Lugares comunes

Con funciones de cuatro de sus películas en el Centro Cultural San Martín, hoy es el día ideal para conocer la obra de Bob Byington, uno de los directores invitados de este último Bafici.

Quizás una de las experiencias más valiosas que nos permite el Bafici sea la de conocer, año tras año, el trabajo de directores que, de la mano de una nueva película, desembarcan con toda su filmografía en nuestras salas. La posibilidad de apreciar gran parte de la obra de un director que hasta hacía poco tiempo desconocíamos resulta didáctica y a la vez reveladora para cualquier amante del cine. Didáctica porque, si prestamos atención, podemos vislumbrar el camino que fue haciendo durante su formación, y reveladora porque nos permite conocerlo en tanto artista integral.

Primero vi su última película, 7 Chinese Brothers. Llegué por azar, pero a la salida anoté su nombre, Bob Byington, y me ocupé de ver todas las demás. Al día siguiente me lo crucé en la sala, lo había visto presentando la película anterior y venía a presentar esta también: RSO (Registered Sex Offender). Aproveché para felicitarlo, él me dijo que su última película no le gustaba tanto, que viera esta, que fue la primera que hizo, y para él es más valiosa. Cuatro días, cuatro películas, casi toda la filmografía de Bob Byington. Uno a uno fui viendo sus films, y a la salida él me preguntó qué me habían parecido. Me di el gusto de hablar con él sobre algunas cosas.

LO DIDÁCTICO

Estructuras de producción

Byington trabajó en sus primeras tres películas con el mismo grupo de actores (y varios no actores), en distintos roles y registros. En la cuarta, con más presupuesto, sumó a Jason Schwartzman y elenco, y mantuvo la estética y el ritmo despojados que lo caracterizan. Con más presupuesto necesitás productores más avispados, dice Bob. Cuanto más conocido es el actor, más son las necesidades que hay que satisfacer y hay que estar más atento. Por lo demás, el trabajo es el mismo.

Dirección de actores

En sus películas conviven constantemente actores con no actores. Byington dirige de forma diferente a cada uno según sus propias necesidades y lo que puedan aportar a la película. Es por eso que, si bien los diálogos suelen estar escritos, siempre da espacio para que los actores puedan aportar ideas en sus partes. No usa una técnica fija de dirección actoral, sino combinaciones mixtas de ensayo, improvisación y filmación.

Temáticas y espacios recurrentes

No sé si alguna vez vamos a ver alguna película de Byington que no tenga una boda o un funeral. ¡O ambas! Me cuenta Bob que el público se quejó de que no pasa nada en Harmony and Me, pero que esa crítica no es justa: pasan un montón de cosas. El problema es que sus personajes no se comportan en esas situaciones como el espectador quisiera, y estas situaciones no son tratadas como puntos de giro en la trama de sus films. El público necesita saber que los actores están dramatizando para no sentir que se les está haciendo perder el tiempo.

LO REVELADOR

“¿Hubo un guion?”, le preguntaron en el debate luego de la proyección de Harmony and Me. “Bueno, eso es un poco ofensivo, de hecho lo eligieron ganador entre 800 guiones en el Festival de Sundance”, respondió Byington con una risita. No es difícil entender, al ver sus films, que esa es una pregunta que Bob debe escuchar frecuentemente. Los diálogos disparatados, la desidia de los personajes y el automatismo de los ambientes nos pueden llevar a pensar, en una primera instancia, que todo su cine responde a los cánones de una improvisación.

Sin embargo, con el correr de la trama se descubre una estructura narrativa cuidadosa. Sus personajes son normales con la salvedad de que en el cine rara vez vemos personas normales. Tipos comunes, aunque extremadamente graciosos, de clase trabajadora, con una o dos disfuncionalidades y bastantes problemas de adaptación. Nuestros (anti)héroes desfilan en uniformes de trabajo por ambientes alienados, ignorando reglas laborales siempre ridículas que ponen en peligro sus puestos y, con ellos, toda su vida social. O son completamente funcionales, como el protagonista de Somebody Up There Likes Me, y aun así profundamente infelices.

Pero el relato no queda, como podría suceder, atrapado en el pantano del film minimalista descriptivo. Byington toma a estos personajes comunes y los arroja a circunstancias épicas de la vida del ser humano: una separación, una boda, un funeral. Estos pasajes, que en el cine suelen conducir a grandes momentos de patetismo y catarsis, no funcionan igual en el universo Byington: sus personajes son personas comunes y, como tales, muchas veces no están a la altura de los acontecimientos. No tienen grandes revelaciones ni cambian el curso de su vida. Sencillamente se ven superados por la situación. No saben manejarla. No pueden con ella. La atraviesan con dolor, con rabia, con negación. Y muy lentamente asoman la cabeza a la superficie, más como un reflejo de supervivencia que como un acto de fe.

Y al final siempre ganan algo, pero poco. Tan poco que es ridículo, y eso nos hace reír. El género tragicómico produce eso: un efecto de falsa catarsis que nos amiga con los rasgos buenos y no tan buenos de la humanidad.

En las historias de Byington pasan muchas cosas; lo que definitivamente no sucede es el cambio drástico y vertiginoso que estamos acostumbrados a ver en el cine industrial. El valor de sus películas radica en la sinceridad con la que narra estos eventos. Los hechos se suceden, la vida sigue siendo más o menos la misma. La gente muere, las cosas se reparten y se sigue adelante. Con un mensaje desconsolado y esperanzador al mismo tiempo, Byington lleva al cine un pasito más cerca de la vida. Aquí no existen finales felices, sino formas de seguir adelante con el dolor y la falta.

 

Funciones del miércoles 20:

16:35, San Martín 1: RSO (Registered Sex Offender)

18:35, San Martín 1: Harmony and Me

20:30, San Martín 1: Somebody Up There Likes Me

22:25, San Martín 1: 7 Chinese Brothers