La cultura del amor

Luego de nadar por los inicios de la Nueva Comedia Americana y escribir varias series de TV, el guionista y director Michael Showalter se pone al frente de una comedia romántica querible apadrinada y producida por el gran Judd Apatow.

La comedia romántica tiene muchas formas, pero todas comparten el mismo supuesto: un mundo imposible, una utopía en la que sueños y anhelos se cumplen eventualmente o, al menos, temporalmente. Ese es el encanto de lo que proponen, la idea de que la vida no se tiene que limitar al horario de oficina y pagar las expensas, que hay un universo donde las posibilidades admiten, casi aseguran, el final feliz. Obviamente existen revisiones y deconstrucciones del género, pero en su forma más pura esto siempre es así.

Los tiempos también cambian, y la comedia romántica con ellos. Lejos, muy lejos, parecen esas comedias de los años 90, con su star system monolítico (¿no sienten que Julia Roberts estaba en todas?), universo idílico en extremo y carencia de matices en sus personajes, todos en una clara posición ético-moral desde el comienzo. Las formas de representación, en todos los ámbitos, se muestran cada vez menos adeptas a la idealización; de la vida, del amor, de lo que sea.

En este nuevo milenio, una de las reencarnaciones más exitosas del género viene de la mano de Judd Apatow. Como productor o director, Apatow sigue visitando la comedia romántica, retocando elementos pero respetando su espíritu. Su acercamiento se vuelve más cercano, real si se quiere, al centrarse en personajes un poco rotos, llenos de inseguridades y fracasos, siempre adorables un poco a pesar de sí mismos.

The Big Sicknace por insistencia de Apatow a Kumail Nanjiani (Silicon Valley), guionista y protagonista, de ficcionalizar la historia de cómo conoció a su esposa, Emily V. Gordon, también guionista de la película. La trama comienza con el habitual meet cute (y este, en pleno acto de stand up, es muy cute) y sigue los lineamientos clásicos durante todo su primer acto. El giro viene cuando, tras cortar, Emily (Zoe “mirada que te derrite” Kazan) cae en coma por una enfermedad y Kumail (el personaje mantiene el nombre del actor) se encuentra acompañando a los padres de ella. La película cambia el foco y se vuelca sobre la relación del protagonista con sus ex suegros. Holly Hunter y Ray Romano, que los interpretan, se convierten rápidamente en el alma del relato. Hunter, hostil y resiliente, complementa perfectamente al padre bonachón y calmo de Romano, que pasea de doctor a doctor con su libretita, tratando de entender lo que sucede con las herramientas a disposición. Es un regreso hermoso el de Romano, que nunca supo encontrar su lugar tras la fama televisiva.

Este foco en la relación con los padres de la novia sirve como pitch, y en esa relación descansa gran parte del peso del relato, pero dista de ser el único. El factor Apatow se nota más fuertemente en su círculo de amistades, un grupo de comediantes con códigos propios, interpretados por cómicos poco reconocidos que eventualmente veremos en sus propias películas. Quizás por esto es también el más disonante de los puntos del film, aquel que se siente no solo ya visto, sino demasiado calculado. La relación de Kumail con sus propios padres y el mandato paternal es también abordada por el comediante. Hijo de inmigrantes, el conflicto central es motivado por las imposiciones culturales de sus familiares, y Nanjiani aprovecha para tratar estos temas. La presentación constante de novias por parte de su madre es digna de mucho humor, y causante de quizás el único momento flojo del film, cuando el quiebre con Emily se produce por culpa de esto. La película, quizás demasiado convencida de su propio progresismo, presenta una indignación extraña con Emily, que no logra comprender la situación que enfrenta su pareja. Es un problema menor, que la película se saca de encima rápidamente, pero que no deja de generar cierto ruido.

Estas relaciones le aportan un toque personal a una película que no teme recorrer viejos caminos con un andar diferente. El imposible que presenta, no menos imposible por estar basado en hechos reales, se vuelve cercano en estas relaciones problemáticas, improbables, encantadoras.

 

Un amor inseparable

The Big Sick

De Michael Showalter

2017 / Estados Unidos / 120’

Estreno: 25 de enero