Luces Rojas

Sí, el “boom del cine chileno” sobre el que escribimos el número pasado, existe, pero, ¿qué más hay además de buenas películas con creciente éxito en festivales? Dos distribuidores, una chilena y otro argentino, traspasan la barrera de la cordillera y dialogan a fondo sobre un escenario con más de un punto en común con el nuestro. “Las películas afuera adquieren un valor que cuando llegan a Chile, disminuye o se pierde”, dice Tehani Staiger, de CinemaChile.
Tehani Staiger, responsable de distribución de Cinema Chile.

Nota publicada en la edición de mayo de 2013.

 

Mientras la producción de Chile disfruta de una primavera festivalera, el público chileno no se muestra tan interesado por la producción local, y casi diríamos que Chile se mira en el espejo retrovisor del cine argentino de hace unos años y del cual, en nuestro país sólo subsisten las penurias de taquilla. Con más del 10 por ciento de los estrenos anuales, los títulos chilenos no logran superar el 5 por ciento en la repartición de entradas de su país, en una ecuación que aun siendo mejor que la argentina no llega a disimular el desbalance entre oferta y demanda. Los detalles de este escenario tan feliz como desafiante los brinda Tehani Staiger, responsable de distribución de Cinema Chile, de visita en Buenos Aires para el 15 BAFICI.

Manuel García:¿Cuál es la labor de distribución concreta de  Cinema Chile?

Tehani Staiger:Cinema Chile va a cumplir cuatro años. Es una agencia de promoción inicialmente internacional de cine chileno. Su labor consiste en instalar los contenidos audiovisuales en los festivales y mercados más importantes del mundo y se hace cargo de acompañar a las delegaciones de productores y directores chilenos en el mercado y también de estar en permanente contacto y establecer la red de gestiones para la selecciones de los programadores de festivales. Nuestros primeros objetivos atendían al mercado internacional porque como Chile tiene un mercado muy pequeño hace mucho tiempo que nos dimos cuenta que efectivamente por más que uno haga crecer el mercado chileno, para que el ejercicio audiovisual tenga una posibilidad de sustentabilidad hay que salir afuera. A partir de 2012 empezamos a trabajar en forma paralela en el mercado nacional porque nos dábamos cuenta que a aquellas películas que les iba bastante bien en circuitos internacionales luego volvían a Chile y no tenían la misma repercusión. Las películas afuera adquieren un valor que cuando llegan a Chile, disminuye o se pierde. Ahí nosotros empezamos a trabajar en el mercado nacional, participando en los festivales internacionales que hay en Chile.

M.G.:Lo que contás se parece mucho a lo que le pasa al cine argentino hace varios años. Ustedes, en lo que respecta al cine chileno, ¿cuál es el análisis que hacen de éste fenómeno?

T.S.:Internacionalmente hemos tenido un impacto porque efectivamente el cine chileno ha madurado y ha sido capaz de instalar relatos contundentes, diversos, de calidad autoral y eso se refleja naturalmente en el impacto que tenemos en festivales. Ahora, qué pasa adentro es un ejercicio mucho más complejo de analizar, básicamente tiene que ver con formación de audiencias y con los espacios que existen para que las ofertas audiovisuales se puedan instalar bien. Es decir, no tenemos desarrollos de audiencias en Chile, nuestra política pública es bastante joven y todavía no aborda de forma contundente el desarrollo de audiencias. El Estado tiene una política más subsidiaria que de acompañar a un crecimiento y un desarrollo. Por el otro lado, los espacios que necesita el cine para ser expuesto, es decir, difusión, promoción, el funcionamiento de las salas, cómo las películas tienen alguna garantía de permanecer en las salas, todo eso en Chile es un escenario súper agreste. A diferencia de muchos países, como el de ustedes, no tenemos cuota de pantalla, ni ninguna regulación que fomente una mayor instalación de obras audiovisuales en el mercado.

M.G.:¿Y ustedes tomaron como ejemplo de esa potencial política pública los resultados que dio en la Argentina, donde hay un debate sobre si esas políticas no solamente fueron bien implementadas sino de si además efectivamente dieron resultado?

