La Internacional de la risa

“I’m sorry, I don’t know what the hell you are saying”, o simplemente “What?” fueron algunas de las cosas que nuestro cronista (por culpa de su dicción poco agraciada del inglés) tuvo que escuchar de boca de su distinguido entrevistado, por demás gentil y paciente. A pesar de todo, pudo mantener algo parecido a una conversación con el gran John Landis, que será homenajeado por el Festival de Mar del Plata con una retrospectiva.

Una llamada desde Estados Unidos devuelve la voz lejana y un poco ronca de John Landis, el director que muchos supimos conocer años más tarde como el cerebro detrás de maravillas como Un hombre lobo americano en Londres, Blues Brothers o el videoclip de“Thriller”. Landis, originario de Illinois, Chicago, tiene el mismo tipo particularísimo de sangre de otros directores hollywoodenses que supieron hacerse un lugar en la industria estadounidense más comercial sin relegar por eso la voluntad de filmar películas personales, casi a la manera de los autores clásicos rescatados por la Cahiers du Cinemá, que se las arreglaron para expresar una visión del mundo sin dejar de integrarse a las filas de la industria como lo haría cualquier artesano. Cineasta de segunda línea, cara del mainstream americano poco conocida por fuera del círculo de fanáticos, Landis es responsable de muchas películas que afirman la calidad de un cine sin pretensiones más que las de contar una buena historia. Nada de solemnidad ni grandilocuencia, lo que importa es hacer reír, pasarla bien, incluso con el humor pavote y farsesco de una comedia como Oscar, ese concierto de payasadas en el que se lo puede ver a Stallone jugando a ser un capo mafia histriónico y de buen corazón. Incluso la gesta épica de los músicos ásperos y vestidos de negro que componen Dan Aykroyd y John Belushi (el Belushi bueno), que bien podría ser el material para un drama de grandes proporciones con moraleja incluida, en las manos de Landis se convierte en una fiesta de canciones en la que confluyen dos de los géneros más populares de la historia del cine: la comedia y el musical. Antes de que arribara la llamada Nueva Comedia Americana (una tendencia monopolizada por actores cómicos como Adam Sandler, Chris Farley, Will Ferrel o Jack Black, en la que rara vez hubo espacio para la emergencia de directores, aunque Ben Stiller es la excepción que confirma la regla), antes de las comedias de Judd Apatow que nos explican cómo es la vida y nos hablan de la importancia de crecer (en el cine de Landis, en cambio, se puede ser eternamente chico: Oscar trata de reformarse pero no lo logra y sigue dedicándose alegremente al crimen organizado), antes de los murmullos del mumblecore que le habla bajito y entre tartamudeos a un público muy reducido; antes de todos los sismas de la comedia americana, hubo una camada de directores (Frank Oz, Joe Dante, Ivan Reitman, Rob Reiner…) responsables de las comedias populares más recordadas de nuestra era. John Landis es uno de esos directores, y nos dijo todo lo que sigue.

 

¿Cómo te sentís con el hecho de que hagan una retrospectiva de tus películas en el Festival de Mar del Plata?

Bueno, creo que es muy halagador. Estoy muy entusiasmado porque me enteré de que también van a estar homenajeando a John Boorman –al que nunca pude conocer–, y soy un gran fan de él. (N. de la R.: Al final el director de Deliverance no viene al Festival).

 

¿Creés que tus películas ayudaron a que el mundo vea la comedia de otra manera, mejor que antes?

No, no lo creo. Hay dos cosas: una es que la comedia es “internacional”, y otra es que la comedia existe desde las primeras películas, desde el cine mudo. Siempre hubo comedia; hay cosas que simplemente son internacionales, tienen que ver con la condición humana, están en todas partes. El humor es un arma maravillosa que tenemos para lidiar con la realidad, porque la realidad no siempre es bonita. Creo que filmé algunas películas que hicieron que la gente se riera, o que fuera feliz, pero no me pongo por encima de nadie, en un nivel superior. Ya estoy demasiado contento con el hecho de que las películas que hice todavía son vistas muchos años después.

