La esperanza de Hollywood que pone en pie de guerra a los exhibidores

Pasado el boom de la digitalización, Hollywood busca nuevas formas de atraer espectadores. The Screening Room y Prima se proponen para llevar el cine directo a la casa de los espectadores, pero eso que puede ser una solución para los estudios representa una amenaza para los exhibidores.

Durante el último CinemaCon en Las Vegas quedó clara la preocupación de la industria por las escasas perspectivas de expansión que se vislumbran para el cine. Es que, pasado el auge de crecimiento que impulso la digitalización, tanto Estados Unidos como Europa están casi estancados o con movimientos muy leves, en algunos casos negativos. Las regiones en las que aún hay oportunidades son precisamente aquellas que llegaron más tarde a la digitalización, como, por ejemplo, Latinoamérica.

En esta mirada global, China merece un capítulo especial porque está creciendo de forma descomunal, a razón de 14 nuevas pantallas por día. Con esta tasa de crecimiento estará por encima de Estados Unidos tanto en número de salas como en venta de tickets en este mismo año. Sin embargo, no es un mercado fácil para Hollywood, porque el gigante asiático juega con sus propias reglas. China tiene sus propios proveedores de equipamiento para salas, y son ellos quienes tienen la mayor parte de las instalaciones, lo que hace difícil la entrada de las marcas tradicionales. A su vez, para los estudios la dificultad está en que China solo permite el estreno de 34 películas no chinas por año. Por esta restricción, y solo a modo de ejemplo, la última entrega de La guerra de las galaxias no pudo estrenarse en China en 2015.

Este escenario un tanto difícil para la expansión de salas es un terreno fértil para propuestas de exhibición alternativas que quedaron desterradas durante el auge del cine digital. El caso más emblemático y cercano nos remonta al 2011, cuando DirecTV proponía incluir títulos en su grilla 60 días después del estreno en salas. En ese entonces Alan Stock, en un famoso reportaje del Hollywood Reporter, dijo: “We are not here to market movies for DirecTV and VOD. We are demanding they tell us upfront what movies those are (…). Our goal is to promote and advertise movies for their theatrical run”. (“No estamos aquí para vender películas para DirecTV y video on demand. Estamos demandando que ellos nos digan cuáles son esas películas (…). Nuestro objetivo es promocionar y publicitar películas para su exhibición corrida en cines”.)

Poco después, AMC y Regal se sumaron a Cinemark y anunciaron que no colocarían pósters en sus salas ni pasarían trailers de películas que se fueran a estrenar en ese formato. Con esta respuesta, los estudios tuvieron que retroceder en su acuerdo con DirecTV y todo quedó en la nada. Hoy, cinco años después, el cine en el hogar vuelve a la carga con propuestas renovadas. Conscientes del poder que tiene el sector de exhibición dentro de la industria, las nuevas propuestas intentan no quitarles público a las salas o compensarlas económicamente, ya que aprendieron que no pueden lograr acuerdos con Hollywood sin contar con cierto apoyo de los exhibidores.

La más agresiva de estas propuestas es la impulsada por Sean Parker, fundador de Napster y protagonista del gigantesco Facebook. La compañía que fundó junto a Prem Akkaraju, The Screening Room, propone instalar un receptor especial en el hogar por un costo de 150 dólares. Con este equipo y una buena conexión a Internet, el usuario podrá ver estrenos mientras estos aún se encuentren en cartel. El costo del alquiler de la película es de USD 50, y el usuario puede verla cuantas veces quiera por un lapso de 48 horas. De estos USD 50 correspondientes a cada título, The Screning Room propone pagar USD 20 a los exhibidores cinematográficos a modo de compensación. Estos USD 20 no están tan lejos de lo que le queda a un exhibidor cuando cobra entradas por USD 50 luego de descontar lo que le debe pagar a la distribuidora y la plata destinada a los impuestos.

Tal vez por ello The Screeening Room cuente con el apoyo de directores de la talla de Peter Jackson, J.J. Abrams, Steven Spielberg y Ron Howard y con cartas de intención firmadas por importantes cadenas exhibidoras como AMC. El mismo Peter Jackson afirmó en una nota de Hollywood Reporter que apoya esta iniciativa porque “va a expandir la audiencia para una película y no solo mover audiencia del cine al living”. Y este es precisamente el punto en el cual se produce la disidencia. Para muchos exhibidores esta iniciativa sí les quitará público a las salas, ya que esos USD 50 son un valor similar a lo que paga una familia tipo cuando va al cine. Adicionalmente, más allá de lo económico, atenta contra el hábito de ir al cine en especial para las nuevas generaciones hacia las cuales, precisamente, está enfocada esta tecnología.

