La película luminosa

En la soleada Los Ángeles, una bellísima y encantadora actriz porno entabla una amistad impensada con una anciana jubilada. Con ese punto de partida –y dos actrices geniales–, Sean Baker construye una película tan bella como elegante.

 

Sean Baker es uno de los nombres más importantes del alicaído cine independiente (indie) norteamericano, inclusive a pesar de lo breve de su obra. Un lugar que supo ser una alternativa al cine comercial, pero que hoy en día funciona más como un escalón en la carrera de los directores, que como un lugar de libertad creativa. Starlet, cuenta la tan improbable como simpática amistad entre una anciana jubilada y una joven actriz porno, ambientada en el soleado San Fernando Valley (un lugar pocas veces tan luminosamente fotografiado). Con este, su cuarto largometraje, Baker realiza su mejor película y  termina de crear –o establecer– un universo propio en donde sus personajes e ideas cinematográficas, se mueven con una elegancia que el cine actual ya no conoce.

Gracias al Bafici y el festival de Mar del Plata, pudimos ver tu obra, con la excepción de tu primera película. ¿Podrías contarnos algo de tus comienzos como cineasta?

Fui a la escuela de arte de la New York University. Mi interés era tener una carrera en Hollywood haciendo películas mainstream. Creo que en mi segundo año descubrí la Nouvelle Vague francesa, cuando vi La rodilla de Clara (1970), de Eric Rohmer y ahí todo cambió. Esa fue mi puerta de entrada al cine francés. Pero después me interesó más el neorrealismo italiano y más tarde el realismo social británico, y todo eso me llevó a Cassavetes. En ese entonces no estaba muy familiarizado con el cine independiente norteamericano y ese estilo de obras.

Mi primera película la hice ni bien salí del NYU, se llama Four letters words (2000) y no se pasó nunca fuera de mi país. Es un film muy personal y fallido. De todas maneras, estoy muy orgulloso de haber hecho esa película a los 20. Después tuve la suerte de ser uno de los creadores de la serie Greg the bunny, que tuvo varias versiones a través de los años y me ayudó a pagar mis películas. Greg the bunny es un show de marionetas, una especie de comedia en la que usamos mucho la improvisación y técnicas del documental. Algo que me sirve mucho para después utilizar en los largometrajes, a pesar de que son materiales completamente distintos.

 

Viendo tus películas es difícil establecer conexiones con otros directores norteamericanos actuales.

La verdad es que me interesan e inspiran más los directores extranjeros. Creo que los directores norteamericanos que más me influenciaron son los de la década del 70, principalmente Cassavetes y Hal Ashby. De los directores de hoy, me intriga mucho el trabajo de Antonio Campos. Su última película Simon Killer (2012) fue criminalmente ignorada en USA. Gracias a Dios no hacemos películas similares así no tengo que competir con él. Los directores de hoy que tienen más influencia en mi trabajo son Lee Chang-dong, los hermanos Dardenne y especialmente Ulrich Seidl.

 

Starlet cuenta una historia de amistad entre dos mujeres. Una de ellas es una actriz porno, algo que el espectador no sabe exactamente, a pesar de tener pistas, hasta la mitad de la película. El trabajo es siempre un tema importante en tu obra. ¿Cómo se te ocurrió mostrar la vida diaria de una actriz porno?

Chris Bergoch, el co-guionista de Starlet, y yo estábamos trabajando en una de las temporadas de Greg the bunny para MTV y nuestro público estaba compuesto por hombres de entre 16 y 20 años, así que para satisfacer a ese sector demográfico terminamos seleccionando muchas actrices porno. Con algunas de esas mujeres establecimos una relación de amistad y empezamos a ver que sus vidas eran tan poco glamorosas como las del resto de nosotros. En ese entonces estaba interesado en hacer un pequeño film, estilo cinema verité, mostrando el día de una de estas “estrellas” cuando no están trabajando. Con Chris empezamos a tirar ideas y él sugirió hacer una película con más historia. Ahí volví a un viejo guión mío en donde alguien encuentra una suma de dinero, de esa mezcla nacióStarlet.

 

Las protagonistas de la película hacen un trabajo sorprendente. Una de ellas es Dree Hemingway (biznieta del escritor y modelo profesional) y la otra es Besedka Johnson, una señora de más de 80 años que nunca había actuado antes. ¿Cómo conseguiste estas actrices?

Dree vino a través Allan Mindel, que es nuestro agente y muy conocido por descubrir nuevos talentos. Me decidí por ella después de estar chateando por video una hora. Ni bien íbamos hablando me di cuenta de que era perfecta para el personaje, terminamos de hablar y le ofrecí el papel. Su sensibilidad, su porte me convencieron al instante.

