"La Sabiduría": Mujeres de armas tomar

Eduardo Pinto armó un elenco poderoso para un thriller de tintes sobrenaturales encabezado por mujeres de armas tomar: Sofía Gala, Analía Couceyro y Paloma Contreras. Hablamos con el cuarteto para conocer más sobre este nuevo estreno nacional.

Después de una fiesta de música electrónica, tres mujeres, Mara, Tini y Luz, deciden pasar un fin de semana en una vieja estancia en medio del campo. Pero lo que parece una estadía feliz se transforma en una oscura pesadilla cuando participan de un ritual nocturno con los indígenas y los peones.

Esta premisa le permitiría a un realizador ir hacia diferentes direcciones: el rape & revenge, donde las mujeres buscan venganza de sus abusadores o al terror más sobrenatural, donde los espíritus perversos hacen de las suyas.

Pero Eduardo Pinto, para su séptimo largometraje, elige tergiversar un poco las expectativas, al tiempo que mantiene un respeto por las normas del género.

Por eso, quienes se aventuren a entrar a la sala de cine a entregarse a “La Sabiduría”, se encontrarán con una experiencia extrema para los sentidos: tres mujeres solas, aunque empoderadas y armadas, peleando por sus vidas en el campo sangriento, enfrentando la violencia más primitiva de nuestra historia.

Las tres mujeres son Sofía Gala, Analía Couceyro y Paloma Contreras, mientras que el grupo que integran los siniestros hombres de campo está conformado por Daniel Fanego, Lautaro Delgado y Diego Cremonesi, entre otros actores de esa talla.

La película lleva años en desarrollo y, en una primera instancia, iba a estar apadrinada por nada menos que Alex de la Iglesia. Luego entró al ruedo de la producción Diego Rafecas, pero el director y productor de títulos como “Paco” falleció sorpresivamente en 2017. Pese al recambio de nombres detrás de cámara y con el correr de los años, el grupo fuerte que conforma el trío femenino se solidificó en la vida real, lo que le dio una carnadura extra a sus vínculos y padecimientos en la ficción.

Hablamos con Gala, Couceyro, Contreras y Pinto para que sean ellos los que nos compartan los secretos detrás de “La Sabiduría”.

“La Sabiduría” es una película de múltiples lecturas y hasta distintos géneros, dentro del cine de género. ¿Cómo fue encarar un proyecto así?

EDUARDO PINTO: Creo que el cine argentino estaba tabulado desde un lugar particular del naturalismo y, desde hace unos años, se está abriendo a los juegos dentro de los géneros. Esta es una película de terror psicológico, pero también es una película histórica y una película que reflexiona sobre la violencia de género, sobre el machismo, en especial en el campo. ¿Cómo arranca la historia? Hace varios años, María Eugenia Marazzi, la guionista, me dice: “hagamos una película para mujeres”. Al sentarnos a escribir llamamos a Diego Fleischer (“Pompeya”, “Mujer Lobo”) que se sumó como guionista. La película fue pasando por distintos productores, entre ellos Diego Rafecas, quien me contactó con Sofía. A Analía la vi en “La Terquedad”, la obra de teatro de Rafael Spregelburd. Y a partir de que el grupo quedó armado, las involucré mucho en el tramado de la historia. Para mí era importante que la película fuera de ellas.

SOFÍA GALA: En el tiempo que pasó durante todo el proceso del guion y hasta que filmamos, cambió nuestra propia visión de nosotras como mujeres. Entonces en un momento estábamos con un guion que ya tenía bastantes años. Y las tres nos juntamos con Edu y hablamos sobre ciertas cosas que se tenían que cambiar. Y Edu fue muy receptivo sobre eso. Hablamos muchísimo al respecto. Él quería hacer una película de mujeres y tenía que tener un pensamiento femenino. Y eso nos ayudó a enfrentarnos a un montón de cosas muy fuertes que pasan en el filme.

Hay un trabajo importante en la película en la que, más allá de la química entre las actrices, no hay un armado de los personajes femeninos en base a arquetipos o estereotipos para diferenciarlas: se nota que son mujeres independientes citadinas y modernas, pero sin clichés.

