La vida puede ser bella

Con la premisa de una familia aislada que pronto es invadida por el massmedia, Las maravillas cae en todos los preconceptos que promete, pero cuando se olvida del entramado y se dedica a filmar con placer encuentra verdad en los personajes y se anima a ser una película bella.

Con menos pericia que furor genealógico, entonados tras testimoniar ese Gran Premio del Jurado que el film cosechó en la edición de Cannes 2014, los comentaristas de Las maravillas se apresuraron en destacar su filiación neorrealista. Pero la presencia de un par de rasgos aislados no nos permite aludir a todo un movimientocinematográfico como si se tratara de una ecuación. ¿Se retratan poblaciones periféricas u olvidadas?Hayneorrealismo.¿Se privilegia una línea argumental emplazada en el drama social? Hay neorrealismo. ¿La historia está contada mayormente a partir de extendidos planos secuencia? Hay neorrealismo. Aquellos que recurren inmediatamente a ese kit de referencias históricas fácilmente podrían hablar de la mitad de las películas que se realizan en el mundo, si es que la descripción reposa en esas características. Todo esto para intentar buscar algo más que meros reenvíos nostálgicos (Fellini es otro de los comodines con que se aborda a Las maravillas) al aproximarnos a la segunda película de Alice Rohrwacher, que es algo incómoda y por ende sugestiva, y tal vez algo sinuosa en la manera de delinear su trama.

Las maravillasnos presenta la historia de una familia de apicultores que viven en algún rincón de la región de Umbría en Italia. El alemán Wolfgang (el belga Sam Louwyck), su compañera Angélica (Alba Rohrwacher, hermana de la directora) y sus cuatro hijas pasan su cotidianeidad dedicados a sus abejas y al cultivo. Se autoexpatriaron de la polución urbana en su voluntad de trabajar la tierra. Esa aldea en clave hippie es espacio de comunión y orgullo para un padre más bien temperamental que está dispuesto a dar sus batallas ideológicas ante cualquier atisbo de “contaminación” sistémica (incluso la cosa se pone peliaguda en un campo vecino con aquellos que se dedican a la caza). En su afán de legar a sus hijas la tradición de la producción de miel, el registro pedagógico de Wolfgang es disciplinario e implacable. Gesolmina (la novísima y sobresaliente María Alexandra Lungu), la mayor de sus hijas, en plena adolescencia, entrará en tensión con su padre, cuestionando su posición de heredera directa de su labor como apicultora.

En ese contexto, conforme avanza la película, dos acontecimientos disruptivos instalan un tembladeral en la trama. Por un lado, la familia acepta un ingreso de dinero a cambio de recibir temporalmente en adopción al joven Martín, un ex delincuente de origen alemán que debe cumplir con un programa de reinserción. Pero otro evento desestabiliza la aparente armonía del núcleo familiar: un espectacular y bullicioso set de filmación televisivo se instala en las inmediaciones de la aldea, promoviendo un concurso a modo de reality show. Como una diva de la pantalla chica figurada al calor de un decadente glamour, la reina Milly Catena (esplendor de Monica Bellucci) capitanea el rodaje y tiñe de ilusionismo al poblado entero. Gesolmina no tardará en maravillarse e intentará postularse para la competencia catódica. Es ella también quien se verá más afectada por la aparición de Martín, lo que lleva a cuestas el punto de vista de un film que aspira a desplegar varias aristas temáticas que quedan consignadas simplemente como nota al pie. Algunas de esas líneas son la salida de la infancia y la entrada a la adolescencia, la industrialización de la agricultura, lo comunitario como esencia benevolente, lo televisivo como vehículo inmediato de enajenación. Y sobre este último aspecto la película establece un punto de contacto con su contemporánea Reality: el largometraje de Mateo Garrone se centraba en un comerciante de un barrio humilde de Nápoles, con ansias actorales, que se obsesionaba con ingresar a Gran Hermano. Pero allí donde Reality eludía el simplismo al delinear el extravío espiritual de su personaje de manera compleja, Las maravillas constantemente corre el riesgo de tornarse algo condenatoria al señalar la espectacularización de todo; o demasiado compasiva con sus héroes al proyectarlos en una inocencia pueblerinaque rehúsa a matizar su psicología, como hipnotizados por el deseo vil de la maquinaria masmediática.

Ni neorrealismo, ni fellinismo. La obra de Rohrwacher cobra espesor allí donde parece forzar el naufragio de la idea de trama y decide trazar algunas secuencias a partir de climas ensoñados. En la manera en que las acciones no están aferradas a un hilo preciso, sino al servicio de consolidar ciertos estados de ánimo. Y, sobre todo, cuando opta por insertos lúdicos (bendita la aparición del camello que Wolfgang le regala a su hija), cuando hace respirar la narración apoyada en escenas como aquellos momentos balsámicos en los que Monica Bellucci llena de fulgor la pantalla. Las maravillas encuentra su fugaz belleza y se vuelve más intensa en el instante en que decide tomarse sus temas con menos ampulosidad.

 

Las maravillas

Le Meraviglie

De Alice Rohrwacher

Estreno: 22 de septiembre (Zeta Films)

2014 / Suiza / 110’