T.S.:Hay un proyecto de ley de cuota de pantalla que tiene el objetivo de entregarle una mayor protección a los contenidos nacionales, pero nosotros en Chile tenemos una realidad bastante particular. Tenemos un país absolutamente neoliberal, tenemos tratados de libre comercio con todo el mundo, una economía muy abierta y toda la política básicamente apunta a fortalecer el emprendimiento de los privados. Ese escenario hace que sea súper complejo instalar una cuota de pantalla. Cualquier norma de regulación en Chile es un proyecto que tiene muy pocas posibilidades de conformarse en ley. Y también creemos que no podemos hacer el ejercicio de tomar algún modelo existente, llegar y traspasarlo, así en forma automática. Tenemos que saber inventar algún modelo más particular y que atienda más a la realidad chilena. Pero también tenemos conciencia que al igual que cualquier mercado no es posible que funcione sin ninguna regulación. Y en Chile no hay ninguna regulación de nada.

M.G.:Tengo entendido que en Chile sí hay apoyo a la distribución y al marketing de algunas películas, ¿cómo funciona?

T.S.:Tenemos dos fondos que ayudan a la distribución de películas nacionales. El Fondo Audiovisual implica básicamente una ayuda para poder tener más copias, hacer una avant premiere, negociar con salas y tener una base de marketing, comunicación, etc. Es un fondo no retornable, concursable y además cofinanciable: es decir si el Estado pone 100, tú debes poner 100.  El de la Corporación de Fomento es similar, pero de ventanilla abierta. Sin embargo lo que sucede con esos fondos es que el sector empieza a funcionar en torno a estos fondos. Es decir: si tú no tienes alguno de esos fondos es muy difícil distribuir.

M.G.:¿Cuántas películas se hacen en Chile por año y cuántas pueden conseguir esos fondos?

T.S.:En Chile se estrenan unas 35 películas por año, y de esas películas al menos la mitad tiene esos fondos. Las películas que no tienen esos fondos tienen dos naturalezas. Unas son películas mucho más comerciales y que trabajan con distribuidores más grandes, y luego viene un número de películas que trabajan en salas de cine arte, en un circuito más alternativo y que no pasan  por multisalas.

M.G.:CinemaChile también está distribuyendo películas, ¿no?

T.S.:Sucede que en Chile hay un grupo de grandes distribuidores que trabajan sólo con películas de público masivo y luego hay un par de distribuidores muy pequeños que no tienen la capacidad de hacerse cargo de toda la demanda de películas chilenas. Entonces los propios productores empezaron a distribuirse y a relacionarse directamente con las salas. A nuestro juicio eso debía cambiar porque finalmente lo que sucede es que los productores empiezan a concentrarse en la distribución en vez de concentrarse únicamente en producir. Y ahí es donde nosotros dijimos, bueno, tal vez nosotros podamos aportar en esta etapa de la cadena de producción. Y decidimos crear CinemaChile distribución, que partió este año con la película De jueves a domingo de Dominga Sotomayor como primer título.

M.G.:En Chile, como en Argentina, se conjugan un mercado muy concentrado en poco contenido, y la falta de circuitos de exhibición alternativos a las multisalas. ¿Cómo se las ingenian ustedes para distribuir contenidos tan diversos en un escenario como este?

T.S.: Lo que está ocurriendo hoy día es que las pocas películas que tienen una tendencia masiva, naturalmente están llegando a las multisalas. Y luego está este circuito de salas de cine arte pero, efectivamente, hay muchas películas que no están llegando a pantallas. Ahora, yo creo que el fenómeno es mucho más complejo y probablemente necesitemos que pasen unos cinco o diez años más para poder modificarlo, porque los contenidos diversos necesariamente implican que el mercado sea diverso. Y tenemos un mercado absolutamente tradicional versus un contenido absolutamente diverso. Lo que hay que hacer es diversificar el mercado también. Nosotros no tenemos como tiene Argentina espacios del Estado. No tenemos una cadena a lo largo del país de salas de cine en buenas condiciones. Existen algunas, pero no hay coordinación entre ellas, no hay una gestión profesional en esas salas. Entonces vamos paso a paso. Yo creo que de aquí a unos cinco años más, teniendo en cuenta algunos programas de políticas públicas que están comenzando a ejecutarse que tienen que ver básicamente con fortalecer centros culturales en comunas con más de 50 mil habitantes, vamos a poder estar hablando de una realidad distinta a la de hoy.

