Las actrices del grupo "Piel de lava": Chicas superpoderosas del cine y el teatro

"Petróleo" es uno de los éxitos del año en la calle Corrientes. Hablamos con el colectivo de actrices quienes descollaron también en la épica cinematográfica "La flor"

Luego de ser uno de los grupos creativos más emblemáticos del off porteño, el colectivo de actrices PIEL DE LAVA se convirtió en una de las fuerzas más exitosas del teatro nacional.

Después de la exitosa temporada con localidades agotadas en el teatro Metropolitan Sura, la obra que el grupo de actrices tiene en cartel, "Petróleo",  triplica las funciones de la obra “fenómeno”. A partir del 9 de agosto podrá verse los días viernes, sábados y domingos de dicho mes en el horario central de las 20.30hs.

Hablamos con las cuatro integrantes del grupo, Elisa Carricajo, Valeria Correa, Pilar Gamboa y Laura Paredes, a raíz de este éxito y de lo que fue la experiencia de estrenar "La flor", la épica de 14 horas dirigida por Mariano Llinás que viene estrenándose en el circuito de cine arte de todo el mundo. 

Integrado por Elisa Carricajo, Valeria Correa, Pilar Gamboa y Laura Paredes, Piel de Lava es uno de los grupos más inquietos e influyentes de la escena teatral independiente. Formalmente formado en 2003, se movieron dentro del teatro autogestivo a lo largo de una década y media. Mientras iban apareciendo trabajos cinematográficos y televisivos (con el que Pilar Gamboa cobró particular notoriedad desde el 2010), iban desarrollando obras que tenían un principal objetivo: la exploración. De mundos, de lenguajes. Ninguna obra era parecida a la anterior, y los universos que representaban no podían estar más lejos de un siempre malentendido costumbrismo.

Manteniendo desde siempre una estructura horizontal de organización (en la que todas eran iguales entre sí, sin división de tareas o de jerarquías) en las que las cuatro son coautoras, coprotagonistas, codirectoras (aunque en este rubro sumaron a Héctor Díaz al principio y a Laura Fernández después), estrenaron primero “Colores Verdaderos” en 2003, que mantuvieron en cartel hasta 2005. A ese debut le siguió “Neblina” (2006 a 2008), “Tren” (2009 a 2011) y “Museo” (2014 a 2015) hasta llegar al éxito actual de “Petróleo”.

Cada una de estas obras fue revisitada el año pasado en el marco del programa Artista en residencia del Teatro Sarmiento, en la que el grupo realizó una retrospectiva de todos sus espectáculos, junto a un workshop sobre creación grupal sumado al estreno de su más reciente espectáculo: “Petróleo”, la cual se representará en el teatro Metropolitan Sura.

Pero claro, en el medio estuvo el cine, con “La Flor”, ese mamut (en términos de duración, de ambición, de producción) dirigido por Mariano Llinás que se presenta como opus magna, tanto del grupo actoral como de El Pampero Cine y que se vio en el Bafici el año pasado y en proyecciones en la Lugones. Pero revisando el cv cinematográfico de las actrices de manera individual, las encontramos muy presentes en el trío más importante de productores y directores del cine independiente nacional: La unión de los ríos, El Pampero Cine, y Matías Piñeiro.

El compromiso con la ética de trabajo y la independencia de Piel de Lava, como se ve, es total.

ENTREVISTA

¿Cómo vivieron toda la experiencia de la retrospectiva en el Sarmiento, el estreno de “Petróleo” y el estreno de “La Flor” el año pasado? Porque en unos meses se sumaron años de trabajo...

Pilar Gamboa:Los planetas se alinearon podríamos decir. Cuando empezamos a filmar “La Flor”, no sabíamos que íbamos a rodarla durante 10 años. No estaba en los planes de nadie nada de lo que pasó. De hecho, después de filmar durante 10 años, cuando fue el estreno durante el BAFICI ni siquiera pudimos ir porque estábamos estrenando la retrospectiva en el Sarmiento de todas nuestras obras de teatro. Fue un momento bastante emocionante: los trabajos de tantos años del grupo (llevamos 16 trabajando juntas) y una década de filmar con El Pampero y que se haya juntado todo en el mismo momento fue impensado. Yo sentía que pasaban grandes cosas, pero la verdad, ni siquiera lo podíamos poner en palabras.