ANALÍA COUCEYRO: Porque nuestra relación misma fue fluyendo. La verdad es que en el tiempo en que empezamos a involucrarnos en el proyecto y esperábamos que se filmara, con Sofía nos hicimos amigas. Y, además, tuvo que cambiar el guion porque ya no podíamos ser esas adolescentes que mostraba el guion inicial (risas). Eso lo fuimos trabajando entre nosotras: el armar esa amistad entre nosotras siendo las personas y actrices que somos.

PALOMA CONTRERAS: Me parece interesante también haber podido hacer un cine de género sin entrar en los lugares comunes de “este personaje es así”, “este es asá”, “esta es la trola”, “esta es el eslabón débil”. Si bien empieza como una road movie, todo en la película sufre un giro. Y uno como espectador quizás ya viene con un chip sobre qué esperar en el cine de género. El choque con lo no-natural me parece más lindo y más nuevo que tener que trabajar con los arquetipos de siempre. Hay algo de la comunión de las mujeres que no suele mostrarse de manera verosímil. Hasta te diría que esos estereotipos son más del cine patriarcal. En un grupo de mujeres no hay una que “cumple el rol de...”.

ANALÍA COUCEYRO: Hay diferencias marcadas, sí. Pero no se nota tanto por la fortaleza del vínculo entre ellas, entre nosotras. Y eso se logró también por lo intenso del proceso de filmación, que llevó a que después de años de espera, la realización propiamente dicha fuera muy fuerte y en muy poco tiempo. Eso se ve en la pantalla: la comodidad que hay entre nosotras y la intensidad de la situación.

EDUARDO PINTO: Yo las veía y para mí eran amigas de toda la vida. Nunca había trabajado con tres mujeres en los protagónicos. Y veía cómo funcionaban, aun en las peores condiciones, y sentía que no tenía que darles demasiadas indicaciones al respecto: yo solo tenía que filmar, claramente.

En ese aspecto, toda la película juega con las expectativas del público con respecto a lo que esperar.

SOFÍA GALA: En los géneros es todo muy extremo. “Bueno, ellas se vengan y esto termina así”. Y en situaciones así, bordeando la locura, el verosímil es que atravesás por muchos más grises. No es “Kill Bill”, donde son todos expertos en artes marciales. Acá estas pibas están fuera de su elemento, son torpes en cuanto al manejo de armas o de cómo manejarse en la inmensidad o crudeza del campo. Tienen que aprender a sobrevivir dentro de lo que les va pasando.

 

LA VIOLENCIA DEL CAMPO

 

Otro elemento sobre el que gira la película es sobre este grupo de mujeres que quedan inmersas en un mundo de machismo y violencia extrema que tiene que ver con cierta idiosincrasia de lo profundo del campo argentino.

ANALÍA COUYCEYRO: Hay una violencia en el campo que tiene que ver con el orden social del campo: una estructura super patriarcal.

EDUARDO PINTO: La mujer fue cautiva en el campo a lo largo de la historia. Primero del indio, pero también del hombre blanco. Una vez que se termina la Campaña del Desierto, a las mujeres las traían a la ciudad y las vendían (las famosas “chinas”). Y la blanca era capturada por los pueblos originarios.

 

Hay escenas muy extremas en la película. ¿Cómo fue el trabajo junto a sus compañeros varones, ya que no deben ser situaciones cómodas para nadie?

ANALÍA COUCEYRO: Con Diego tenemos una escena de una violencia extrema y Diego es un caballero. Al día siguiente de hacerla nos decíamos “quedamos hermanados para siempre”, después de lo traumático que resultó para los dos. Pero antes fue super hablado, ensayado, coreografiado.

SOFÍA GALA: El tema es que, como actores, trabajamos una línea muy delgada a veces en ciertos proyectos sobre cosas a las que uno se tiene que someter para conseguir un montón de sensaciones.

ANALÍA COUCEYRO: El tema es el consentimiento. No algo donde te sometan, sino algo elegido. Tampoco creo en el exceso de moral que pueden neutralizar ciertas situaciones creativas. Pero es en la falta de consenso donde se oscurece todo.

