Más realismo que mágico

Con más de 15 premios en su haber, estrenos y halagos internacionales, llega a Buenos Aires este film brasileño de realización casi pictórica, luego de su paso por festivales como Venecia, Toronto, San Sebastián y Rotterdam. Entrevista con su directora, Julia Murat.
Sonia Guedes como Madalena en Historias que sólo existen al ser recordadas.

Si Historias que sólo existen al ser recordadas fuera un relato literario y no una película, respondería a la estructura de la nouvelle, forma híbrida, camino intermedio entre el cuento y la novela. Sin el desarrollo argumental de la última, pero con la concisión del primero, esta historia del encuentro entre dos mujeres más que construir un misterio devela capas de sentido. Capas que, ni siquiera hacia el final, adscriben de forma absoluta a lo fantástico y que, sin embargo, se nutren de su universo.

 

 

La película se detiene en los objetos, y la puesta en escena los "descubre" a través de distintas secuencias. De alguna forma, ¿sentís que algo similar ocurre con los personajes?

Creo que sí. Los objetos son vistos poco a poco, en cada repetición. En el principio no los vemos pues estamos mirando el espacio desde el punto de vista del personaje más viejo, Madalena, que ya está acostumbrada con este espacio. Cuando empezamos a mirar el espacio desde el punto de vista de la joven Rita los objetos ganan importancia y destacan. Creo que lo mismo pasa con los personajes: todos ya se conocen, todos ya conocen las historias unos de los otros. No es necesario, pues presentarlos. Con la llegada de Rita, poco a poco, el interés y el recuerdo de las historias pasadas crece. Y por ellas vamos descubriendo más los personajes. 

 

Percibo en el film un tratamiento visual que lo acerca a lo fantástico. ¿Tenés la misma percepción? ¿Cómo pensás a este género en relación a la película?

Sí. El realismo fantástico de Gabriel García Marquez y Juan Rulfo fue muy importante para el desarrollo de la película. Creo, entretanto, que poco a poco, lo “mágico” fue siendo abandonado en la película que se torno más "realista". Hoy lo mágico subsiste en las entrañas de la película, en la trama principal de una ciudad donde nadie muere, en algunas historias contadas, y en el clima que envuelve la peli. Junto a este tono mezclo lo documental: los diálogos han sido oídos, grabados, tomados de la "realidad", los personajes son en su mayoría gente de la región, “no-actores”….

 

 ¿Cómo surgió la idea de abordar esta comunidad en donde irrumpe la presencia de esta joven? ¿Cómo fue el proceso desde aquella idea hasta la concreción del guión?

La idea surgió hace mucho: en 1999 yo estaba filmando la película de mi madre (Brava Gente Brasileira) y encontré un cementerio cerrado: cuando moría un habitante de este pueblo tenía que ser enterrado en la ciudad más cerca: 7 horas de distancia. Cuando vi este cementerio decidí hacer una película sobre una vieja señora y su ganas de ser enterrada en el lugar donde nació. Con el tiempo y el trabajo en el guión la historia cambió hacia un pueblo adonde nadie moría. Para desarrollar la historia sentí que necesitaba un personaje extranjero, que llegase sin conocer las historias y los ritos de la aldea. Así cree a la joven Rita, fotógrafa, pues en este momento yo estaba terminando la facultad ( Diseño industrial), donde yo estudié mucha fotografía. Después Maria Clara Escobar y Felipe Sholl (los co-guionistas) entraron en la película y acrecentaron sus personajes e historias. Participamos de muchos workshops de guión, incluso el de Casa América, en Madrid, donde conocemos a Julia Solomonoff (productora de la película).

 

El film reflexiona sobre el recuerdo y, de alguna forma, muestra a la fotografía como un arte en donde la espiritualidad tiene un espacio central. ¿Cómo crees que incide la fotografía en la memoria e historia de las dos mujeres, la anciana y la joven?

La fotografía en la película es trabajada en muchas vertientes: para la anciana Madalena la fotografía significa en el mismo tiempo la muerte (su hijo murió por un accidente mientras le hacían un retrato), el pasaje a la muerte (ella se deja morir a través de la foto), el acceso a la magia (en la foto ve el alma de su marido y su propia alma), el recuerdo y el acceso al pasado (guarda todas las fotos de los habitantes que abandonaron la villa para mantenerlos vivos). Para la joven creo que la fotografía tiene el aspecto del registro. Pero este registro puede ser más "realista" como en las imágenes digitales, o ser capaces de captar el paso del tiempo, como en las fotospinole (cámara obscura).

 

¿De qué Brasil sentís que habla tu película? ¿Con qué valores ancentrales se conecta?

Creo  que la película es universal en su tema: la muerte, la vejez, la tradición. La historia se desarrolla en la región  del Valle do Paraiba, que está localizada entre Rio, São Paulo y Minas Gerais, y capta al máximo la historia de esta región: de aldeas antes ricas, hoy abandonadas por la crisis del café y el fin de los trenes de pasajeros. Así creamos Jotuomba, ciudad ficticia, pero basada en los datos históricos: la fecha de la última muerte es datada en 1976, año en que terminó de pasar el tren de pasajeros en la región; Madalena hace pan, pero no lo come, aprendió de Guillermo, su marido italiano, pero sigue comiendo yucca por las mañanas. Así como el pan llegó al Vale do Paraíba con la inmigración italiana, donde antes se comían tubérculos. Así toda la ficción fue creada con bases históricas, buscando lo mágico.