Laura Paredes: Esa unión de dos proyectos de tantos años era algo que estábamos viviendo muy a flor de piel. Era como que no nos permitíamos estar viviendo las dos cosas a conciencia. Para nosotras, el estreno en la Lugones de “La Flor” fue lo que vivimos más como un estreno propiamente dicho, porque no habíamos estado en nada en el BAFICI.

En el medio del rodaje de “La Flor” filmaron también varias películas de cine indie, incluso con El Pampero, como es el caso de “Ostende”.

Laura Paredes: el romance, el matrimonio ya digamos, de El Pampero y Piel de Lava arranca porque había algo que nos unió de forma bastante natural. Nosotros somos una compañía de teatro y ellos una cooperativa que produce cine. Todos sabemos lo que es manejarse no solo desde la independencia, sino desde la autogestión. Eso facilitó las cosas. No sé qué hubiera pasado en otro contexto. Y también pasó que “La Flor” se filmó durante 10 años y en el medio El pampero iba filmando otros proyectos. De hecho, yo aparezco en “Ostende”, porque con Laura Citarella, la directora, me hago amiga gracias a la película de Mariano. Cuando empezamos con “Ostende”, que se estrenó hace varios años, ya íbamos muy avanzadas con “La Flor”.

¿Cuándo terminaron ustedes de rodar la película de Llinás?

Pilar Gamboa:Terminar, terminar fue en febrero de 2016 con el episodio de las cautivas. Ahí se termina el rodaje. Pero después hubo un año de muchas intervenciones en el medio: agregar un plano acá, una secuencia por allá. La continuidad nunca fue un problema en la película. De hecho, hay una escena que habíamos hecho un plano de diálogo en Londres con Mariano y el contra plano de esa secuencia la hicimos casi 3 años después. La película es un patchwork en el tiempo por la manera en la que está producida. No fue nunca un rodaje tradicional donde tenés catering o lo que sea. Yo en ese momento me había ido de gira por Europa con una obra de teatro y Mariano vino con la cámara. Aprovechando que yo estaba en Berlín filmamos la parte de Teresa con las espías, que es el episodio 3. Y cuando vos ves la película parece una superproducción. Pero es algo que se fue tejiendo gracias a estas coincidencias.

¿Pero cómo coordinaban cuando filmaban en el exterior?

Valeria Correa: Fue una mezcla de esas coincidencias con armado de producción. Hubo un par de viajes que íbamos haciendo nosotras por el extranjero y otras donde se fue con la película en mente. A Rusia, por ejemplo, fueron especialmente a filmar.

Laura Paredes: Hubo una parte mía que la filmamos aprovechando una beca que me había salido en Barcelona. 

Valeria Correa: Pasa que lo de Rusia era muy específico. Filmar en el transiberiano no había forma, no íbamos a ir por ninguna otra cosa (risas). Pero ahí, por ejemplo, fue un equipo reducidísimo. Creo que eran cuatro del equipo. 

Pilar Gamboa: Toda la película fue así. Salvo alguna jornada, por ejemplo, una que hice yo en el cruce del muro de Berlín que fue, para mí, la jornada más ampulosa de la producción. Pero después, en general, era un equipo de rodaje de 5 o 6 personas. Entrábamos todos en dos autos y a filmar.

Y en esa cantidad de años, ¿con quiénes filmaban que acompañaban todo el proceso dentro de El Pampero?

Pilar Gamboa: Te diría que Mariano (Llinás), Laura (Citarella) y Agustín (Medilaharzu) fueron siempre los pilares básicos. El resto fue modificándose. Igual, siempre El Pampero es como una familia en la que cada integrante va ocupando distintos roles.

Laura Paredes: Por ahí, Alejo (Moguillansky) era la persona que menos veíamos durante el rodaje, pero porque es el montajista. 

Valeria Correa: Nuestro rol era el de actrices, pero no era como en otras películas. No solo porque nosotros somos un cuerpo único de actrices y en la película funcionábamos como tal.  Pero también somos como las productoras de la película. Estuvo bueno asumir que también teníamos ese rol, porque fue un compromiso de una década. No es que hacíamos el trabajo de producción, pero sí nos sentimos productoras porque la película también es nuestra. “Actrices productoras”, sé que es un rol raro, pero en un momento llegamos a la conclusión de que era así. Íbamos acomodando nuestras vidas y nuestros otros trabajos a “La Flor” y “La Flor” se iba acomodando a nuestras vidas y a los demás trabajos.

¿Sintieron en algún momento el peso de este compromiso enorme?

