Maratón neovanguardista

Si algo le faltaba al lector cinéfilo era tener acceso a la vasta obra del realizador lituano y crítico cultural Jonas Mekas. Caja Negra nos cumplió el sueño y editó un libro de 400 páginas para darnos una panzada de pensamientos explosivos.

No hay lugar a dudas. Si algo se repite en la vida del realizador lituano Jonas Mekas, es la constante condición de exiliado. Allí están el emigrado que, en la Europa cada vez más atestada de nazis, huye a Viena y luego a Estados unidos; el expatriado del lenguaje teatral que se refugia en la praxis del cine; el crítico cultural que con su voluntad de fuga incendiaria –ya instalado en los en los sesenta en Nueva York– gambetea el gregarismo cultural, el seguidismo de lo instituido, y se posiciona como uno de los campeones del underground. Y en cierto sentido tal vez ese estado de éxodo permanente pueda entenderse como un síndrome productivo. Al menos como para conformar un libro de más de cuatrocientas páginas pobladas de artículos donde se apunta –con refinamiento y vigor– contra todo el establishmentartístico. Publicado por Caja Negra, Cuadernos de los sesenta. Escritos 1958-2010 reúne obras de Mekas aparecidas en el Village Voice como también textos de su archivo personal. Signados en muchos casos por el ímpetu del manifiesto, el abanico de géneros que compone el libro es variado. Hay críticas, reseñas, crónicas y entrevistas a varias voces. Y esos múltiples interlocutores pueden ser John Lennon, Yoko Ono, Susan Sontag, Pier Paolo Pasolini, Andy Warhol, Maya Deren, John Cage, Gregory Corso y muchos otros.

“En una sociedad bastarda, estandarizada, conformista y enferma, la perversión es una fuerza de liberación”, apunta y dispara Mekas en uno de sus primeros escritos. La frase confirma su deseo de desvío de las normas que regulan el clasicismo del cine y explica el corpus filmográfico que va encumbrando su obra crítica: Jack Smith, Stan Brakhage, Joseph Cornell. En cierto modo, ese estado de exaltación e irreverencia que se defiende en esa frase pone a Cuadernos de los sesenta en diálogo con otro libro del catálogo del mismo sello editorial: Mis modelos de conducta, de John Waters, en el que –con ciertos matices específicos y disímiles recursos para el escándalo– se puede observar el desarrollo del espíritu de la contracultura en su mutación epocal de los sesenta a los setenta. Tanto en la prosa de Mekas como en la de Waters, el pasado, las tradiciones, las instituciones y las buenas costumbres todavía son males de los cuales hay que liberarse, todavía existe un gesto modernista (para ser más rigurosos podríamos decir “neovanguardistas”) en la necesidad de desligarse de la producción precedente para forjar una idea que exprese el fulgor del arte por venir. Incluso aunque ese territorio sea imposible o simplemente no exista.

Entonces aquello que convoca al entusiasmo en estos textos es también lo que evidencia su carácter pretérito. Hoy parece no existir tal posición de esencia radicalidad, confrontativa e indomesticable en la práctica crítica. Por eso, más allá del furor de una genealogía de cierto tipo de cinefilia de trinchera, una pregunta justa sería: ¿qué vitalidad, que inscripción transformadora del propio presente puede hallarse aún en los escritos de Mekas? Vistos desde la perspectiva del cinismo reinante, estos textos tal vez hoy no escandalicen a nadie. En su carácter genealógico conllevan un aporte trascendental: el de la admiración ante las piezas museísticas.