Nota publicada en la edición impresa del número de abril de 2012.
Soy sonidista. Ni escribo, ni hago controles de calidad oficiales. Escucho, “hago” sonido y recopilo datos técnicos para estar cerca de la “vanguardia tecnológica” dentro de lo posible en un país tan lejano, geográfica y estructuralmente, a las innovaciones.
Escribí unas quejas en twitter (bastante elevadas de tono) respecto de la calidad de las salas de proyección de cine que nos tocan. Acá voy a intentar contener el lenguaje y ser un poco más didáctica, dos objetivos más que difíciles en mi caso.
Aclaro de entrada que amo ver películas y no soporto verlas en una TV, mucho menos en una computadora. Me desconcentro, no tolero la baja calidad/tamaño/proporción. Así que veo todo en cine: animación para niños, comedias yanquis, comedias románticas, directores de culto, ciencia ficción, actores de culto, cine europeo y cine argentino, este último casi siempre en las fechas de estreno. Este es mi curriculum de espectadora. Mi curriculum como profesional lo encuentran en la Web.
El 50 por ciento de las veces que voy al cine debo levantarme de la butaca para pedir que el proyectorista coloque el volumen como corresponde. La mitad de esas veces lo corrigen y la otra mitad no hacen nada. Con esta práctica incomodo a mis acompañantes, y suelo perderme escenas completas (que suceden mientras me quejo).
Las salas de mezcla de sonido y de proyección tienen una “maquinola” de Dolby Digital que tiene una “perilla” como la del amplificador de un centro musical, grandota y redonda con numeritos y todo. Esa perilla debe estar en 7 y en la mayoría de los cines, nadie sabe por qué, esa perilla está en 5. Podría explayarme con detalles técnicos, como que esos dos puntos son 6 decibeles de diferencia, y así seguir dos párrafos más, pero todo eso no le importa a nadie. El tema es que todo el mundo escucha las películas mal, nadie sabe por qué, y lo que es peor, nadie se da cuenta. Si usted escucha más fuerte el masticar del pochoclo del señor de atrás que el diálogo: vaya a reclamar.
Una explicación que llegó una vez a mis oídos, fue: “la gente se queja que está muy fuerte y la dejamos en 5”. Esto sucede desde hace más de 10 años. Conocí a una productora que para cuidar su película enviaba $50 (en esa época eran dólares) , al proyectorista de cada sala, para que colocara el volumen en 7.
Yo me dediqué a reclamar creyendo que les ganaría por cansancio pero en 10 años no he conseguido mucho. Mi teoría es que como la lámpara de proyección alarga su vida bajándole la intensidad (por eso también vemos las películas más oscuras de lo que son) algún genio del negocio de la exhibición dedujo que bajar el volumen de los parlantes alargaría la vida útil de los mismos, lo cual es tan ridículo como cualquier otra explicación.
A este problema se le suman otros como las descalibraciones de las salas en Dolby Analógico. Físicamente el sonido Dolby Digital, se encuentra entre las perforaciones del negativo, que es un lugar muy sensible por el roce constante con los dientes del proyector que arrastran la cinta. Cuando se rompe una perforación, el sonido “salta” automáticamente de Dolby Digital a Dolby Analógico y vuelve a su lugar apenas pasa el defecto. Para que este salto no se perciba, la sala debe estar perfectamente calibrada.
Lo más terrible son los casos de salas (complejos como el Cinemark Palermo) que ni siquiera son Dolby Digital (solo 2 de 10 lo son) y que no solo proyectan en Analógico, sino que además lo hacen en salas absolutamente descalibradas.
Este engaño sucede a menudo en varias otras salas. No todas las salas de los complejos son Dolby Digital. Y en ninguna avisan qué tipo de sonido tienen. El Hoyts Abasto, por caso. Las salas de Belgrano, por ejemplo, son todas una vergüenza.
¿Por qué tenemos que pagar lo mismo por ver una película en Dolby Digital que por verla en Analógico? (incluso si estuviera calibrada) Es ridículo: casi como ir a ver una película y quedar librado al azar si es 2D o 3D. Espectadores de barrio, sigan yendo ahí. Exhibidores: sigan haciendo dinero con la ignorancia de la gente y con el nulo control de calidad que existe sobre su servicio.
Hay que sumar a estos problemas, salas viejas reacondicionadas, con problemas de acústica: Gaumont, Multiplex Belgrano, las salas de Lavalle y Corrientes. La mayoría con tecnología en parlantería y amplificación absolutamente caducas. Una película suena mejor en el home theatre de tu casa con un sistema de 300 dólares que en cualquiera de estas salas.
Para terminar con un alegrón, les voy a dejar un listado de salas decentes: Village Recoleta, Hoyts DOT, Hoyts Unicenter y Showcase Pilar. En el Showcase Belgrano estaría todo bien pero tienen ese temita del volumen. Si se toman el trabajo de ir a quejarse, vayan.
Dejo para otro capítulo el tema de proyecciones en Festivales Nacionales… salas como la 25 de mayo: No se me ocurren palabras que suenen bien, o que se puedan ver escritas en una revista.
*Su CV incluye películas como un Un oso rojo, Los rubios y Por tu culpa. Actualmente trabaja en Dromomanos, de Luis Ortega, Masterplan de los hermanos Levy y Mujer conejo de Verónica Chen. Además, tiene dos películas en cartel: Extraños en la noche y La suerte en tus manos. Por si fuera poco, está por comenzar el rodaje de Tesis de un homicidio de Hernán Goldfrid y Deshora de Bárbara Sarasola Day.