Valeria Correa: Es que para nosotras es normal hacer este compromiso, en el sentido que lo independiente y, en particular, el teatro independiente es autogestivo, es complejo y es sin dinero. No lo vivimos como un problema ni como una traba: es lo que aprendimos a hacer y nos manejamos muy cómodamente en esa complejidad. De repente encontramos otras complejidades en el trabajo pago y organizado. Esto tiene también sus beneficios, pero no puedo decir que me ha hecho replantearme más cosas que en otro tipo de trabajo. Te diría que mucho menos, porque es algo que se acomoda orgánicamente a nuestras vidas.

 

FILOSOFÍA DE TRABAJO

Hace unos años en una entrevista hablaban de que muchas veces se hacía muy cuesta arriba no tener un productor o alguien que las financiara, que tenían que financiarse ustedes mismas los ensayos. ¿Lograron algo más de libertad en este último año en ese aspecto?

Pilar Gamboa: No sé si fue un deseo tener algo o alguien que nos bancara. Nosotras venimos del teatro independiente, ya sabemos cuáles son las reglas, que es la autogestión en todos los sentidos. Vas por acá, por allá, buscando becas, subsidios. Lo que sí nos pasó con la retrospectiva y la llegada de Vivi Tellas (directora del Teatro Sarmiento) al grupo fue la de cierto alivio. Por primera vez, después de tantos años, el grupo gana algún dinero por trabajar. Hasta ahora no nos había pasado y, obviamente, es una situación de privilegio. Pero durante años, mientras nadie nos financiaba, ensayábamos tres veces por semana, como si alguien lo hiciera. Con Tellas lo que llegó es la alegría absoluta de saber que estás trabajando tranquila de martes a domingo seis horas. Lo que este programa (Artista en residencia), que ojalá siga funcionando, le da a los artistas es la posibilidad de revisitarse y el dinero para gestionar una obra nueva. Nunca renegamos del teatro independiente, pero sí hay cierto alivio cuando te pagan por dedicar una concentración absoluta a un trabajo que lo requiere. Nunca nos había sucedido. Gracias a todo este trabajo pudimos descubrir que tenemos una impronta del lenguaje: algo que intuíamos pero que no habíamos podido investigar en profundidad.

Laura Paredes:Al hacer las obras juntas, pudimos capitalizar todo en un mismo tiempo esto que dice Pilar. Pudimos comprobar otras cosas con respecto a nuestro sistema de trabajo.

Ustedes decían que la gente no les creía cuando decían que no había una división de tareas entre ustedes, que la organización en Piel de Lava era horizontal. ¿Esa desconfianza sigue en la gente con respecto a ese tema?

Elisa Carricajo: Siempre nos manejamos así, es nuestra forma de trabajar. Obviamente que hay épocas en las que alguna se ocupa de una cosa y otra de otra. Pero no porque alguna sea mejor en algo que la otra. Lo horizontal significa que los roles van circulando con la confianza de que, si una tiene que cubrir un rol en un momento, está todo bien. Pasa que nos organizamos con un sistema en el que la gente no está acostumbrada a vivir. La política no enseña que todos nos podemos hacer cargo de todo, la escuela tampoco. Por ahí el deporte sí tiene más eso de “trabajemos en equipo”. Pero siempre está la sensación, en el fondo, de que una maneja más que otras. A nosotras nos interesa profundizar en ese sistema y ver cómo se puede llevar adelante un equipo o una obra. Lo cierto es que cada obra requiere una manera distinta de trabajo para sacarla adelante. 

 

EMBAJADORAS DEL CINE INDEPENDIENTE

Con respecto al cine, ustedes, juntas o por separado, pasaron por casi todas las casas productoras de cine independiente. Con El Pampero hicieron “La Flor” y “Ostende”, Pilar y Elisa hicieron varias películas con Matías Piñeiro, y Valeria estuvo en “El Estudiante” de La Unión de los Ríos. ¿Cómo es la dinámica dentro de la producción de estos distintos grupos? Porque muchas veces se engloba todo en una categoría de “Cine independiente” pero por ahí lo único que tienen en común es que ninguno pasa por el INCAA...

Valeria Correa: Hay algo en el cine independiente que es crucial y que todas estas compañías manejan por igual: el tiempo. El tiempo (de producción, de rodaje, de dedicación) no se controla desde el INCAA o en base a que alcance el presupuesto. Entonces, hay algo de eso que ya te cambia la relación tuya con el objeto/película o la manera en la que se relaciona el equipo, aunque hagas una película en una semana, en ocho meses o en diez años. El tiempo que lleva realizar un film es el tiempo que la película requiere. Una como actriz vive con angustia cuando es el último viernes de la última semana y no llegaste a hacer más planos o más escenas.

