La delgada línea rota

La primera ficción del reconocido documentalista Jorge Leandro Colás investiga los contornos dibujados e invisibles entre los territorios y barrios cerrados. Charlamos con el director sobre esta nueva experiencia.

Después de años dedicado al cine documental, con tres largometrajes dirigidos (Parador Retiro, Gricel. Un amor en tiempos de tango y Los pibes), Jorge Leandro Colás decidió dar el salto al cine de ficción. Barrefondo transcurre en algún lugar cualquiera del conurbano bonaerense donde un muro o un alambrado separa los barrios cerrados del resto de la geografía. El protagonista es Tavo, un piletero que transita por ambas márgenes y se relaciona con un delincuente conocido para que le proporcione información sobre las casas de los countries.

 

¿Cómo surgió el proyecto? ¿De dónde surgió la historia?

El proyecto es una adaptación de la novela Barrefondo del escritor argentino Félix Bruzzone. Cuando leí la novela, allá por el año 2011, sentí desde la lectura de las primeras páginas del libro que había un material muy atractivo y muy potente para ser trasladado a la pantalla. La construcción de Tavo, el personaje central; la forma de hablar de muchos de los personajes de la novela; la atmósfera suburbana, entre realista y enrarecida a la vez; el contexto de los countries de Buenos Aires; ciertos matices y ciertas ambigüedades morales que atraviesan el relato de principio a fin. Todos estos elementos aparecían en la novela claramente filtrados desde la mirada de lo real, ya que Félix no solo es escritor, sino que también trabaja como piletero, al igual que el protagonista de su novela. Como toda mi experiencia previa en cine tiene que ver con el documental y Barrefondo sería mi primera película de ficción, encontraba en el anclaje de la novela con lo real algo cercano, posible y afín.

 

¿Esa línea difusa en donde se conectan los delincuentes con la gente trabajadora te resultaba atractiva? ¿Por qué?

Cuando Tavo, el piletero, es tentado por la banda del Pejerrey a vender información de las casas en las que él trabaja para que ellos puedan ir a robar, surge claramente un dilema moral. Un dilema moral para el personaje pero también para el espectador. Entonces nos parecía muy interesante hacer decididamente difusos esos límites entre los buenos y los malos, entre el bien y el mal, incluso a sabiendas de que podríamos llegar a incomodar a algunos espectadores que esperen un estado de situación un tanto más plano y maniqueo. Tavo, su mujer, su suegro, sus clientes del country, los chorros, incluso los policías, están –como diría el tango de Discépolo– todos en el mismo lodo. Intentan zafar de una realidad complicada, intentan sobrevivir, toman decisiones acertadas y equivocadas y ponen en riesgo a propios y ajenos. En este sentido, tuvimos siempre como premisa clara no juzgar a nuestros personajes. Creo que esto también tiene que ver con nuestro trabajo previo en el documental, donde es imprescindible estar a la par, estar a la misma altura que tus personajes para acompañarlos en sus historias.

 

¿Cómo te resultó el paso de documental a ficción?

Creo que hay diferencias sutiles y menores dentro de un mismo universo, que tienen que ver con el lenguaje, la construcción del relato y los recursos formales. Pero creo que el gran cambio tiene que ver con el rodaje. Entre un rodaje de documental y uno de ficción hay un abismo de diferencias. En el documental los equipos están conformados por cuatro o cinco personas, los rodajes son muy extensos, podés seguir un proceso o a un grupo de personas durante un año y lógicamente no hay actores. En el caso de Barrefondo, tenía que trabajar con un equipo diez veces más grande, sostener un rodaje muy intenso en un período realmente muy corto en el que prácticamente no hay segundas oportunidades, y por último ingresar al fascinante y enigmático mundo de los actores. Siempre lo nuevo trae duda, incertidumbre y miedo, pero sin dudas se trató de una experiencia que repetiría.

 

¿Cómo es pasar de una situación más de observación a ser quien guía la acción?

Me parece que la película cruza estos dos aspectos que mencionás. Por un lado hay una trama muy construida que se nutre de algunos elementos del género policial como la estructura narrativa, ciertos tópicos y la utilización de un personaje central como guía de todo el relato. Por otro lado, también me parecía interesante conservar algunas huellas del cine documental y específicamente de la observación. El uso de la cámara en mano, generalmente muy cercana a nuestro personaje central; largos planos secuencia; lógicamente el uso de escenarios reales; cierta rusticidad y agresividad de la banda sonora. Eran elementos que tienen que ver –a priori– un poco más con el documental, y que en este caso podían dar una carga de mayor realismo a la historia que estábamos contando.

 

Barrefondo

De Jorge Leandro Colás

2017 / Argentina / 76’

Estreno: 25 de enero