena parte de Latinoamérica y ya lleva recaudados más de 25 millones de dólares (habiendo costado unos 20), y eso si contamos solo el mercado latino y el español. En una escala bastante menor pero también con producción (y elenco) internacional, se anota en la tendencia Amapola, de Eugenio Zanetti, estreno de este mes.

Pero el caso reciente más paradigmático es el de El inventor de juegos, que llega a los cines el próximo 3 de julio. Basada en una historia de Pablo De Santis, y dirigida por Juan Pablo Buscarini (un abonado al género familiar con El arca,El ratón Pérez y Condor Crux en el lejano 2000), esta producción de Pampa Films tiene aportes argentinos y canadienses que totalizaron un presupuesto de seis millones de dólares. El elenco incluye al inglés Joseph Fiennes (Shakespeare en Shakespeare apasionado); los norteamericanos Edward Asner (una leyenda de la televisión) y David Mazouz (de la serie Touch); los canadienses Megan Charpentier (una de las nenitas de Mamá) y Tom Cavanaugh; la italiana Valentina Lodovini; y los argentinos Alejandro Awada y Vando Villamil. A ellos se suman, en el reparto técnico, nada menos que el director de arte de Hugo, el DF de Orgullo y prejuicio y el productor de sonido de Gravedad.

Al leer estos nombres y ver la película, difícilmente uno pueda decir que esta última es argentina. Pero lo es, en un tiempo en el que los paradigmas de producción han cambiado, y los costos (que no dejan de elevarse) hacen que sea imposible realizar obras más ambiciosas pensando únicamente en el mercado interno, tanto a la hora de financiar como a la de distribuir.

La novela de Pablo De Santis se publicó en 2003, y la productora Pampa Films se hizo de los derechos para su realización tres años después. Pero el camino hasta llegar a las salas fue largo y sinuoso. Juan Pablo Buscarini no solo es el director de la película; también es uno de sus mayores responsables desde la hora cero. “Desde el primer día tuvimos la convicción de que, por las exigencias visuales que la trama planteaba, porque describía sitios y personajes sin características de localía y porque estaba orientada al segmento del público preadolescente, apuntaríamos a realizar el film bajo un modelo de producción absolutamente internacional. Entendiendo que este concepto de producción internacional era sinónimo de querer llegar al mercado anglosajón, empezamos a transitar un proceso de trabajo muy duro, tanto en la búsqueda de socios como en la escritura de un guion en inglés que pudiera cautivar no solo a esos socios globales, sino también a un casting de buen nivel”, comenta.

Una vez que el guión estuvo lo suficientemente maduro como para empezar su gira por agentes de primer nivel, ingresó en el proyecto la compañía canadiense Sepia Films. La asociación con Canadá no fue caprichosa: en la decisión pesaba el hecho de que el país nórdico tiene una amplia experiencia en el desarrollo de producciones angloparlantes de gran nivel para el público familiar, además de que está vigente un acuerdo de coproducción, a través del INCAA, entre Canadá y nuestro país. Si bien el tratado data de 1988, son contadas las concreciones de largometrajes entre ambos países.

Además de Canadá, entran en juego un grupo de experimentados productores italianos: Roberto Manni y los hermanos De Angelis (Guido, Marco y Nicola), lo que le abre a la película el juego en territorio europeo y asegura su distribución mediante majors en ese continente. “Los planetas tardaron en alinearse, pero cuando, a mediados de 2012, canadienses e italianos confirmaron su interés, el proyecto encontró su envión definitivo. Para enero de 2013 ya teníamos un ejército de gente en Buenos Aires sumergida en preproduccion, y comenzamos a rodar hacia fines de mayo de ese año”, resume el director del proyecto.

Hubo dos elementos en la producción de El inventor de juegos que sus realizadores siempre tuvieron en cuenta. Primero, el que tiene que ver con el idioma de filmación. Según Buscarini, siempre estuvo la convicción de que el flujo de distribución para el contenido infantil no era reversible: “Una película con casting angloparlante alcanza masivamente los territorios hispanoparlantes; a la inversa, en cambio, no podemos encontrar ejemplos de una verdadera difusión masiva en el hemisferio norte”.De hecho, los pocos títulos familiares realizados fuera de Estados Unidos o Inglaterra han sido films animados que incluían actores de renombre para el doblaje; tales los casos de la española Planeta 51 y, en agosto próximo, de Underdogs, que es nada más ni nada menos que nuestra Metegol.

Con cierto pragmatismo, y dado lo ambicioso de un proyecto como El inventor de juegos, en vez de querer revertir las reglas de funcionacionamiento del mercado, Buscarini y el equipo de Pampa Films intentaron entrar por la puerta más favorable. La postura fue, según Buscarini: “Hagamos una película bilingüe; rodemos con un buen elenco y en inglés, en Argentina, pero respetemos los acuerdos de coproduccion, y generemos una versión perfectamente doblada al castellano para su estreno mayoritario en Argentina y en el resto de Latinoamérica”.

El otro elemento que cobró fuerza a partir de 2009, y que fue determinante en el momento de la realización, fue la decisión de rodar en tres dimensiones. Filmar en 3D con el nivel de una producción de Hollywood obligó a Pampa Films a importar equipamiento del exterior para el rodaje, accesorios de cámara y grip, y técnicos extranjeros con buena experiencia, lo que complejizo aún más el set. “Sabíamos que, para que una película infantil live action fuera considerada como un estreno fuerte por la red de exhibición, debíamos incorporar el 3D, que juega en estos tiempos un papel diferenciador”, explica Buscarini.

Pese a que la película se filmó en inglés y con un elenco mayoritariamente anglosajón, Buscarini no tiene ninguna duda acerca de la “argentinidad”de El inventor de juegos: “Partió de una novela de un argentino, editada con éxito en el país; la desarrolló y la dirigió otro argentino (yo); tiene como productora controlante a Pampa Films, una empresa de capital 100% nacional; y se rodó íntegramente en el país, donde convocó por doce semanas de preproduccion, once de rodaje y seis meses de post a una gran cantidad de empresas locales y más de cien técnicos argentinos de primer nivel (todos a través del SICA). En cuanto a los actores, si bien tiene nueve extranjeros en papeles importantes, suma otros 40 argentinos entre roles principales (Awada, Villamil, Ivan Masliah, Nico Torcanowsky), secundarios y bolos…”. Para terminar, Buscarini deja en claro su posición ante algún posible cuestionamiento: “Creo que cualquier voz que cuestione la genuina argentinidad de la película está viciada de desacierto y mala intención”.

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