Más extraño que la ficción

El productor Iván Granovsky encontró en su singular y aventurera vida una razón suficiente para filmar su primera película; una odisea por diferentes banderas y por la neurosis de un adulto que no está ni aquí ni allá, en todos lados y en ninguno. Después de viajar por varios festivales, y de competir en el Bafici, por fin se estrena en cines Los territorios.

En Los territorios, Iván es el hijo de un reconocido periodista. En la vida real, también. En la película, él viaja por algunos de los lugares más conflictivos del mundo en una aventura que dice más sobre él mismo que sobre su entorno. En la vida real, también. Porque Iván Granovsky encara el proyecto con la lógica del multitasking llevada al extremo: es director, guionista, productor y actúa de sí mismo. Y en ese trabajo encuentra un punto medio entre la realidad y la ficción, con una obra política, social, humorística e íntima que tiene un solo objetivo: contar una historia sin detenerse en qué es realidad y qué es fantasía.

 

¿Cómo surgió la idea de Los territorios?

Intentamos hacer una película fallida sobre terroristas que dejaban la lucha armada. No teníamos ni un centavo y así no podíamos construir un verosímil. Sin ese verosímil, teníamos que caer en cierto cine un poco más absurdo. Y cuando entramos en ese terreno más libre, apareció lo genuino: nuestro film era sobre periodismo y no sobre terrorismo. Así que le dimos para adelante. Digo “dimos” porque esto nació junto a Ezequiel Pierri, el primer productor de la película, y a quien considero cocreador. Mamamos un cine que defiende la expansión, la verborrea, la falta de límites. Y que defiende la facilidad para destruir las propias ideas. Los territorios nace por la destrucción de muchas ideas previas. Y no me refiero a desestimarlas. Me refiero a destruirlas de verdad, y que las armas para destruirlas fueran nuestras nuevas herramientas narrativas. Tal vez muchas veces los films nacen así.

 

La película juega en la línea entre el documental y la ficción, ¿cómo fue ese trabajo? ¿Cómo encontraste ese tono?

Me gusta que uses la palabra “línea”. A veces hay gente que usa “fronterizo”, y también me gusta. Me parece mal cuando hablan de “híbrido”, o de “docuficción”. Porque es como si uno hubiera creado a Frankenstein. Y uno lo que hizo fue una película. Justamente creo que el tono lo encontramos porque no nos importaba si era documental o ficción. El trabajo con Ana Godoy, la montajista, fue siempre en favor de un film. Es decir, no nos importaba si lo que dijéramos fuera cierto o no. Nos importaba que hubiera un arco dramático que se cumpliera. Para eso, a veces utilizamos la realidad, a veces la ficción, a veces un recurso cinematográfico, y a veces otro. Lo importante era que hubiera una tensión y una progresión. Finalmente, todo es un relato, falso o no. Por eso es cómica, trágica, cínica, sensible… Porque uno necesita poder nutrirse de todo. Es abierta.

 

Tu papel en la película funciona como el de un actor que se interpreta a sí mismo, ¿cómo encaraste ese trabajo?

Siempre consideramos que el rol del periodista protagonista del film, fuera yo o no, o fuera un periodista real o no, o fuera solo un chico, tenía que ser un testigo de lo que ocurriera. El trabajo es el de mirar con curiosidad lo que ocurre delante de los ojos. El film no exige que ese personaje accione sobre las cosas. De hecho, el arco dramático del personaje es que quiere accionar y no puede. Es una oda a la curiosidad. Entonces es más simple trabajar como no actor desde ahí. Mis características actorales, además, creo que se las dio más el montaje que la puesta en rodaje.

 

¿Qué descubriste de vos mismo después de esta experiencia?

Que soy mucho más contradictorio. Porque, por un lado, con este film aprendí que soy aún más frívolo de lo que creía ser, pero al mismo tiempo me di cuenta de que las cosas me preocupan mucho más. Entonces es contradictorio. Esta película me sirvió para descubrir todas mis fallas como progre judío de clase media alta porteña. Sé que no cualquiera compra ese personaje, pero creo que gran parte de los que hacemos cine somos eso. 

 

La película juega mucho con la idea del adentro y el afuera, ¿qué correlato encontraste entre los territorios que visitaste y tus propios territorios interiores, privados?

No lo sé. La película construye solo una certeza: “La única victoria es la curiosidad. El resto es fracaso”. Creo que visitar los territorios geográficos era la victoria, y visitar los territorios interiores el fracaso. Y al mismo tiempo, como personaje, en realidad fracaso en mi visita a los territorios geográficos, y gano en mis territorios interiores porque me doy cuenta de lo progre y frívolo que soy. Es un bucle muy neurótico.

 

Luego de tu experiencia con esta ópera prima, ¿qué aprendiste para futuros proyectos?

Lo bueno: que hay un mundo para explorar en los viajes coming of age en contextos geopolíticos. La épica hace expandir la psicología interna, y eso es bastante lindo. Lo malo: filmar y viajar es hermoso… e infinanciable.

 

¿En qué estás trabajando actualmente?

Como todo lo que aprendí no me sirvió para nada, volveré a filmar una película de viajes. Ficción pura y dura. No puedo adelantar nada más que los personajes: criadores de ostras, pescadores, marineros, esposos de presidentas, surfers y militantes del PT. 

 

 

Los territorios

De Iván Granovsky

2017 / Argentina / 93’

Estreno: 15 de marzo