Las intermitencias del corazón

Las películas de Paul Thomas Anderson son esperadas con más ansiedad y expectativas que la noche de Navidad. Su octavo largometraje de ficción se entromete en el mundo de la moda y en la mente de un hombre hermético y obsesivo tanto con sus vestidos como con las personas.

“Las perturbaciones de la memoria están siempre ligadas a las intermitencias del corazón”.

Marcel Proust (En busca del tiempo perdido - Sodoma y Gomorra)

 

1. Antes de ver El hilo fantasma separé, para usar como epígrafe de esta crítica, la siguiente frase del escritor y traductor Guillermo Piro: “Es verdad: un mecánico de motos milanés se viste mejor que el gerente de un banco porteño o el director de un diario. Y no se trata de recursos: se trata de una relación distinta con la belleza. Porque quien se viste bien es solidario con el mundo que lo rodea. Pero también consigo mismo”.El problema, una vez vista la película, es que no tenía cómo utilizarla, porque esta nueva obra de Paul Thomas Anderson no habla exactamente de la moda o de nuestra manera de vestirnos, ni de cómo todo esto nos relaciona con el mundo, y mucho menos de solidaridad. El hilo… es una película que versa sobre varios temas, y uno de ellos, el más importante, es el matrimonio. Entonces en este punto, y luego de ver El hilo fantasma, aquella frase de Piro bien podría ser reemplazada por la siguiente: “El matrimonio es comprarle una casa a una persona que odias”. Esta frase se la dice el duro y un poco gastado matón Jackson Healy (Russell Crowe) al entusiasta y torpe detective Holland March (Ryan Gosling) en Dos tipos peligrosos (The Nice Guys, 2016).

Quizás suene extraño y caprichoso unir en este texto a dos películas tan diferentes, pero en verdad esto no es tan así. Ambas obras no solo muestran a dos directores en el pico del dominio de sus habilidades, sino que, a pesar de estar ubicadas en épocas y geografías muy particulares y precisas, solo parecen existir en un universo que le debe todo, o casi todo, a el mundo del cine. No se trata de malas películas, al contrario, pero sí de un cine que ya no parece necesitar de una conexión con la realidad. La pregunta ya no es qué es el cine, sino qué son las películas.

2. No son muchos los directores de cine norteamericanos que, como PTA, sean responsables absolutos de su filmografía. Con la excepción de su debut en el largometraje, Hard Eight (1996), película que sufrió cortes y el cambio de su título a manos del productor; la filmografía de PTA responde solo a sus deseos de transformarse en un gran autor norteamericano. De haberse dedicado a la literatura, ya habría escrito la Gran Novela Norteamericana. O al menos lo habría intentado. Porque ese es el terreno donde se mueve su obra cinematográfica, grandes frescos de la historia no oficial de su país narrados a través de las vidas de personajes, la mayoría de las veces, bigger than life, siempre arrastrados por los hechos que ocurren a su alrededor. Historias personales atravesadas por la Historia. El único límite de PTA lo determinan su ambición y su talento. Su talento lo llevó a realizar su mejor película, Embriagado de amor (1999), en la que supo transportar a Los Ángeles moderno el cine de Jacques Tati, mezclado con la psiquis masculina de fin de siglo. Y su ambición lo llevó a fracasar con Vicio propio (2014), adaptación de la novela de Don Delillo, que el director redujo a trama y actuaciones disparatadas.

3. El hilo fantasmatranscurre en Londres durante 1955 y cuenta la historia de Reynolds Woodcock, un diseñador de moda exitoso. No solo se trata de un personaje excéntrico por méritos propios, sino que la actuación de Daniel Day Lewis lo lleva a niveles superlativos. Woodcock es un personaje solitario, pero a la vez siempre obsesivamente acompañado, y perturbado, por los recuerdos de su amada madre y su hermana/manager encargada, entre otras cosas, de despachar a sus novias. A ese personaje neurótico y obsesionado con el trabajo, durante el más memorable desayuno que nos haya brindado el cine reciente, se le aparecerá el amor en la forma de una moza que pronto se transformará en su musa. A partir de aquí, se empiezan a desplegar las formas del amor. El encantamiento, la fascinación, el fastidio, el odio. El famoso “ni contigo, ni sin ti” al que el cine nos tiene acostumbrados, pero esta vez en una de sus variantes más extrañas.

El hilo fantasmaes un melodrama pero, a diferencia de su colega Todd Haynes, PTA se adueña del género agregándole una mirada personal y una puesta en escena tan moderna como consciente, que termina alejando a la película de una fría y perfecta apropiación del género para transformarla en un objeto más extraño que una simple película de época. Algo que Jacques Rivette supo hacer en Ne touchez pas la hache (2007). Todo puede transcurrir en una época pasada, pero los sentimientos de sus personajes, como la ideas del director, parecen pertenecer a una época aún por venir.

Como ocurre con los mensajes (acaso maldiciones) que Woodcock esconde entre los pliegues de sus vestidos, El hilo fantasma oculta debajo de su superficie sofisticada una historia de amor tan salvaje como única. Es probable que el cine actual pueda no tener relación con la realidad, pero ante una realidad cada vez más mediocre y burocratizada el cine de PTA ofrece un mundo alternativo que nos ayuda a soportar al real. Esa, también, fue siempre una de las funciones del cine.

 

El hilo fantasma

Phantom Thread

De Paul Thomas Anderson

2017 / Estados Unidos / 130’

Estreno: 15 de marzo (UIP)