Reseña publicada en la edición impresa del número de junio de 2012.
Girls larga con dos escenas que anticipan, sin defraudar más tarde, lo que va a venir: una serie sorprendente, por lo menos. Lo primero es un plano detalle de una boca que mastica ávidamente unos tallarines. La cámara se aleja y vemos que la boca pertenece a Hanna (Lena Dunham), veinteañera con algo de sobrepeso. La acompañan sus padres. El lugar es un elegante restaurante neoyorquino, como en los que otrora se vio al elenco de Sex and the City. Todo transcurre con normalidad hasta que, antes del postre, la chica conoce la verdadera razón del encuentro. Después de dos años de pagar su alquiler, su obra social, su alimentación y su celular, los padres han decidido que ya fue suficiente. Hanna debe tomar seriamente las riendas de su vida y prescindir para siempre de la financiación familiar. Ella es pasante en una editorial y está escribiendo una novela. ¿Cómo podría costear tantos gastos? Ninguna de las desesperadas argumentaciones que exhibe frente a ellos, los convence de lo contrario.
Con esta escena, que es bastante breve, el espectador sabe que la trama viene por el lado de la supervivencia y los conflictos de la juventud yanqui de clase media instruida.
Por corte, vamos nuevamente a la protagonista, ahora durmiendo en posición de cucharita con su roommate y mejor amiga Marnie (Allison Williams), en el departamento que comparten. Unos minutos después, se las verá en la bañera, una afeitándose las piernas envuelta en una toalla, la otra comiendo un Muffin, desnuda. A las premisas anteriores, el espectador suma la certeza de una trama con toda clase de intimidades femeninas.
Escrita, co-producida y dirigida por la propia Dunham, Girls se jacta con elegancia de ser una comedia artie con mucha ambición de originalidad. Shoshanna (Zosia Mamet), es otro de los personajes de los cuales surge el título y se la ve como a la chica promedio norteamericana, vestida con un equipo de gimnasia rosa chicle, riendo casi sin razón. Será ella, la más frívola y la menos culta, quien haga referencia directa a Carrie, Samantha, Charlotte y Miranda. Sí, Girls también habla de cuatro mujeres en Nueva York, pero, en lugar de aquel glamour estridente, ofrece una incomodidad que va in-crescendo minuto a minuto. La cuarta chica es Jessa (Jemima Kirke), prima inglesa de Shoshanna, excéntrica, cosmopolita y embarazada. Cada una tendrá problemáticas diferentes, convergiendo en factores comunes como la inestabilidad de los 20 años y la amistad, por encima de todas las cosas.
En tanto Marnie tiene una relación seria con un muchacho al que apenas soporta por meloso y previsible, Hanna lleva adelante una vida sexual bastante más cerca de la bizarreada. Adam (Adam Driver) -un hombre con algo de Iggy Pop, algo de Joey Ramone y algo de Spok- es su amante regular y protagoniza junto a ella un encuentro sexual que tiene la extraña particularidad de poder parecer inverosímil o dramáticamente realista. Hanna es instada a permanecer boca abajo, con las piernas tortuosamente dobladas, en un sofá. Sin cambiar de posición, se saca como puede las medibachas en un plano que parece eterno. Adam la penetrará mientras ella habla sin parar. Él es raro, dulce en algunos momentos, pero predominantemente egoísta, como a sabiendas de que ella soporta cualquier contradicción. Después vendrá una charla post-sexo que incluirá revisación de tatuajes, gestos amorosos, confesiones de adolescencia y un acuerdo espontáneo en cuanto a que los padres y abuelos deberían bancar económicamente a su descendencia.
Lejos de la morosidad de Mad Men pero sin aspirar al ritmo vertiginoso de una sitcom, Girls maneja muy bien la intriga, reservando para el final del primer episodio el desmayo de la protagonista frente a mamá y papá, por haber consumido una infusión a base de opio.
Entretenida, descarnada e inteligente, Girls deja con ganas de más. Es bueno saber que recién empieza.
Girls
Lena Dunham
HBO, desde hoy, todos los lunes a las 22 h.