Las dueñas de estas calles

La película de Sean Baker muestra una Los Ángeles sórdida; la que se recorre a pie y en transporte público. Una ciudad salvaje solo habitable gracias a esa luz que es la amistad, en este caso chirriante y aduraznada por los filtros de los I-phones con los que fue filmada.

1. Ciudad

Como se puede comprobar en la inmensa Los Angeles Plays Itself, hay una larga estirpe de películas que hacen de la ciudad de Los Ángeles su motivo, su escenario, su espíritu y su territorio de fantasías. Desde el policial noir hasta películas independientes, Los Ángeles se ha filmado a sí misma de manera diferente que Nueva York: largas autopistas, espacios vacíos, calles en las que todo sucede pero que carecen de individuos, una supresión voluntaria del transporte público, mansiones españolas en las colinas. A diferencia de Nueva York, donde el espacio y el transporte público están poblados de gente y la marca distintiva es la arquitectura de ladrillos, Los Ángeles es el territorio de la despersonalización y los espacios abiertos, el sol, el desierto.

Tangerinese inserta dentro de esa tradición, pero la invierte para convertir a la ciudad en un territorio para ser recorrido a pie y en colectivos y subtes, una ciudad habitada por las clases bajas en su tejido epidérmico. Todos los protagonistas de Tangerine están al borde de la delincuencia y a punto de caerse del sistema, los ninguneados y los ignorados. Y todos ellos hacen de las calles de una de las ciudades más terribles del mundo un territorio hospitalario.

2. Narrativa

La anécdota de Tangerine es simple: Sin-Dee Rella, una mujer trans que acaba de salir de la cárcel, se entera de que su pareja, que es a la vez su chulo y proveedor de drogas, la está engañando con una mujer cisgénero (a quienes llaman “pescado”, en uno de las más geniales demostraciones de slang). A partir de ahí se le suelta la cadena y se dedica a recorrer la ciudad para, primero, encontrar a la competidora y, segundo, confrontar a su pareja. Además, la película sigue las trayectorias de Alexandra, amiga de Sin-Dee que sueña con ser una cantante símil vaudeville, y de Razmik, un conductor de taxi armenio que tiene una debilidad por las prostitutas trans.

La acción transcurre a lo largo de un solo día, respetando las reglas de unidad de tiempo, acción y lugar del método aristotélico y de grandes películas como Superbad y Dazed and Confused. Todos estos personajes terminan confluyendo en una confrontación que tiene partes iguales de comedia, drama, exageración y comprensión.

3. Tecnología

Debido a restricciones de presupuesto,Tangerine fue filmada con tres iPhone 5s. Esto es solo una nueva entrada en el largo debate sobre democratización de la capacidad de filmar contra filmar “como se debería” (cuyo último exponente podría ser la fetichización del gran formato emprendida por Tarantino en Los ocho más odiados). Pero también le da a la película una estética muy particular, saturada, de naranjas y amarillos fuertes, muy similar a un filtro de Instagram, y la vuelve una película intensamente contemporánea. La realidad es que se ve muy bien, no se nota ninguna decadencia ni pixelamiento de la imagen, y eso nos lleva a preguntarnos si existirá la voluntad de realizar más películas con este equipamiento. La eliminación del rol del productor y la conversión del cine en una industria de supervivencia.

4. Sexualidad

Tangerine, por supuesto, es también contemporánea en el tema que la surca de forma transversal y central: el sexo, las maneras de vivirlo, las modificaciones en el concepto de género de los últimos quince años, las nuevas identidades. Sin-Dee y Alexandra son personajes que han decidido adquirir la identidad que siempre han sentido como propia, pero que todavía están obligadas a vivir de la prostitución, incapaces de llamar la atención por sus talentos y capacidad frente a una sociedad que solo las clasifica como trabajadoras sexuales.

A la vez, Tangerine no es una película que llama la atención sobre la condición de sus personajes. Hasta casi el final no hay ninguna confrontación, ninguna escena explícita de discriminación que permita que el film adopte una postura de denuncia y santa cruzada. Más bien ese detalle está de fondo y, si no fuese por la yuxtaposición de clases y elecciones de género que hace la película, su enojo casi pasaría desapercibido. Más bien muestra esa vida como una vida miserable pero con un sistema de contención sostenido en amigos, en la comunidad trans de la ciudad, en algunos clientes comprensivos y, por supuesto, también en la droga, como el crack y el meth que circulan de forma casi libre en hoteles de mala muerte.

Tangerinees una película desfamiliarizada, lo cual quiere decir que sus personajes casi no tienen referencias a sus familias inmediatas, exceptuando a Razmik, quien finalmente pareciera capaz de encontrar cierta comprensión de su esposa cuando esta descubre, a causa de su madre metiche, su amor por las mujeres trans. En el clímax, la pobre mujer menciona muchas veces que “a veces no hay que mirar ciertas cosas”. Hacia el final de la película, sin embargo, el valor que se rescata es el de la amistad, en una bella escena final, de noche, en un Laverap desierto en el que dos personajes perdidos y encontrados se acompañan hasta que sus pelucas estén secas.

 

Tangerine

De Sean Baker

2015 / Estados Unidos / 88’

Estreno: 17 de marzo (Tren Cine)