Juventud perdida

El cine argentino y sus (¿inexistentes?) espectadores adolescentes. ¿Cómo puede ser que a los realizadores no les interese el público (y se jacten de eso) pero todavía no entienden por qué al público no le interesan sus películas?, se pregunta el autor de esta columna.
Ilustración: Manuel García.

Nota publicada en la edición impresa del número de octubre de 2012.

1.       Perdimos a los jóvenes. No los que estamos en el cine; no, sino aquellos que nos dedicamos al esforzado género Cine Nacional. A los adolescentes no les importamos, aparentemente. Quizás ni siquiera saben que existimos. Pero hay una buena noticia, y es que esto no es un problema. Al menos para los realizadores, claro. Sucede que a ellos tampoco les importan los jóvenes. Ni los viejos. Ni los gordos. Ni los flacos. Ni el publico en general.

2.       Según surge de una Encuesta de Consumos Culturales Adolescentes, el 95 por ciento de los jóvenes entre 11 y 18 años eligen al cine como su entretenimiento favorito. Pero hay una mala noticia, y es que el 45 por ciento de esos jóvenes nunca (NUNCA) vió una película argentina.

3.       La mitad de los jóvenes seguramente tampoco vio nunca jugar a la selección de Islas Feroe, ni conoce los detalles de la Teoría de Cuerdas, ni atesora la discografía completa de Nicola di Bari en su iPod. Pero no se supone que esas sean cosas que forzosamente le tengan que interesar a los jóvenes que les gusta el fútbol, las ciencias y la música. ¿Por qué a todos los jóvenes que les gusta el cine les debería interesar el cine argentino?

4.       Los resultados de esta Encuesta fueron centro de un debate entre profesionales del cine, y el debate fue motivo de una nota en La Nación el 6 de septiembre. Según LN, el debate comenzó con una reflexión de Jay Jay Campanella, para quien “el cine debería lograr lo que logró el rock nacional”, que según él mismo calcula se consume a la par que el extranjero. Es cierto que Campanella confiesa no saber “las cifras”, y que por lo tanto su idea podría ser un disparate, pero asumiendo que fuese cierto, la propuesta es interesante. Aunque alguien podría decir: ¿no sería más preciso comparar el rock internacional con la difusión de nuestro folclore?

5.       Más adelante en la nota, Daniel Burman (aclaración para los jóvenes: un director de cine) admite que piensa sus películas sólo para un público igual a él, lo que equivale a decir que no piensa en el público, y ésto sólo explicaría por qué el público de menos de 20 no es el corazón de la recaudación de las películas de Burman. Pero también Santiago Mitre, un realizador más cercano a las nuevas generaciones de espectadores, dice que cuando filma “no imagina siquiera que alguien después va a ver lo que uno hace”. Esta declaración por sí sola convierte al fenómeno de El Estudiante como algo más cercano a la casualidad que al genio.

6.       Queda más o menos claro en el punto anterior, pero amerita subrayarlo: ¿cómo puede ser que a los realizadores no les interese el público (y se jacten de eso) pero todavía no entienden por qué al público no le interesan sus películas? Burman y Mitre son hoy casos de éxito, pero mañana podrían fracasar estrepitosamente si de repente hubiera menos espectadores parecidos a Burman y Mitre. Solamente Manuel Antín, desde el otro extremo generacional, nos ilumina y dice que concibe el cine como “un diálogo con el espectador”, diferenciándose de la idea de “monólogo compartido” de sus colegas.

7.       La solución al dilema la aportan los participantes de la mesa “Atraer a los jóvenes a las salas”, quienes sentencian que el cine nacional “no le da la suficiente importancia al marketing, lo que impide que buena parte del público se entere del estreno de un film”. Estoy de acuerdo, con una salvedad: el marketing no es garantía de que la gente vaya al cine, ni que la pase bien, ni que recomiende la película. Ese poder, mal que le pese a algunos realizadores, sigue siendo exclusivo de la película en sí, y no hay campaña publicitaria que pueda hacer por una película lo que una película no hace por sí misma. Content is King. Billetera no mata galán.

8.       El final de la nota es el siguiente, y como remate es brillante: tres directivos de TV afirman (y no consta en la crónica que lo hayan dicho con los dedos cruzados ni que se hayan tentado mientras lo decían), que la televisión es un aliado del cine nacional a la hora de producir (ver el informe que sigue a esta página). Desopilante. O deprimente. O como dicen los pibes: “no da”.