Match 5

Cinco años después de Gigante, su debut internacionalmente premiado, Adrián Biniez regresa al cine con El 5 de talleres, una comedia costumbrista ambientada en el conurbano bonaerense sobre un jugador de la C que está a punto de retirarse. El director, afincado desde hace un tiempo en Montevideo, se tomó un tiempo para hablar sobre cine, fútbol y contarnos alguna que otra buena anécdota.

Hace mil millones de años, en el Festival de Cine de Mar del Plata de 2014, se presentó El 5 de Talleres en el Cine Colón, dentro de la competencia latinoamericana. Además de contar con la presencia del director y del protagonista masculino Esteban Lamothe, la proyección también fue acompañada por un pequeño y algarábico grupo de hinchas de Talleres de Remedios de Escalada. La producción de una película que gira en torno a un jugador de la C a punto de retirarse genera expectativa no solo entre los hinchas del albirrojo sino entre los del ascenso bonaerense general. Y es que si bien la televisión se ha interesado por este micromundo tan particular (recordar si no el paso de los hermanos Marquesi por All Boys en Son amores), siempre es una noticia cuando el cine se acerca, y más cuando quien dirige es un hijo de la zona.

Adrián Biniez –o Garza, como es más conocido– dirigió en 2009 su primera película, Gigante, con la que obtuvo, por ejemplo, el Oso de Plata en el Festival de Berlín, y ahora regresa con una comedia rápida, de mucho diálogo, puteada y ambientada en el conurbano bonaerense. La película ya tuvo cierta exposición internacional: “Los europeos se ríen, aunque no de las mismas cosas. En cambio, los brasileños no se rieron mucho; la vieron más como un drama”, analiza Biniez. Pero lo más divertido seguramente sea lo que ocurrió en el legendario Festival de Cine de Hof, en Alemania. “Es un festival en el que desde hace 40 años se juega un partido de fútbol entre los pueblerinos del lugar que trabajan para el festival y un equipo de directores y productores. Como uno de los coproductores de la película es alemán, y el dueño de la productora (que falleció el año pasado) siempre jugó con la 10, le querían hacer un homenaje y entonces llevamos la camiseta de Talleres. Es decir, el equipo de los productores y directores jugó con la camiseta de Talleres. El partido es completamente informal, pero se juega de verdad; juegan los dos equipos y después hay un tercer tiempo al que van solamente los que jugaron y toman birra y comen salchichas. El segundo máximo goleador de la historia de este evento es Herzog, que una vez hizo como cinco goles. También hay una foto de Fassbinder con uno de los equipos, pero es mentira porque nunca jugó: solo se puso la camiseta y posó para lo foto. Dicen que no lo ponían porque era de madera”.

 

El 5 de Talleresgana ahí donde muchas otras películas de fútbol fracasan: en hacer que las escenas futbolísticas se vean realistas, verosímiles. ¿Cómo lo consiguieron?

Cada caso fue distinto. Por ejemplo, contra El Porvenir filmamos en la cancha de Talleres un día que no había nadie. Como estaba todo en cámara lenta, más estilizado, no nos preocupamos tanto por el realismo, solo por conseguir las camisetas. Después hay un partido contra Excursionistas en su cancha, para el que teníamos extras, e hicimos jugar a los dos equipos un tiempo entero y filmamos. El que parece muy de verdad fue el último contra Dock Sud, el partido final, para el que tuvimos que hablar con la gente de Dock Sud y pedir permiso a AFA. Lo que hicimos fue duplicar las camisetas con las que iban a jugar ese día, y con los actores y los de agremiados empezamos a jugar antes del partido oficial. También pusimos a Lamothe y a otro actor, Alfonso Tort, adelante, en la salida del túnel de Talleres, para que salgan con el equipo principal. Entonces se me cuelan en las fotos, van a saludar a los de Dock Sud de verdad, y todo eso le da un realismo que si no hubiera sido imposible.

 

¿Y cómo hicieron la escena en la que el Patón es saludado por la hinchada?