 

¿Tenés alguna película preferida dentro de tu filmografía?

Hay cosas que me gustan y cosas que no me gustan en todas mis películas. Cuando las veo, siempre pienso que hay partes que desearía haber hecho de otra manera. Pero algunas… Me gusta mucho Los tres amigos, todavía la disfruto. Me encanta la música en The Blues Brothers. Siento mucho cariño por Un hombre lobo americano en Londres porque la escribí cuando tenía dieciocho años, esperé mucho, mucho tiempo y finalmente pude hacerla. ¡La escribí en 1969!

 

¿Qué pensás de las comedias que se hacen hoy en día en tu país?

Hay muchas películas que me gustan, y creo que ahora hay muchos directores muy buenos, muchos. Pero no me siento cómodo diciendo nombres. Este es un problema que tengo siempre cuando la gente (como los críticos, o la gente de los medios) arma listas con lo que ellos llaman “las diez mejores películas”, o las “cinco mejores”, o las “cien mejores”. Tengo un problema con eso porque, por dar un ejemplo, en esas listas puede estar Philadelphia Story y justo después venir Dr. Strangelove. Las dos películas me parecen brillantes, pero no tienen nada en común; son tan distintas que no podés decir que una sea mejor que la otra, las dos son geniales. ¿Me entendés?

 

 ¿Y tenés directores favoritos?

Me gustan grandes directores como Leo McCarey y Howard Hawks. Hay tantos directores y comedias excelentes que me cuesta decir “este tipo es mejor que este otro”; es difícil para mí decir semejante cosa porque hay películas que adoro, pero eso no las vuelve mejores que otras, solo las convierte en películas que adoro. Lo interesante siempre es ver las comedias que se “adaptan”; lo mismo pasa con los libros, las pinturas o la televisión, eso es lo que las hace grandes.

 

¿Por qué estuviste casi trece años sin hacer una comedia?

Bueno, para ser sincero, tuve mucha suerte. La verdad es que me fue muy bien, así que quizás pasaron trece años en los que no hice ninguna comedia, pero nunca paré de trabajar. Hice documentales (que seguramente no pudiste ver) y un montón de televisión. No paré nunca. Lo que pasa es que creo que no hice ninguna película que haya sido estrenada en Argentina (al menos todavía). Ahora que lo pienso, hice muchas películas que no llegaron a Argentina. Es el negocio, eso es todo. Es irónico, porque la tecnología está volviendo más fácil el hecho de filmar películas, pero cada vez es más difícil llevarlas a los cines. Es el negocio.

 

¿Tenés pensado seguir haciendo comedias, además de videoclips y televisión?

Espero que sí, si consigo un buen guion. Quisiera hacer películas que me gustaría ver. Una cosa que no me agrada es cuando los directores se encasillan. Como los actores, los directores también son encasillados. Como hice comedias muy exitosas, la gente dice que soy un director de comedias. También hice un par de películas de terror muy exitosas, pero la gente no anda diciendo que soy un “maestro del horror”. Y además hice musicales. En los viejos tiempos, los directores eran capaces de pasar de una película a otra y a otra. Yo envidio la carrera que tuvo alguien como Michael Curtiz: trabajó para Warner Bros durante muchos años y filmó películas como Casablanca,Yankee Doodle Dandy,Robin Hood

 

Bueno, antes nombraste a Howard Hawks, que trabajó en casi todos los géneros que existían, ¿no?

¡Sí, claro! El problema es que hacer una película cuesta mucha plata, y la gente que te la da quiere hacer más plata, entonces terminamos siendo marcados. De todos los directores, Alfred Hitchcock fue el que más hizo de sí mismo una marca, se convirtió en “el maestro del suspenso”. Hubo otros dentro del terror, como John Carpenter o Tobe Hooper. Pero también eso puede ser frustrante porque, para un director de cine, el proceso de hacer una película es el mismo por cien mil dólares o por cien millones de dólares; el trabajo es idéntico. La verdad es que, cuando un director sabe lo que hace, puede hacer cualquier cosa.