Juego de rol

Luego de pararse frente a la cámara por casi 30 años, el reconocido actor Fernán Mirás se animó a dirigir su primera película: El peso de la ley, un thriller basado en una historia real. En el día del estreno charlamos con este debutante director que ya sueña con realizar su segunda película.

Después de tantos años delante de la cámara, ¿cómo fue el pasaje a la dirección?

Más cómodo y natural de lo que esperaba. Debuté en cine a los 17 años y, más allá de la actuación, el cine me fascinaba. Siempre fui el actor plomo que mientras esperaba su escena preguntaba todo. Siempre pedí ir a chusmear la edición, maté a preguntas a los guionistas (los primeros libros de guion me los recomendó Aida Bortnik en el set de Tango feroz), y en el almuerzo interrogaba al director de fotografía. Recién me di cuenta a los dos días de rodaje de El peso de la ley de que había asimilado muchas cosas que siempre creí que eran mi curiosidad como actor, no como director. El peso de la ley surgió a partir de un expediente judicial real. ¿Cuánto de esa realidad vemos en la película, y cuánto de ficción? El eje central del caso es lo más verídico. Ninguno de los personajes reales vive, por lo tanto hablamos muchísimo con personas ligadas a ellos. Muchos se fueron filtrando en los personajes reales, sus pensamientos sobre la actividad particular de trabajar en el sistema judicial. Era muy claro para Roberto Gispert (coguionista) y para mí, desde el principio, que el expediente, lo biográfico, era una excusa para involucrarnos en el tema. Para nosotros ceñirte a lo biográfico puede estropearte la historia. Podés ser fiel al hecho real y hacer un plomo fiel. Para mí lo más importante es que la película sea cine, y que contenga el tema que querés expresar. Sin embargo la realidad del expediente se mantenía bastante intacta. Incluso hay cosas del expediente que teníamos en el guion que al equipo, cuando empezó a trabajar, le resultaban inverosímiles, y decidimos eliminarlas. Y esas cosas eran reales. La pericia policial era tan patética que nadie lo creía. Sé que a veces lo biográfico puede entorpecer la película, pero nunca pensé que pudiera resultar inverosímil. Eso nunca lo había visto. La realidad no supera: estropea la ficción. 

 

¿Por qué te interesó contar esta historia?

Inicialmente porque me interesan las películas de género, me parecía que era un buen modo de aprender. Entender el género, respetar sus reglas, y ver qué particularidad de esa historia podía permitirme correr algunos riesgos. Queríamos hacer “una película de abogados” pero que los personajes sin querer se fueran involucrando más y más en algo extremadamente personal sin darse cuenta. Y a la vez el pueblo nos daba la oportunidad de mostrar un mundo más enrarecido en contraste con la aparente “civilización” de las oficinas judiciales. La historia permitía una cantidad de cosas cuya combinación me parecía extrañísima, y quería bucear ahí.

 

No es muy común ver películas policiales en las que las protagonistas sean dos mujeres fuertes. ¿Cómo llegaste esa decisión?

Ocurrió así: Roberto Gispert pensó que era un duelo de mujeres entre un mundo aparentemente de hombres. Y desde esa idea nunca lo dudamos. Hicimos algo que siempre es útil, que es pensar, cuando estás en el inicio del proceso de guion, en cambiarles el sexo a los personajes, a ver si algo resulta más interesante en algún aspecto y si descubrís algo que te lleve a otra cosa. Y nunca nos interesó que no fueran dos mujeres.

 

¿Cómo fue el proceso de la elección del elenco?

Hacia el final de la escritura de guion empezamos a pensar en actores. Los nombres eran esos pero yo dudaba en proponérselos. Conozco a todos, trabajé con todos, algunos son amigos, pero me sentía demasiado caradura de pedirle a semejante elenco que se arriesgaran a que los dirigiera un debutante. Me los crucé por esa época de casualidad, y algunos de ellos me dijeron que, si iba a animarme a dirigir, podía contar con ellos. Cada vez que lo pienso me emociona de un modo muy particular. No sé si me hubiera animado a proponérselos. También hay varios actores de Mar del Plata o Necochea que surgieron de un casting. Hay buenísimos actores ahí. La película tiene la sorpresa de esos trabajos realmente buenos de actores que la gente no conoce, que para mí es una alegría muy particular.

 

Después de esta experiencia, ¿te interesa volcarte más a la dirección que a la actuación?

No. El problema real que tengo es que no quiero dejar ninguna de las dos cosas. El tiempo dirá si puedo concretar la segunda película. Hasta ahí llego a soñar.