Estábamos en el campo con Lamothe, y al lado estaba el Patón de verdad. Entonces le gritaban al otro y Lamothe saludaba. La verdad es que estuvo buenísimo filmar fútbol, pero no creo que lo haga nunca más en mi vida.

 

Leí por ahí que una de las cosas que más te interesaban de la película era contar la crisis de un tipo que está en tus antípodas: si bien tiene más o menos tu misma edad, se está retirando, mientras que vos estás comenzando.

Sí, ese era como el marco, la estructura de la película. Yo tenía un amigo que se llamaba igual que el protagonista, Sergio Bonassiole, y que fue capitán de Talleres. Jugó como diez años ahí, y también fumigaba, era un personaje que me interesaba investigar, al igual que mi barrio, mis amigos, la forma de relacionarse, ciertas cosas. Ese fue el marco. La otra pata de la película era la parte de la pareja. Quería mostrar un aspecto de una pareja que no fuera ni el principio ni el final ni el medio de una gran crisis, ningún tipo de cliché así.

 

Algo que me gustó mucho es que el trabajo con esa meseta emocional es lo que te permite apreciar algo que no se ve mucho en las películas, que es la pareja que funciona como equipo: cuando uno cae, el otro tiene que levantarse, y viceversa.

Sí, es exactamente eso. Además, el quilombo central de la película y su parte más crítica y triste es que un tipo deja de hacer algo que hizo por muchos años. Lo otro me parece que es para apuntalar hacia el otro lado, aunque no desde una cuestión naif o para hacer una película “feel good”, ni nada de eso, sino porque me resulta que las dinámicas con las parejas son así.

 

Contame algo de Néstor Guzzini. Su director técnico es uno de los grandes personajes de la película.

Con Néstor trabajé en todo lo que hice y es muy bueno, tiene muy buen timing. Su personaje tiene una mezcla de Juan Ramón Carrasco, obviamente de Caruso, porque ya físicamente no había forma de despegarlo, y de uno bastante olvidado que es el Profe Córdoba, un motivador nato y bastante ladri.

 

Si bien casi todas las reseñas que leí sobre la película fueron positivas, encontré alguna que otra que cuestiona que sea muy televisiva y/o costumbrista, algo que no suele decirse mucho, en realidad. ¿Tenés alguna opinión al respecto?

No sé… ¿qué es lo televisivo? ¿Qué es lo cinematográfico? Mi película anterior podría considerarse más “cinematográfica” porque casi no tiene diálogos, cuenta todo visualmente, pero por ahí eso no es lo cinematográfico, tampoco. No creo estar más cerca de una esencia del cine en esa película que en esta.

 

Bueno, a veces hay ciertos automatismos en la crítica. Como si antes tales características correspondieran unívocamente a ciertas evaluaciones, sin tener en cuenta el diferente tratamiento que puedan tener.

Sí, eso es como una cosa terrible de los críticos. Yo entiendo el miedo al costumbrismo, en este punto: hacés una historia estereotipada, con personajes, lugares, narración y diálogos estereotipados. Si tenés todo ese sistema junto, está claro que es un lugar común, es toda una estructura formal errónea e irreal, pero por otro lado no podés dejar de tratar ciertas cosas. Cuando yo empecé a escribir esto, “el costumbrismo” era también lo que tenía adelante y con lo que tenía que romper, y al mismo tiempo era el lugar donde tenía que hacer una inmersión súper profunda. Tenía que ser consciente e ir al fondo con todo. De lo que se trata, me parece, es de retrabajar con los materiales del realismo desde mi punto de vista. Y lo que me interesaba era mostrar el barrio donde había crecido de una manera real y alejada de todos los clichés posibles. Igual nunca pretendo que mis películas le gusten a todo el mundo. Es más, me gusta que a alguno no le gusten, y me gusta que a alguno no le gusten por ciertas cosas que yo sé que no le gustan. Y también hay gente a la que directamente quiero que no le gusten.