La muerte conoce tu nombre

El cine paranormal argentino encuentra en Aterrados su punto más alto, y de paso Demián Rugna, su director, se emplaza como uno de los nombres más destacados de la escena fantástica local.

En algún momento, Demián Rugna tuvo como objetivo ser director de cine de terror. “Era como el sueño de pibe lograr un mote así”, dice. Luego, con el pasar del tiempo y el correr de las pelí- culas, descubrió que su obra tenía muchos más matices que lo acercaban a la comedia y lo alejaban de una postura solemne del terror.

Así las cosas, Aterrados, su última película, es un film de horror con vestigios de thriller psicológico que pone el ojo en una serie de hechos paranormales: una joven que levita y choca su cabeza contra la pared, un niño que no está precisamente muerto y la presencia sobrenatural que habita en una casa del conurbano.

“Aterrados empuja para adelante y busca cierto grado de originalidad, personajes queribles y algo de humor”, apura el cineasta. Y sigue: “Creo que las últimas modas del género también me alejaron un poco del terror”.

Rugna no simpatiza con las películas de tortura y sadismo (“me hincharon las bolas, digamos”) y, por eso, opta por buscar la historia antes que el efecto. En su intimidad, se siente más cómodo con el mote de “director de cine fantástico”.

Así también llegó No sabés con quién estás hablando, una “comedia fierrera” que no tuvo aún su estreno comercial. A propósito de No sabés con quién estás hablando, Rugna comenta: “Estamos esperando la mejor chance para estrenarla. La verdad es que alguien está perdiendo mucha guita al no distribuir la película en salas. Estoy seguro de que con una buena campaña puede generar un gran boca en boca porque es, según mi poco humilde parecer, una especie de Esperando la carroza moderna”.

Rugna, que en sus espaldas ya tiene la dirección de cuatro largometrajes (The Last Gateway, No sabés con quién estás hablando, Aterrados y Malditos sean!, en compañía de Fabián Forte), forma parte del saludable momento del cine de género local: películas que ganan festivales, que aúnan un interés común por el fantástico, que entronizan un bastión de cineastas jóvenes construyendo un interesante entramado de producción y que cuentan con el respaldo de un proyecto como Blood Window, fomentando lazos y promoviendo estilos. “Lo veo en su mejor momento, lástima que el presente de todo el cine argentino esté pasando un período nefasto”.

A la sazón, Rugna tenía un largometraje apalabrado para el 2018 y, en estos meses, estaba presentando dos proyectos en el INCAA. “Ahora todo eso se truncó, ¡todo!, y ya estoy sin laburo, así de simple”, se lamenta.

No obstante, Aterados encontrará su estreno en pantallas y llegará a México de la mano de la distribuidora Cinépolis, y hasta podría llegar a convertirse en un récord de salas para una película argentina en ese país. Y es curioso porque, en su composición, amén de ser una obra paranormal, de esas que abundan en cartelera, no encuentra su espejo en Actividad paranormal o El conjuro. “El libro está escrito hace casi 10 años y esas películas ni existían”, se sincera.

El deseo de Rugna es hacer una Poltergeist argentina: “Esa fue mi inspiración”, asegura. En el reparto de Aterrados se destaca Maxi Ghione con una versátil interpretación de un investigador que se ve envuelto en este caso de fuerzas desconocidas ajenas a la naturaleza. “Maxi es un crack; aun así, hay que dirigirlo y exigirle. Su forma de ser es estar al mango todo el día, y mi responsabilidad era estabilizar su energía y bajársela todo el tiempo para que pudiera ser el personaje que yo quería”, apunta. “Siempre responde porque entiende rápido y propone, tiene mucha memoria y oficio, lo que facilitó mucho cada encuadre. Aprendí mucho dirigiéndolo”.

Tras ganar el último Buenos Aires Rojo Sangre (“Significó mucho para mí porque hace quince años llevaba papelitos fotocopiados al BARS para dar a conocer mis cortos”), Rugna tiene varios proyectos en carpeta: Detrás de mis ojos, Chupacabras y Hasta la médula. “Igual, si no aparece una productora grande, y si quiero seguir viviendo del cine, lamentablemente tendré que continuar mi carrera en otro país”.

Además, piensa escribir una segunda parte de Aterrados. “Va a ser difícil, pero me gustaría”. Entretanto, Aterrados erige su potencia desde el miedo a lo inexplorado y, fundamentalmente, al desconocimiento de cómo es la muerte, de cómo luce y a qué huele: cómo el sepulcro encierra todos los misterios. “Sabemos que existe y eso nos aterra”. El miedo como parte de la vida, un miedo que escapa al dolor, a fracasar, a no tener dinero, a la vergüenza: el miedo de Aterrados es uno que no podemos siquiera comprender