Los pecados de mi padre

Cuatro años atrás, mucho antes del rutilante éxito de la telenovela Escobar, el patrón del mal, Haciendo Cine entrevistó en exclusiva al hijo de Pablo Escobar a propósito de un documental que proponía una suerte de reparación histórica sobre los daños generados por el popular narcotraficante.

Nota publicada en HC#102, abril de 2010.

 

En el año 1993, Juan Pablo Escobar abandonó Colombia junto a su madre y su hermana, luego de que la policía asesinara a su padre, el narcotraficante Pablo Escobar, quien desde hacía meses se encontraba prófugo de la justicia. Mientras llegaba a Argentina con su nombre cambiado a Sebastián Marroquín, aquel joven atravesado por el odio y el resentimiento se juró a si mismo que nunca más regresaría a Colombia. Pero el paso del tiempo fue curando algunas heridas y le permitió repensar el conflicto que lo tuvo, a pesar suyo, como testigo privilegiado. Con los años, la posibilidad de alguna forma de reconciliación con quienes estuvieron del otro lado de la historia -los familiares de las víctimas de su padre- se convirtió en una suerte de obsesión. Redefiniendo ese rasgo ancestral de la cultura colombiana que obliga a los hombres de bien a hacerse cargo del legado de sus padres, el joven Escobar prefirió rechazar el mando del negocio del narcotráfico que naturalmente le correspondía y abocarse a reparar algo del daño que, en su afán por el poder, su padre había provocado en el país.

El documental Los pecados de mi padre, estrenado en 2010, terminó funcionando como el mejor vehículo para esa forma de pacificación. El director Sebastián Entel se puso como meta propiciar y registrar el encuentro del hijo de Escobar con los hijos de Rodrigo Lara Bonilla y Carlos Galán, dirigentes políticos muertos a manos del célebre narcotraficante. En la película conviven todas las instancias de esta reunión con una reconstrucción minuciosa de los hechos que enfrentaron a Pablo Escobar con toda la clase política y establishment colombiano. En ocasión de aquel estreno, entrevistamos para la nota de tapa de Haciendo Cine al director de la película y también al hijo de Escobar, quien ofreció a pesar de los lazos sanguíneos un mirada lúcida e impiadosa sobre su padre.

 

¿Cual es tu posición frente a la dicotomía héroe-villano bajo la cual se analiza la figura de Pablo Escobar?

 

En sus inicios mi padre tenía las intenciones de ayudar a las clases mas olvidadas de nuestro país, de darles dignidad a través de un proyecto de 5 mil viviendas o de la iluminación de las canchas en los barrios periféricos de la ciudad para que los jóvenes pudieran tener acceso al deporte las 24 horas. Para los niños con labio leporino que no tenían recursos para tratar su problema, trajo un grupo de cirujanos de Brasil que realizó más de 700 operaciones. Y muchas de esas obras que hizo quedaron en la memoria de gran parte de las personas. Pero eso luego se desvirtuó por los actos de violencia vinculados al narcotráfico. Es una dualidad: por un lado entiendes que era un hombre caritativo, sensible y solidario y por otro puedes advertir que era más bien frío y calculador.

 

¿Y en cuanto a tu relación con él, en su rol de padre?

 

Como hijo yo no tengo reproches frente a él. Es incuestionable esa parte. Sí tuve oportunidad de hacerle reproches por la guerra y la violencia que estaba ejerciendo pero eran cosas separadas porque yo podía entender claramente la diferencia entre el hombre público y el padre. Eso se puede ver en la película a través del material de video casero, que lo humaniza, lo pone en otro contexto.  Allí se puede entender quién era él como padre en la cotidianeidad y cómo se comportaba. Al director yo le dije que no quería que fuésemos a mentir en nada ni a omitir datos respecto de todos los hechos ocurridos. Creo que mi padre queda peor parado de lo que se lo conocía hasta entonces.

 

¿Por que si bien habías tenido otras propuestas para participar de documentales sólo aceptaste este proyecto?

 

Porque Nicolás tuvo la capacidad de enfocar esta historia a través de los ojos de los hijos. Y me pareció que desde ese lugar se podía contar una historia que transitaba por los sentimientos y se involucraba menos desde lo político o lo racional. El documental se convierte en un una herramienta o un escenario de acercamiento entre las partes, para entender que no somos nuestros padres y que podemos continuar con la historia de un modo diferente. La película cuenta la historia desde los ángulos mas diversos, ya no te quedas con una sola versión.

 

¿Cómo cambiaron en el desarrollo del documental tus objetivos con respecto a los hijos de Lara y Galán?

 

La película durante el proceso nos fue llevando a lugares que siempre habíamos querido estar. Todos en algún modo estábamos buscando este encuentro. El proceso de hacer el documental permitió que se descubrieran esos sentimientos de las familias y abrió una línea directa para hacerlo. El documental me permitió concretar esas intenciones y que no se quedara sólo en los anhelos de lograrlo.

 

Y por otro lado te permitió dejar de esconderte, recuperar identidad, visibilidad.

 

Cuando quedó al descubierto mi identidad y la de mi madre en el año 1999 -fuimos detenidos en Buenos Aires por el delito de parentesco- fue algo trágico para nosotros porque quedó en evidencia nuestro lugar de residencia y se puso en riesgo nuestra seguridad. Pero también nos terminó liberando de ese estigma, de tener que vivir escondidos, andando por las sombras para proteger nuestras vidas. Eso permitió que el documental fuese posible. Y luego con la película terminada esa sensación de liberación fue mucho mayor.

 

¿Por qué sentías la necesidad disculparte por acciones que no son tuyas sino de tu padre?

 

Creo que es mi responsabilidad como hijo. Yo me sentía la única persona que podía transmitir unas sinceras disculpas, un pedido de perdón a todas las victimas. No es un pedido de perdón exclusivo para dos familias sino para todas las victimas. En el nombre de mi padre y de su memoria. Me sentía la única persona que podía expresar esto con total claridad y transparencia.

 

¿Crees que el avalaría esta tipo de conciliación?

 

Sí, de hecho hice todos mis esfuerzos por mantener el respeto hacia la figura de mi padre. Tener la capacidad de separar quién era él en lo publico y quién era él en la familia. Es una línea muy delgada y difícil de definir. Me he criado en una cultura que reza “honrarás a tu madre y a tu padre” y toda mi vida he tratado de hacerlo lo mejor posible.

 

¿Cuál crees que puede ser el legado que deje esta película?

 

Yo creo que sirve para que las nuevas generaciones entiendan que aceptarse, dialogar  y hablar acerca del perdón y la reconciliación es posible, aún en el contexto machista en que nos criamos todos,  con todas esas diferencias que parecían irreconciliables. Si logramos que alguien entienda eso, el documental habrá logrado sus objetivos. Algo que he buscado al participar de este proyecto es que la película se convierta en herramienta de reflexión para aquellos que pretenden meterse en el mundo del narcotráfico sin tener muy clara la idea de sus consecuencias.