Mirá quién habla

Tanto en Córdoba como en Buenos Aires se estrena El grillo, de Matías Herrera Córdoba. Luego del típico recorrido festivalero, su primera película de ficción llega a las salas. Hablamos con él sobre el traspaso del documental a la ficción, las influencias, la palabra, el teatro, el drama y el cine.

¿Cómo surgió la idea de hacer El grillo?

La película nació a partir de una experiencia propia: debía mudarme y, buscando alquiler, llamé a una arquitecta, Mónica Leunda. Ella me recibió en su casa toda apresurada antes de irse de viaje a Europa, me dio las llaves sin preguntar y me explicó un problema que tenía el picaporte. Cuando intenté frenarla para preguntarle cuánto tenía que pagar y para decirle que quería conocer mi habitación, ella me contestó: “¿Vos no hacés cine? ¿Qué me vas a pagar?”. Luego me dijo que iba a ser mi mecenas para que yo pudiera hacer una película. Y El grillo nació en ese contexto, en esa casa, que es la casa donde filmé, con un álter ego de Mónica, con ausencias personales y ajenas, en un clima en el que hablar de cine, teatro, arte y literatura era corriente.     

 

Antes estuviste dedicado al documental, ¿cómo fue hacer ficción por primera vez?

Hacer ficción me implicó exponerme. Exponer los deseos, las pasiones, los miedos. Con el documental (CriadaBuen pastorUna fuga de mujeres) yo retrataba a un tercero, eran historias que quería contar cinematográficamente. La ficción se volvió un autorretrato, más allá de que cada personaje tiene su historia. O al menos así viví la experiencia de El grillo

 

¿En qué películas pensaste cuando filmabas o ideabas El grillo? ¿Qué influencias tuviste?

Cuando filmo no pienso en otro film, salvo que quiera hacer un homenaje explícito, como fue el caso de la escena frente al espejo, un homenaje y referencia a Bergman. Soy parte de la productora de cine El Calefón y del cineclub La Quimera, espacios donde hablamos y vemos cine. Juan José Gorasurreta siempre nos dice que tenemos que ser insolentes, y me doy cuenta de que este es el tipo de cine que disfruto; un cine donde me pierdo como espectador, donde tengo posibilidades, y finalmente me voy bañado de ese film. Mis influencias principales pertenecen a películas como Locas margaritas, de Vera Chytilová, Cero en conducta, de Jean Vigó, y Persona, de Bergman.   

 

¿Cómo fue el recorrido por festivales y qué esperás del estreno en Buenos Aires?

Durante un año o un poquito más la película tuvo su recorrido por festivales. El grillo propone volver a la palabra, que los personajes hablen y mucho, que la palabra esté cargada de sentido, de tensión, jugar con la teatralidad del cine y viceversa, con el drama como género y el humor como salvación. Y estos desafíos se vuelven un hecho cuando un espectador dice si aquello está o no está. Vamos a hacer un estreno simultáneo en Córdoba y Buenos Aires, y esto nos mantiene expectantes.