Mi próximo movimiento

Hoy se estrena la ópera prima de Adriano Salgado, ganadora de la Competencia Argentina y del Premio DAC al Mejor Director Argentino del 28° Festival de Cine de Mar del Plata. La utilidad de un revistero es una obra experimental y lúdica, un ejercicio cinematográfico a partir de una restricción: un mismo plano que dura toda la película. Hablamos con su director.

El trabajo con el espacio es muy particular, ¿cómo fue la planificación de la puesta en escena y cómo se relaciona con lo que cuenta la película?

Trabajamos una historia con libertad, pero espiada desde un único punto de vista, como aquel que lo mira todo desde el agujero de una cerradura y no tiene chance de acercarse ni de alejarse; por momentos se ve a los personajes y en otros no, pero con conciencia de cada uno de esos momentos. Creo que los sucesos cinematográficos también pueden construirse desde recursos menos explotados y también funcionan. Si bien el encuadre prácticamente no varía, muchas otras cosas sí. Intenté darle cierto movimiento a la luz, la escenografía, la utilería, el vestuario y el sonido. Y también creo que hay un movimiento en lo dramático. Creo que la película “se mueve” bastante. El guion y la puesta en escena han surgido en simultáneo. Se me haría imposible separar esos dos puntos. Intento que el guion justifique la puesta y viceversa.

 

¿Pensaste en algunas otras películas como referentes para hacer La utilidad de un revistero o en algunas otras disciplinas estéticas?

Hay una película mexicana de comienzos de los 90, La tarea, de Jaime Humberto Hermosillo. Había una serie de planos al comienzo, y a partir de un momento la cámara funcionaba como una cámara oculta. Esa película siempre me quedó dando vueltas, no tanto por su temática, sino porque me hizo comprender el valor que le daba yo al tiempo real. Sería muy extenso y me iría mucho de tema si me pusiera a contar todas las ventajas que encuentro (y que tiene)  el tiempo real del cine, pero esas virtudes las encontré en varias escenas de películas, en su mayor parte de Medio Oriente y Oriente. Hay involucradas otras disciplinas estéticas en la película, sí. El teatro, la pintura, la música, y por ahí intenta escaparse una ironía con el arte conceptual.

 

¿Cómo fue el trabajo con las actuaciones?

En mayor o menor medida, el cine suele ser un trabajo en equipo. Por las características de este proyecto, al ser un rodaje tan corto, el trabajo con el equipo técnico fue más reducido, no así el trabajo con las actrices.  Por cantidad de horas invertidas, digamos que el trabajo en equipo fue con ellas. Primero ensayábamos en mi casa. Y hacia el final hicimos algunos ensayos en la locación. El trabajo mayor fue ese, el de trabajar con ellas en los ensayos. Luego en el rodaje no había mucho para hacer con la actuación. El rodaje fue la instancia para mostrar lo realizado en los ensayos, pero no para hacer correcciones. Estoy muy conforme y agradecido por la entrega de las actrices al proyecto y con los resultados. 

 

¿Cómo fue el paso por el Festival de Mar del Plata?

Desde que me enteré de que la película estaba seleccionada para la Competencia Argentina, por un lado tuve una gran alegría, pero caer en la cuenta de que una película en la que se han tomado ciertos riesgos iba a ser exhibida para tanta gente fue también preocupante. Y más que temor a la respuesta del público, tuve temor a incomodar a alguno que se sensibilice con ciertas escenas incómodas, y además temí por la reacción de ciertos sectores de la crítica por la propuesta estética. Por suerte todo ha ido mejor de lo que esperaba: pudimos irnos con el premio oficial a la Mejor Película Argentina y el premio al Mejor Director Argentino en todas las competencias que otorga la DAC. Si bien los premios suelen tener algo de arbitrario y azaroso, sentirse reconocido es muy reconfortante, sobre todo para los operaprimistas, como es mi caso. 

 

¿Qué otros proyectos tenés?

Tengo varios guiones de largometraje anteriores y posteriores a La utilidad de un revistero. Y el dilema de si ir primero con los que necesitan de un productor y la ayuda del INCAA o si volver a intentar un proyecto de rodaje corto y económico, donde la libertad vuelva a ser protagonista. En cualquiera de los dos caminos, tengo ganas de volver a filmar.