SOFÍA GALA:Creo que el feminismo surge también para eliminar ciertas cuestiones de abuso que se hacían pasar por temas de actuación de método, en las que las actrices no estaban de acuerdo con lo que el director o sus partenaires les hacían pasar “para sacar lo mejor de ellas”. Yo en la comodidad me tiro de una montaña, no tengo problema. Pero no sé trabajar desde el abuso o la incomodidad. Hay situaciones de tener el poder sobre el otro que ya no pueden existir más. Hay algo del estar de acuerdo con todo lo que vas a vivir que es necesario.

EDUARDO PINTO: Yo a ellas las veía poniendo el cuerpo: terminaban lastimadas, agotadas de correr por el campo, con el calor y los insectos del campo, que no son lo mismo que el calor y los insectos de ciudad. Es todo hiper-dimensionado. El campo argentino es un lugar hostil, donde se derramó muchísima sangre. No es todo un lugar bucólico como lo muestran muchas veces. Y eso se logró en un clima de mucho respeto y camaradería.

 

A nivel visual se siente ese acompañamiento, más siendo tu propio director de fotografía.

EDUARDO PINTO: Para mí, desde el guion que va hermanado el aspecto visual. “La Sabiduría” es un cuadro del Bosco por momentos. Hay una trampa: todo es muy bello, pero a la vez es oscuro. El atardecer bucólico en la laguna que sirve de fondo para una escena de gran violencia. En lo pictórico de la imagen hay una trampa permanente. En el campo los atardeceres son increíbles y siempre pensé en filmarlos a lo Favio, los atardeceres de “Juan Moreira”.  Para mí es indispensable darle importancia a la fotografía.

 

VIENTO EN CONTRA

Pese a la belleza de su fotografía y la excelencia de sus rubros técnicos, Pinto admite que varios elementos del filme quedaron fuera del plan de rodaje por cuestiones de costos y de tiempo. Tanto el director como sus protagonistas reconocen que, hoy en día, filmar una película en más de cuatro semanas es una epopeya reservada solo para los más solventes y que eso perjudica de manera directa el resultado de las obras.

EDUARDO PINTO: Hoy el cine argentino necesita replantearse las cosas. No se pueden filmar películas en tres o cuatro semanas. Quizás en este caso no se note en el producto final, pero yo sé que con una o dos semanas más, “La Sabiduría” explotaba. Hay escenas que no se pudieron hacer. ¿Se puede hacer en menos tiempo? Sí, pero después los actores, el equipo, yo como director: terminamos todos rotos.

SOFÍA GALA: Todas las películas que filmé este año fueron en tres o cuatro semanas. Para saber hacer cine hay que hacerlo. Hay un desinterés y un maltrato general, como si todos fuéramos todoterreno y lo único que importa es terminar la obra sin importar de verdad el resultado. Como si el sufrimiento fuera algo característico.

PALOMA CONTRERAS: Lo peor es que recibís ese maltrato de los que deciden las políticas culturales. Pero después cuando las películas son premiadas o las obras son aplaudidas, la mayoría de esos funcionarios las nombran como motivo de orgullo. Eso se utiliza de una manera perversa. “La cultura es un capital, todos apostamos a ello” y después no es eso lo que recibís.

¿Y con respecto a la llegada de la película al público? ¿Cuáles son sus expectativas?

ANALÍA COUCEYRO: Creo que una película de género o algo como “La Sabiduría” es darle al público la posibilidad de ver otra cosa. Uno se queda si no con esa idea genérica de “el público quiere ver tal cosa” que no sé si es tan así, pero tampoco uno acompaña dándole una variedad verdadera de dónde agarrarse.

SOFÍA GALA:Mismo para nosotros los artistas, poder tener la chance de entrenarnos y crear dentro de ese panorama, para que nuestro cine sea cada vez mejor y más amplio. Vengo de ser jurado en Horizontes Latinos, del festival de San Sebastián, y la mayoría de las películas que seleccionan son películas políticas o super realistas. Y yo veo mucho cine latinoamericano y hay un montón de cosas distintas que están buenísimas.