Pilar Gamboa: Manejan una dinámica muy similar al teatro independiente. En ese sentido nosotras hemos estado años para hacer una obra por esto de la escritura colectiva, de la actuación colectiva y la dirección colectiva. En estas películas independientes hay un plan de rodaje que tiene que ver más con las necesidades de la película y no del productor. Y ahí uno se siente más como pez en el agua. Por ahí le dedicamos una jornada entera para hacer un solo plano y eso en el cine comercial no pasa: hay que llegar al mediodía con la mitad del plan. Cada sistema tiene sus pros y sus contras. No digo que uno sea mejor que el otro, pero sí que para mí hay uno más afín a la búsqueda del lenguaje. Otra cosa es la sensación de familiaridad. La Unión de los Ríos, El Pampero o Mati (Piñeiro) fueron de los primeros que empezaron a ver teatro independiente para buscar actores para sus películas. Veían obras y decían “che, acá hay tremendos actores, no tenemos necesidad de llamar a Darín”.

Laura Paredes:Con estas casas productoras lo que no hay es un productor que no se quiera arriesgar con un actor que no conoce. Eso es algo que pasa en la industria casi siempre: prefieren un actor más conocido a otro que por ahí es el ideal para la película, pero que no tiene tanto cartel. Y no lo digo solo como actriz. Trabajo como directora de casting y hay una cosa que, si no llamás esos cuatro a los que hay que llamar, les parece que la película se va a derrumbar antes de ser filmada. Hay tan poca creencia en el objeto artístico que da miedo. En mi trabajo de casting, los productores tiemblan cuando nombrás a un actor que no es de la tele. 

Pilar Gamboa: Eso empezó a cambiar me parece. Es interesante ver este nuevo proceso en el que por más que convoques a un actor convocante, la película no va a llegar al millón de espectadores. Ya no hay fórmulas y menos mal. A veces los directores están obligados a convocar actores que la película no necesita o que ellos no se imaginan para poder conseguir una taquilla que después no va a llegar. Son películas que después pagan el precio. Por eso me parece que La Unión de los Ríos, El pampero, empezaron a decir “vamos a ver teatro”. No estoy diciendo nada nuevo ni especial, Cassavetes lo hacía un montón hace como cuatro décadas. Pero es bastante valiente la situación de todas maneras. “El Estudiante” estaba protagonizada por Lamothe en una época en la que él solo había protagonizado obras de Romina Paula. Obviamente que son circuitos chicos, pero no creo que nadie tenga intenciones de meter un millón de espectadores, a menos que seas una película con televisión detrás.

Elisa Carricajo: Otra cosa es que con estas películas nos hicimos amigos, y eso es muy importante. En el teatro independiente lo tenemos muy claro: si no somos amigos, nos hacemos amigos trabajando. Eso genera buenos vínculos. Muchas veces vas a filmar una película en el cine industrial donde te llaman, vas a filmar y ves que el equipo técnico se conoce de antes pero que el actor es un extraterrestre. Muchas veces preguntan: “¿Ya llegó el actor?”. El actor no tiene un nombre, hay una cosa como de un hiper cuidado, como si fueras una persona que no puede servirse un vaso de agua. “La Flor” fue pasando por muchos momentos, incluyendo la del chiste del actor claquequista. Cuando nosotras no estábamos filmando estábamos haciendo otras cosas. Quizás ese sistema es muy exigente a veces, pero estábamos totalmente entregadas. Creo que eso es algo que el cine independiente se lo puede pasar o filtrar al cine industrial. 

Laura Paredes: O empieza a pasar que un director dice “ah no, pero él o ella viene del teatro”, como si no fuera parte de su trabajo poder dirigirlo en otro medio.

Elisa Carricajo: Cuando uno va a un casting de publicidad, lo puedo entender. Pero en cine no entiendo cómo el actor es algo que llega al final y a las apuradas. Se supone que estuviste años con el guion, hecho con amor, que tarda mucho en hacerse. Y ese amor se desvanece en el proceso de buscar a los actores. No digo que pasa siempre pero sí mucho y es triste. 

¿Tienen ganas de volver a hacer cine juntas?

Laura Paredes: Es extraño pensar que a alguien se le ocurra hacer otra con las cuatro. En teatro sí, ¡larga vida a Piel de Lava! En cine vaya uno a saber, a menos que nos pongamos a hacer una película nosotras. ¿Quién sabe?