La fuerza del engaño

El crazy Che cuenta la historia de un ingeniero argentino que durante la Guerra Fría se desempeñó como espía para el servicio secreto cubano. Tiempo después, se entregó a la CIA involucrándose en una operación de contraespionaje. Hablamos con Pablo Chehebar y Nicolás Iacouzzi, directores de la película.

¿Cómo dieron con este personaje?

Es una historia difícil de creer pero cierta: simplemente encontramos la historia por Internet y nos pareció maravillosa. Investigamos y vimos que nadie había realizado un documental sobre la vida de Gaede. Nosotros en ese momento todavía no sabíamos si era real o inventada pero decidimos profundizar. Entonces tomamos coraje y lo contactamos por mail pensando que nos íbamos a encontrar con un demente. Nos tiramos a la pileta. Guillermo vive en Alemania así que le escribimos para hacer una charla por Skype y quedamos en conocernos aprovechando un viaje de Guillermo a Buenos Aires a visitar a su familia. En medio de todo eso confirmamos los datos más inverosímiles de la historia; quedamos muy sorprendidos y con un poco de miedo.  Realmente era cierto que había estado preso en Estados Unidos por espionaje industrial. Ahí nos dio un poco de miedo pero decidimos continuar. La pregunta era: ¿cómo íbamos a lograr seducir a este personaje que lidió con la SIDE, la CIA, Cuba, Rusia, China e Irán  para que nos diera su historia de vida y su confianza para hacer un documental? Sabiendo que era argentino y oriundo de Lanús, llamamos a Marcos, nuestro amigo que mejor sabe hacer asados. Y así, con la panza llena y algunas cervezas, lo convencimos de filmar su historia en exclusiva.

 

¿Cómo fue el proceso de investigación y rodaje?

El proceso fue muy difícil. Imaginate que la CIA o el FBI no te dan una nota para confirmar información y mucho menos te dan documentos. Además había mucha gente y empresas que habían quedado mal paradas. Por eso la investigación fue súper compleja, porque sabíamos que no podíamos hacer un documental únicamente con la versión de Guillermo. Con mucho trabajo e insistencia llegamos a lugares muy difíciles de acceder, contactando a gente que no quería hablar, pero que nos confirmaban la veracidad de la historia. Eso nos daba más fuerzas para seguir investigando. Por ejemplo, el jefe de seguridad de Intel no nos dio la nota pero nos dejó saber que no quería tener nada que ver nunca más con Bill Gaede; lo que por otra parte confirmó la relación entre ambos. Así también nos sucedió con la gente del servicio secreto cubano. Por otro lado hubo mucha gente, periodistas de CNN y compañeros de trabajo, que se mostraron muy dispuestos a brindarnos información sobre esta historia que a ellos también les parecía impresionante. Conseguimos además mucho material de archivo y documentos que confirman todo lo que se dice en el documental.  La historia es muy compleja y fue muy difícil procesarla para convertirla en una película atractiva y comprensible. El rodaje fue muy ameno y a su vez caótico. Filmamos de incógnito en varios lados, recreamos la historia en otras partes y descubrimos cosas aún más bizarras que realmente sucedieron. También es importante aclarar que la película cuenta con varias escenas animadas que demandaron mucho tiempo y esfuerzo. Estas animaciones fueron una de las tantas maneras que encontramos para recrear partes de la historia buscando que el público tomara conciencia de la aventura increíble de Guillermo. 

 

¿Encontraron sobre el tema del espionaje en Argentina películas o documentales que lo investigaran?

Documentales y películas de espías hay miles. No tanto en Argentina. Lo que más nos llamó la atención al descubrir esta historia era que claramente las películas nos habían “vendido” una realidad muy distinta de lo que sucede en ese mundo. Uno sabe que los espías no son personas musculosas y cancheras como Tom Cruise o Sean Connery, pero jamás imaginamos que había tantas cosas que se movían con tal grado de descuido. Nuestra frase para promocionar el documental terminó siendo “El espionaje no es como te lo contaron”, porque realmente lo sentimos así, con un componente muy artesanal. No solo por cómo se manejó Bill, sino por las cosas que hicieron los agentes del FBI, la manera en que manejaron la seguridad empresas como INTEL o AMD. Evidentemente al espionaje lo tenemos idealizado por las películas, pero está muy lejos de funcionar como un reloj suizo. La realidad es que a veces está más cerca de lo que era la serie Superagente 86.

 

¿Qué es lo que más les interesa del género del documental?

El documental es un género peligroso por las posibilidades infinitas que te da sumergirte en las profundidades de una persona para entender los hilos de aquello que lo movió a hacer algo fuera de lo común. Y ese peligro lo hace irresistible para nosotros. Las personas no son como los personajes de ficción, tienen una profundidad que a veces se siente infinita, depende de hasta dónde uno quiera llegar. Y uno se puede perder en ese infinito buscando el motivo final. Pero a la vez es maravilloso el hecho de que nada esté escrito de antemano: el documental se va encontrando. Creo que es imposible pensar un documental, escribirlo como si fuera una ficción. El guion puede ser una excelente herramienta de partida, pero el documental en sí se va encontrando en el hacer. Eso es maravilloso.

 

¿Cómo fue el recorrido de la película y qué esperan de su estreno?

Cuando estaba en proceso de posproducción, la película estuvo en el Work in Progress del DOC Buenos Aires de Ventana Sur, donde ganamos el Premio de Directores por DAC y Mejor Documental por EcuadorTV. La película se pasó en el Bafici 15 y ahora estamos haciendo el estreno oficial en Buenos Aires. También está anotada en varios festivales internacionales y estamos esperando la confirmación de sus próximos pasos, pero estamos seguros de que nos va a deparar grandes sorpresas.​