The Screening Room, por su parte, enfatiza en que su propuesta le dará a Hollywood nuevos ingresos que podrían superar los 10 billones de dólares, y también en que será una ventana alternativa a nivel global que brindará oportunidades para productos que no encuentran salida en la exhibición convencional. Además aseguran que su producto cautivará a un público con una edad de entre 25 y 39 años que actualmente no va al cine.

The Screening Room no tiene el futuro asegurado; con las aguas divididas, su controversial propuesta avanza y retrocede semana a semana en una feroz pulseada en la que hay millones en juego. Es tan fuerte la tensión que, durante las conferencias de CinemaCon, todas las personalidades de la industria estaban pendientes del tema pero casi todos evitaron pronunciarse y, de hecho, quienes hablaron evitaron nombrar a The Screening Room como si fuera una palabra prohibida.

Sin embargo, hay otras propuestas que han logrado un mayor avance haciendo menos ruido, e incluso ya están operando en algunos países. Tal es el caso de Prima, la cual está enfocada en un público que no va al cine y que si lo hace genera complicaciones. Multimillonarios, políticos, famosos, personalidades amadas u odiadas en exceso que puedan pagar un reproductor de entre USD 35.000 y USD 50.000, y USD 500 por película 2D o USD 600 por película 3D. Claramente Prima no es para cualquiera, y en este reducido número de usuarios está su principal motivo de aceptación. Adicionalmente, Prima tiene un sistema antipiratería de última generación que genera tranquilidad en los estudios y, a diferencia de la propuesta de The Screening Room, exige condiciones de proyección profesional e instalación por parte de un técnico certificado. Cabe aclarar que los USD 35.000 son solo para el equipo reproductor base; si el usuario quiere imagen 4K y sonido Dolby Atmos, debe desembolsar USD 50.000. Estos valores no incluyen los equipos de sonido y proyección que deberán ser pagados aparte. Eso si el sistema está realmente bien pensado. Las películas se descargan íntegramente (vía conexión a Internet de alta calidad) en la memoria del equipo y se guardan para estar disponibles cuando el usuario las requiera. Esto evita que durante la reproducción se modifique la calidad de imagen o se pause por problemas de conectividad. A su vez, la calidad de imagen del archivo es superior a la de un Blu-ray y está muy por encima de lo que ofrecen sistemas de streaming como Netflix.

Dado el costo de las películas, el sistema está equipado con lector de huellas digitales para que solo los usuarios autorizados puedan seleccionar los títulos que quieren reproducir. Actualmente Prima no cuenta con el apoyo de todos los estudios, pero cuenta con el 60% de los títulos en cartel en promedio. Al día de la fecha no está autorizada para operar en Latinoamérica, pero gracias a buenas fuentes sabemos que están trabajando para expandir sus contratos en la región e incorporar el resto de los estudios.

Analizando la historia, los sistemas de video o cine en el hogar compiten más entre sí que contra el cine. Uno a uno se han ido depurando y reemplazando a lo largo del tiempo. Sin embargo, el cine ha logrado sobrevivir a todos ellos, e incluso ha presenciado el amanecer y el ocaso de varios. Esta historia se repite una y otra vez desde que apareció la televisión, los proyectores Super 8 sonoros, las videocaseteras, los videoclubes, el DVD, el Blu-ray, los televisores 3D, los home theatres, Internet y Netflix. Tendremos que ver de qué manera la exhibición tradicional puede convivir con estas nuevas tecnologías, limitarlas o buscarles alguna arista favorable, ya que detenerlas por completo es imposible.

Y si no miremos lo que pasó con Netflix: cuando los estudios quisieron dejarlo sin películas importantes, Netflix redobló la apuesta y se puso a producir contenidos. Hoy es un estudio más que compite con quienes antes eran sus proveedores. Además modificó los hábitos de los espectadores, y hoy muchos de los usuarios que antes miraban películas están atrapados por sus series.

Por su parte, el cine tiene algo que nadie puede quitarle. El cine tiene su magia y es una de muestras salidas preferidas, ya sea con familia, con amigos o en pareja; dentro de todo, sigue siendo una opción económica y popular, y también una actividad social que nos convoca y nos reúne. Para que el cine perdure y siga evolucionando será importante generar acciones proactivas tendientes a crear y mantener el hábito de ir a ver películas, en especial para las nuevas generaciones. Es tal vez la mejor forma de asegurarle una larga vida al cine.