"La deuda": Hablamos con Gustavo Fontán y Belén Blanco

Uno de los más destacados autores del cine nacional independiente filma su película más ambiciosa hasta la fecha, con producción de Lita Stantic y Pedro Almodóvar.

Gustavo Fontán siempre fue una rara avis en el cine nacional. Sus películas fueron muy económicas, no solo en términos de presupuesto, sino en cuanto a la manera de filmar. Pero siempre hubo una conexión profunda y poética de sus imágenes con la naturaleza.

Luego de sus primeros largometrajes sobre las figuras de los escritores Macedonio Fernández y Leopoldo Marechal, en 2006 estrenó el primero de sus filmes centrado en la poética de nuestro entorno: “El Árbol”, al que le siguieron “La Orilla Que Se Abisma”, “La Madre”, “La Casa” (rodada en el hogar abandonado que le pertenecía a sus padres) y su filme más ambicioso en estructura: “El Limonero Real”, basado en la obra de Juan José Saer.

Pero este mes llega su debut en las grandes ligas, con producción de Lita Stantic del lado argentino y con los hermanos Almodóvar completando la coproducción española. Por primera vez, además, Fontán se adentra con la cámara en la nocturnidad y en los centros urbanos, abandonando, momentáneamente, la paz de la naturaleza.

“La Deuda” se centra en el el viaje hacia el infierno que realiza Mónica, interpretada por Belén Blanco. El personaje no realizó los pagos de un cliente de la oficina en la que trabaja y los quince mil pesos que faltan, no solo G la complican a ella, sino también a un compañero que descubre la infracción. Mónica se compromete a reponer la suma de dinero a la mañana siguiente. Dispone de catorce horas aproximadamente. Catorce horas, en su mayoría nocturnas, en las que se verá envuelta en situaciones difíciles y en las que tendrá que realizar maniobras igualmente complejas para conseguir saldar su falta.

Opresiva y asfixiante, la propuesta producida por Lita Stantic y El Deseo, de Pedro y Agustín Almodóvar, llega con su hermética reflexión sobre las personas y sus decisiones, pero también sobre cómo no se hace esperar la reacción de cada acción.

Haciendo Cine dialogó con Fontán y con Blanco para conocer más del trabajo. “La cuestión de género ocupa hoy un lugar revolucionario y la película no obedeció a eso ni a ninguna especulación en torno a eso. Trabajé con el guion durante siete años y surgió desde una pequeña anécdota de la que me enteré: una mujer debía y robó plata y su compañero la protegió. Ese fue mi punto de partida. Es parte de un sistema con una terrible ferocidad: los vínculos marcados por el dinero generan un mundo sin ternura”, dice Fontán.

Sobre el rol de la protagonista a lo largo de su derrotero, el director agrega: “Mónica actúa, hace cosas desde su instinto y, desde ahí, conecto con el momento que se vive en torno a la mujer, desde algo que ella hace inconsciente”.

Con la cámara puesta en ella durante todo el metraje, Belén Blanco se convierte en el centro de la película: “El trabajo con Belén fue fantástico. Ella aportó también para que Mónica operara como desde una fuerza misteriosa, un poder, un lugar desde donde desarrolla sus actos, obedeciendo a una fuerza interior que hace que cada acción de ella sea como pequeñas rupturas, logrando que no se convierta en una caricatura. Belén brinda esa gran cuota”, suma Fontán.

Blanco llegó a protagonizar “La Deuda”, tras un riguroso casting a cargo del director y la productora Lita Stantic: “En un primer momento no había actores. Con Lita pensamos mucho, mucho, el casting. Fue muy riguroso porque ahí estaba la apuesta y ella apostó a Belén. Nos pasó así con todos. Veíamos materiales de actores/actrices y sabíamos luego quién podría ser. Estoy muy feliz por el resultado, porque a veces es muy difícil lograr ese nivel de entrega por parte de los actores”, termina.

 LA NOCHE Y LA CIUDAD

Además de trabajar con actores reconocidos y con productores de la trayectoria de Stantic y los Almodóvar, Fontán filma en la ciudad por primera vez: “Para mí era un desafío, pero no me era desconocido. Trabajamos pensando al espacio como un territorio hostil, sin lugar para la ternura. Por eso también la abstracción que se hizo, gracias al mismo equipo que me viene acompañando, repensando ciertos criterios: la idea del río desde los autos, el tren, una idea de que ni la luz del sol puede embellecer la ciudad. Para nosotros era un viaje de la urbanidad hacia el desierto”, concluye.

 Luego de casi cinco años alejada de la pantalla grande, en 2018 Belén Blanco regreso al protagónico por partida triple. Con Fernando Spiner y Daniel Fanego en “El Último Inmortal”, con Rodrigo de la Serna en “Al Acecho” y dirigida por Fontán en “La Deuda”, la primera de las tres en llegar al cine.

 Sobre su rol, la actriz reflexiona: “Creo que es una de las pocas protagonistas femeninas del cine local en el que un personaje avanza. Mónica es un personaje o persona muy difícil de marcar, difícil de conocer. Hay una virtud en el guion de no cerrar, no adjetivar, no quemar el personaje en cosas arquetípicas. Puede que haya por momentos lugares comunes, pero dan espacio para que aparezcan otras cosas”.

Continúa: “Hay unos intersticios de los vínculos muy interesantes. Mónica tira todo el tiempo la soga de los vínculos, tensionándolos. No es un personaje que solo quiere esa plata para saldar la deuda: inconscientemente opera generando esa tirantez. La película habla de una persona que presiona las situaciones por circunstancias de la vida. Hay algo cíclico, un pálpito de no querer, de no querer más algo que está ahí”.

Sobre el proceso de rodaje, la actriz agrega: “Fue muy placentero el trabajo con los compañeros; hubo ensayos en los que hablamos mucho de los vínculos, construyendo el pasado de las relaciones para llegar al set con una información y asociaciones logradas. Había trabajado con todos mis compañeros antes, pero acá fue distinto. Hicimos mucho menos de lo que creía que se tenía que hacer. Había austeridad en la composición, pero también sinceridad, llegando incluso a repetir muy poco las escenas”, suma