Llegando los moros

En el olimpo de actrices del cine argentino contemporáneo, hay un lugar destacado para Moro Anghileri. Enamoró a todos en películas como Sábado, Buena vida delivery, El pasado y Lifting de corazón y, ahora, tras un paso por la TV brasilera, hace lo propio en La corporación, film dirigido por Fabián Forte.

Entrevista publicada en el número 141 de Haciendo Cine (octubre de 2013).

Moro Anghileri aparece en la esquina de Federico Lacroze y Charlone, en el barrio de Chacarita. La vidriera de la cafetería –el punto de encuentro– es grande, luminosa. El sol repiquetea en la vereda. Los colectivos pasan, las parejas se toman de la mano, una señora pide un cheesecake. “¿Me das 10 minutos?”, dice Moro y señala a una nena. La nena: Ona, su hija de cuatro años. Moro Anghileri acaba de regresar al país. Anduvo por Brasil filmando Flor do Caribe, la novela en la que interpretó a una cantante guatemalteca hija de un ricachón. A costa de ese papel, se convirtió en furor. Diez minutos después, vuelve a la cafetería. Se disculpa, pide un agua sin gas y confiesa que está embarazada nuevamente, de casi cuatro meses.

¿Moro o Mariana?

Moro, me dicen Moro, por morocha. Eso empezó con el cotidiano y pasó al ámbito profesional. Estuvo buenísimo que me llamaran Moro. Es que hay muchas Marianas en los rodajes...

¿Y cómo llegó Moro a un rodaje de Brasil?

No tengo idea. Vieron El pasado y Aballay, entonces me contactaron para ir. Para hacer películas llegan propuestas re extrañas, es todo un chino. Cuando me contactaron, dije: “no se va a dar”. Lo vi difícil de producir, yo no hablaba portugués... Finalmente salió y se emitió en el canal Globo.

Entonces allá fuiste una celebridad por unos meses...

En un momento sí, sobre todo cuando estaba en el aire. Me frenaban en la calle. Fue muy raro. Recibí una respuesta súper televisiva. Acá nunca agarré una cosa así, una novela. ¡Hasta tengo un club de fans en Facebook! Suben material todo el tiempo. Hay muchas cosas con las que me quiero matar.

¿Qué es eso que no querés que vean?

Bueno, no sé, mil cosas. No te las puedo decir. Mayormente, películas. No lo diría nunca. Hice casi 20 películas, es difícil hacer buenas películas siempre.

Acá también hiciste novelas.

Mmm, algo así tan diario, no. Yo le tenía terror a la tele. Hace muchos años, me llamó Sebastián Borensztein para una tira. Por un lado me encantaba. Por otro, le fui honesta y le dije: “no, me voy a embrutecer”. Y tenía que ver conmigo, no con él. Hoy es distinto. No sé, también es muy difícil cuando los textos no son buenos. Y es medio lo que pasa con la televisión en general.

En cine empezaste con Sábado, de Juan Villegas.

Sí, de esa película soy fan total. Hace mucho tiempo que no la veo, pero para mí fue genial. No sé qué pasó con el tiempo y con mi crecimiento. Sábado fue abrirle la puerta al cine. Con Villegas éramos compañeros en la FUC.

¿Estudiaste dirección?

Claro, por eso es que empecé a trabajar en cine. Bueno, ya era actriz y tal pero no tenía mucha idea de qué iba a ser.

Vos venías de hacer cosas en teatro, ¿no?

Sí, todavía no sabía si iba a dirigir o actuar. Y ahora tampoco sé qué voy a hacer. Desde que tuve a mi hija que no estoy dirigiendo. Ahí se me cortó la concentración. Igual, siempre me gustó hacer cine. Todas las películas tuvieron algo. Pese a que algunas están crudas, como sin terminar.

¿Y vos dónde viste esas fisuras?

Uy, en miles de lugares. Ahora no las tengo frescas, ni trato de tenerlas, tampoco. Al principio las veía mucho para aprender. Antes iba mucho al monitor, hoy en día confío más en lo que pasa ahí. La cámara está como más incorporada. Por ejemplo, en Brasil, nunca miré un monitor. Con todo eso, uno se vuelve muy técnico y se pierde el trabajo más esencial.

¿Cómo ves el trabajo que se hace acá?

Me parece muy honesto y genuino lo que está pasando. No siempre está bien logrado, pero está buenísimo. Cuando hay grietas, donde las cosas no terminan de funcionar del todo, se da espacio a la creatividad. Estamos acostumbrados a hacer mucho con poco, a sacar agua de las piedras. Si a un europeo le decís “te las tenés que arreglar con esta cuadra y con dos minutos”, te dice “no, no puedo”. Hay algo con eso de arreglársela que está buenísimo. Me enorgullece ser parte.

¿Cómo llegaste a La corporación?

Capaz por Aballay, nunca se lo pregunté a Fabián. Tal vez por Javier Diment o Nicanor Loreti. Después me enteré que Forte había estado en Buena vida delivery, una de mis primeras pelis, e hizo un personaje que, creo, no quedó en el corte final. Entonces, nos conocíamos de ahí. En la época que me llamó yo estaba haciendo El reportero, en calle Corrientes y terminaba muy cansada. Me mandó el guión y me encantó, me pareció redondo. Muchas veces lees un guión y te interesa el personaje, pero no en la película. La corporación tenía un guión que no necesitaba tocar nada.

Durante el rodaje, ¿sentiste lo mismo?

Fabián estaba muy concentrado en lo que quería. Fue una forma de trabajar muy diferente. En general, los directores no están apurados, los apurados son los asistentes de dirección. Y Forte (N. de redacción: que fue asistente de dirección en mil y un películas) tiene ritmo, es muy claro con lo que quiere, no boludea.

Cuando viste la película, ¿te gustó?

Sí, me encantó. Había algo que me daba duda durante el rodaje, como un cierto “berretor”. En el guion, el protagonista parecía más lujoso. Tenía miedo de que se notara como una falencia de producción. Sin embargo, con la película terminada, eso me copó, como que hace más berreta al personaje. Un medio pelo que gasta su plata construyendo una vida que no tiene.

Ahora que vas a ser mamá nuevamente, ¿cómo vas a llevar tu carrera?

No sé qué voy a hacer. Tengo cosas esperando pero no me van a esperar a mí. Había cosas en tele para cuando volviera de Brasil. Algo para Telefe, pero por estar embarazada, no voy a poder. En cine, voy a ir viendo. Ahora tengo una cosa con Gastón Portal y otra con Diego Lerman. No sé qué va a pasar para adelante. Igual, pese a no tener muchos hits, me siento muy afortunada con mi carrera.

 

La corporación

Fabián Forte

ESTRENO: 27 de febrero

2012 / Argentina / 90 minutos