La Amazonía imaginada

Mientras espera por su suerte en los Oscar como nominada a Mejor Película Extranjera, El abrazo de la serpiente se estrena en las salas de Argentina. Hablamos con Ciro Guerra, el director de esta particular inmersión en una selva blanca y negra.

¿Cómo estás llevando el reconocimiento  internacional y, sobre todo, la selección para Mejor Película Extranjera?

Ha sido una muy buena noticia, le ha abierto muchas puertas a la película a nivel de distribución, sobre todo en países donde es muy difícil estrenar cine latinoamericano.  La película volvió a los cines en Colombia y está funcionando muy bien, hay mucho entusiasmo, la gente la ha recibido con mucha alegría.

 

¿Cómo surgió la idea de filmar esta película?

La película se inspira en los viajes de dos exploradores que recorrieron la Amazonia cuando el territorio aún era inexplorable en el siglo XX. Leyendo sobre esos viajes me encontré con una historia muy potente y me pareció muy impresionante que no haya sido contada.

 

¿Cómo fue el rodaje y la experiencia de filmar en la selva?

Fue un reto muy grande, porque logísticamente traía unas complicaciones enormes. Es un lugar al que solo se puede llegar en avión y en donde hay que traerlo todo. También hay que tener en cuenta las inclemencias climáticas y las implicaciones físicas para el equipo de rodaje, pero como era tan exigente siento que el equipo se esforzó al máximo. Fue un rodaje muy difícil. Es un lugar donde todo hay que traerlo desde afuera, pero afortunadamente contamos con un equipo que fue liderado por la productora Cristina Gallego. Fue un grupo muy guerrero, muy comprometido y dispuesto a hacer la película hasta las últimas consecuencias. Nos acercamos con mucho respeto a las comunidades y a la selva, y eso resultó en una experiencia muy agradable.

 

¿Cómo fue para vos, para el equipo técnico y los actores trabajar con la gente oriunda del lugar, y cómo fue para los nativos recibirlos a ustedes?

Las comunidades fueron muy colaboradoras. La gente del Amazonas es muy cálida, muy bella, abierta, con mucho corazón. Obviamente al comienzo desconfían un poco, pero es mientras comprueban que uno no tiene malas intenciones, porque también hay gente que ha venido a sacar cosas y a hacer daño. Realmente quedamos muy contentos de haber podido trabajar con ellos, la gente se entusiasmó mucho con el proyecto. Igual, lo que estamos haciendo es rescatar una Amazonía que ya no existe, que ya no es lo que era antes. Esta película es como crear un recuerdo que haga que eso exista en la memoria colectiva porque estos personajes como Karamakate, sabedores, guerreros payés, ya no existen. El indígena moderno ahora es otra cosa, hay mucho conocimiento que se mantiene, pero también hay mucho que se perdió, muchas culturas, muchos idiomas, muchas lenguas.

 

¿Cómo fue el trabajo con el lenguaje?

Fueron tres años de trabajo, ha sido el proceso de guion más complejo por el que he pasado. Había que cambiar la perspectiva de la película porque queríamos darles el protagonismo a las comunidades indígenas, quienes fueron parte del proceso de escritura e investigación. Tradujimos junto a ellos el guion a las lenguas indígenas, y durante ese proceso aprobaron todo lo que estaba escrito en él e hicieron muchos aportes.

¿Por qué fue la decisión del blanco y negro?

Me inspiré en las imágenes que tomaron los exploradores. Eran grandes placas fotográficas, casi daguerrotipos. En esas imágenes el Amazonas era totalmente diferente del que tenemos en mente. Estaba desprovisto de exotismo, de exuberancia.  Estando allí, entendí que no iba a ser posible representar de una forma fiel el color de la Amazonía.  Es un color que tiene muchos significados para las comunidades nativas. Para lo que nosotros denomínanos verde, ellos tienen 50 palabras diferentes. Pensé que al representarlo en blanco y negro podíamos activar la imaginación del espectador. Y esa Amazonía imaginada será sin duda más real que la que podíamos haber filmado.

 

¿Cómo fue el trabajo de la fotografía?

La película se rodó en fílmico, en Super 35mm.  Queríamos rodarla en negativo original de blanco y negro, pero no nos fue posible conseguir la cantidad necesaria de película, así que optamos por rodar en película Fuji de color e hicimos la conversión.  Será una de las últimas películas en ser filmadas con película Fuji.  Todo el revelado y la postproducción de imagen la hicimos en Cinecolor Argentina; Beto Acevedo y su equipo hicieron un trabajo extraordinario con el material.

 

¿Qué expectativas tenés de la película y cómo será su futuro recorrido?

Yo no espero nada de las películas, para mí el hecho de poder hacerlas, que existan y poder compartirlas con un público es más que suficiente.  Todo lo demás viene por añadidura y lo recibo con agradecimiento.