Besedka llegó a nosotros como una bendición. Yo quería para el papel a una estrella de otra época. Y a pesar de que estuvimos cerca de contratar a una actriz de esas características, al final no nos pusimos de acuerdo. Siempre fue difícil conseguir una intérprete para ese papel. Faltaban tres o cuatro semanas para empezar el rodaje y ya nos estábamos poniendo muy nerviosos. Shih-Ching Tsou, una de las productoras ejecutivas de la película, estaba en la ciudad preparando la preproducción y fue al gimnasio de un YMCA para hacer un poco de ejercicio y ahí mismo, desde los vestuarios, me mandó un mensaje diciendo que había encontrado a nuestra actriz. Habló con Besedka y le pidió hacer una audición. Al principio pensó que era todo un engaño, pero accedió a conocerme. Durante la audición nos contó que vivió casi siempre en Los Angeles y que toda su vida había soñado con actuar en una película, pero nunca había tenido la oportunidad. Corte a un año y medio después: Besedka recibe un premio del jurado del festival SXSW 2012 en reconocimiento por su actuación.

Al que costó convencer es a mi perro Boonee (N. de la R.: el Starlet del título), le tuve que ofrecer muchas golosinas y mucho bacon. Le encanta el bacon.

 

La película evita muchos de los estereotipos a los que nos tiene acostumbrados el cine. En la historia no hay personajes malos, por el contrario, hay mucho respeto y empatía por tus personajes, algo muy raro en el cine de hoy.

Lo que buscamos fue crear personajes reales porque necesitábamos que la audiencia conecte con ellos y sus relaciones. No quiero decir que con el co-guionista tratamos de “evitar estereotipos y mostrar empatía”…Decidimos escribir para gente real, seres humanos de verdad y así es como nos salió una película muy humana. Queríamos capturar la verdad de los personajes y, a la vez, dejar un documento de lo buena que son estas actrices, capaces de lograr eso.

 

Hay varias escenas con actores porno. ¿Cómo te acercaste a ellos y cuándo decidiste utilizarlos en la película?

Sí, era muy importante para nosotros tener estrellas porno haciendo cameos en la película. A Manuel Ferrara, quien comparte una escena con Asa Akira, lo conocí en el Talent Testing (N. de la R.: compañía que se encarga de los chequeos médicos de los actores de la industria porno) y ahí mismo le ofrecí estar en la película y él aceptó enseguida. Algo similar ocurrió con Asa Akira. Fue todo así de natural. Chris Bergoch tenía una muy buena relación con ellos y fue de mucha ayuda a la hora de contactarlos y pedirles que nos ayuden y nos den asesoría técnica.

 

La producción de tu película es muy chica, sin embargo eso no se ve en la pantalla. ¿Cómo lograste eso?

Digamos que estoy rodeado por un equipo de gente muy talentosa que trabaja para eso. Son todas personas que tienen muchos talentos y a los cuales les debo mucho.

 

¿Cómo trabajaste con tu director de fotografía para lograr la imagen de la película?

Con Radium Cheung trabajamos en un vínculo de mucha colaboración. Desde el primer momento sabíamos qué lentes teníamos que usar y que íbamos a filmar en widescreen, para capturar la extensión de San Fernando Valley, y permitir que la luz se filtre a través del lente, ya que esa es la manera en la que yo veo esa zona. Cuando estábamos buscando locaciones, manejábamos por San Fernando y siempre había un momento en donde la luz te enceguecía. Así que le dije a Radium que debíamos buscar esos lentes vintage LOMO, lentes rusos, para poder capturar esa sensación. Radium es maravilloso a la hora de iluminar y encuadrar. Él trabaja mucho como gaffer, así que su idea a la hora de iluminar es muy sutil. Ilumina lo justo para que se vea lo que ocurre, sin dejar de ser realista. También combinamos encuadres clásicos con mucha cámara en mano. Escena por escena, a medida que filmábamos, buscamos la forma adecuada para cada situación. A veces yo hago cámara en mano, improvisando el encuadre, mientras los actores improvisan su actuación. Es una manera de acercarme a ellos y lograr intimidad. 

 

Estuviste trabajando de manera independiente desde hace más de una década. ¿Cuál es la situación del cine norteamericano actual?

El estado de la industria y del cine independiente está siempre cambiando. Cuando pensás que descubriste cómo funcionan las cosas, todo cambia de nuevo. Ahora, para mí, es muy difícil conseguir dinero para las películas que quiero hacer. Lamentablemente a los dueños de los cines nos les importan las películas independientes. Hoy la formula para tener éxito es usar muchos actores famosos en tu película. Una película con actores debutantes o desconocidos es muy difícil que consiga financiación. Yo me produje tres de mis cuatro películas. Por suerte no tuve que hacerlo con Starlet. Pero lo que sigue es difícil. Ahora estoy trabajando en una película con un presupuesto ínfimo, una quinta parte de lo que tuve paraStarlet. De todas maneras, prefiero hacer eso que estar esperando a que aparezca el dinero.

 

¿Además de ese, tenes algún otro proyecto?

Hay una comedia mucho más mainstream en la que estoy trabajando, pero recién estamos en las primeras etapas. Va a ser un camino largo. Estoy muy excitado, porque a pesar de ser un proyecto grande, yo la estoy escribiendo y va a ser mi película. Algo que siempre trato de hacer es ir por caminos que nadie recorrió. Hacer cosas que nadie hizo antes. Siempre quiero intentar algo nuevo para el público.