M.G.:¿Los realizadores chilenos los acompañan en ésta búsqueda, no sólo deseando el éxito en su propio país sino también produciendo material de distribución durante la realización de las películas? 

T.S.: En Chile los productores que tienen más experiencia, cuando terminan de rodar la película, ya tienen un montón de trabajo adelantado en relación a la distribución. Y eso por algún lado te facilita el trabajo como distribuidor pero por otro lado lo complejiza. Nosotros tomamos la decisión en CinemaChile de quitarle ese trabajo a los productores y tenemos un equipo especializado que trabaja solamente en la elaboración de esas piezas promocionales porque creemos que, a diferencia de la propia película, que es una pieza autoral, las piezas promocionales son piezas promocionales. No tienen que ver con la expresión autoral del director sino más bien con cómo yo vendo esta película, cómo la ofrezco, cómo la instalo en el mercado. Tú le preguntas al productor, bueno, tu película para qué público es y te define un público, después tu estudias esa película y te das cuenta que hay diferencias ahí. Esto no significa cerrarle la puerta al director, significa decirle: mira, aquí está el tráiler, dame tu opinión.

M.G.: Con consenso, pero la última palabra la tiene CinemaChile.

T.S.: Exactamente.

M.G.: ¿Y cuántas películas planean distribuir por año?

T.S.: Este año creo que vamos a distribuir tres o cuatro. Tenemos varios títulos en cartera, el próximo año esperamos distribuir el doble. Y seguramente el objetivo próximo de CinemaChile será volver a salir hacia afuera pero con otro objetivo, que es cómo nos acompañamos en la región para hacer circular los contenidos latinoamericanos.

M.G.: Hubo una mesa en Ventana Sur que hablaba del problema de que el contenido latinoamericano funcione en Latinoamérica, fuera de su país de origen. Eso es un problema endémico, salvo excepciones, pero ustedes, que son de estudiar estas cosas, ¿tienen algún diagnóstico?

T.S.: Yo creo que cualquier película latinoamericana funcionaría en cualquier país latinoamericano, iberoamericano. Pero es un tema de voluntad política, porque para que las películas circulen tiene que haber una política que llegue a aduanas, a cómo circulan físicamente las copias, dónde se exhiben, homologar la legislación en muchos aspectos.

M.G.: ¿Qué títulos de la nueva generación de directores se estrenaron en Argentina? Recuerdo muy pocos en los últimos años, parece insólito.

T.S.: Sí se estrenan, pero tienen poco impacto. Se estrenaron Violeta se fue a los cielos, Post Mortem, La Nana, De jueves a domingo…,  y también argentinas en Chile, pero no tienen impacto a pesar que incluso entre Chile y Argentina hay un convenio de codistribución vigente que no se aplica.

M.G.: ¿Qué dice ese convenio?

T.S.: El convenio implica la codistribución de 4 o 5 títulos por año, en Argentina de títulos chilenos y en Chile de títulos argentinos y tiene una implicancia en promoción, marketing, distribución. Se llevó a cabo el primer año, que debe ser esto unos siete ocho años atrás y luego… Lo que pasa es que las evaluaciones que se hacen de esos programas están mal planteadas porque sólo son posibles de evaluar a largo plazo. Y son espacios en donde uno tiene que invertir, invertir, invertir y luego de varios años empiezas a ver algunos frutos. Entonces, año uno, se ve que las cuatro películas en cartelera no tuvieron mucho impacto, listo, no se hizo más.

M.G.: En Argentina diría que tampoco se piensa en el largo plazo. Es decir, se trata de producir mucho, tener mucha prensa, pero después finalmente que el público vaya, que es un laburo más de base desde los contenidos hasta la promoción, no está. Argentina generó un convenio similar con Brasil, pero nuestro país no lo cumplió nunca y se dejó de hacer el primer año. Es medio absurdo porque nace como proyecto de largo plazo y a corto plazo termina. Es medio absurdo por decirlo suavemente.