Los tiempos (perdidos) de Hong Sang-soo

Se estrena En otro país, nuestra excusa para hablar del director coreano, de su larga relación con el BAFICI (con un foco y un libro dedicados a su obra en la última edición; su visita en persona debió ser cancelada a último momento) y de ese ligero placer que producen sus películas.

Nota publicada en la edición impresa del número de abril como parte del Especial BAFICI 2013.

 

El futuro

En el momento en el que Hong Sang-soo pise tierra argentina (o, mejor dicho, porteña), se va a concretar una historia de amor que lleva ya 15 años. Desde el nacimiento del BAFICI, HSS estuvo presente en casi todas sus ediciones. Excepto un par, todas sus películas fueron parte del festival. Lo cual no es tan raro. HSS responde a una serie de directores que desarrollaron sus carreras valiéndose más del reconocimiento en festivales que de sus éxitos en taquilla. Sus películas participaron en un total de 242 festivales. Un récord impresionante. Sin embargo, y he aquí uno de sus secretos, los festivales necesitan más de HSS que HSS de los festivales. El porqué de esto se responde con sus películas. Y no será su visita el único milagro (exageremos), el festival también editará un libro sobre su obra. No es un dato menor. A pesar de la importancia de HSS en el cine moderno, la bibliografía dedicada a su cine es injustamente escasa. Tampoco es mucho lo que aparece buscando por la Red. Los reportajes que se encuentran no suelen ser muy esclarecedores. A Hong –parece-, y a diferencia de sus personajes, no le gusta hablar de su arte y menos teorizar sobre él. Una actitud que engrandece su figura y que parece decir que con las películas ya es suficiente. Ni desconfianza en las imágenes, ni exceso de confianza en las palabras. El tercer y verdadero milagro será el estreno en salas comerciales de En otro país (2012) en nuestro país.

 

El pasado

El cine de HSS hace su aparición en la Argentina junto con la primera edición del BAFICI, en un ya lejano 1999, con su segunda película The power of Kangwon province (1998). Su ópera prima The day a pig fell into a well (1996) fue recuperada en el año 2003, en una sección apropiadamente llamada Bonus track.

En aquellos años el cine coreano comenzaba a deslumbrar al mundo con sus nuevos realizadores. Nombres hoy consagrados realizaban sus primeras obras y ganaban festivales alrededor del mundo. En el catálogo de la 3º edición, Quintín, el entonces director del festival, comentaba en la introducción a una sección (apropiadamente llamada El boom coreano) que los estrenos locales de ese cine eran vistos por del 30 por ciento de los espectadores y establecía una comparación con el nuevo cine argentino. Que en ese entonces también recorría festivales y sorprendía al mundo con su calidad y variedad. Hoy, casi más de diez años después, ese porcentaje de espectadores consumidores de cine local llegó a records del 60 por ciento. Y aquellos noveles directores se terminaron de consagrar mundialmente. Basta nombrarlos: Bong Joon-ho, Park Chan-wook, Kim Jee-woon, inclusive el hoy devaluado Kim Ki-duk. Lo que ocurrió con el cine argentino es otra historia. Lamentablemente no tan feliz. Pero volvamos a Hong.

 

El presente

Se dice que todo se repite en la obra de HSS y es así. Personajes (casi siempre directores de cine o profesores relacionados con alguna de las ramas del arte), las tramas (hombres –dos, la mayoría de las veces- arrastrando sus problemas sentimentales y existenciales, enfrentados al amor o desamor de una mujer), las situaciones, y hasta ciertas imágenes (hombres con mochilas, caminatas, largas conversaciones, bares en donde se bebe y se come copiosamente, pero sobre todo se bebe, gente esperando taxis en calles nevadas, borracheras). Ver estas repeticiones como un defecto o limitación, es un error. Se sabe, alguien ya lo dijo, los malos directores tienen muchas ideas, los grandes, sólo una. Hong, a diferencia de miniaturistas como Wes Anderson, no crea un universo a partir de acumular (y embellecer) sus obsesiones. Su cine parece ser –o eso nos hace creer y ése sea quizás su mejor truco- una extensión de su vida y su mundo.

Una anécdota -como siempre- echa luz sobre lo dicho anteriormente. Una chica coreana (una verdadera chica del sur) que vive hoy en la Argentina, al enterarse de la visita del director, dice que no quiere verlo, porque cada vez que alguien pasa tiempo con él, Hong suele tomar parte de sus conversaciones y situaciones para utilizarlas en sus películas. Hong, consciente de esto, le hace decir a uno de sus personajes femeninos: “Por favor, no uses esto en una de tus películas”.

 

El futuro (-de nuevo- y un sueño)

Sueño con la visita de HSS y con los jóvenes que descubren sus películas (aunque en estas épocas es cada vez más difícil que algo ocurra por primera vez). Esos futuros directores dejan de lado todo lo aprendido, y se dan cuenta de que el mejor lugar para buscar inspiración para sus historias está en las relaciones entre las personas. Que sólo hay que ser honestos y rigurosos con el universo que los rodea y tratar de plasmar eso en sus películas. Algo que suena simple, pero es profundo y complicado. Como en el cine de este autor coreano, que en su hermosa liviandad esconde todos los secretos del mundo y, claro, del cine.

En el sueño, un oriental con barba y bigotes ralos, me mira a través de sus lentes y con una media sonrisa, me dice:

- Hago películas en donde los personajes hablan, comen, toman soju y se enamoran. 

Después me despierto. Pero sólo para ver las películas de este señor que, me dice, se llama Hong Sang-soo.

 

-En otro país se estrena el jueves 9 de mayo en las siguientes salas:

Village Recoleta, Arte Multiplex Belgrano, Multiplex Belgrano, Showcase  Belgrano, Showcase Norte y Premier.